Gotham. Mansión Wayne. Las 00:20. Alfred en la puerta de la cueva, con el cepillo, la fregona, el Cillit Bang, algunas bayetas y plumeros, y un montón de cepillos con unas formas rarísimas.
— Señor Wayne. No puedo retrasarlo más. No debemos retrasarlo más.
— ¡Pero es que estoy en medio de una partida! ¡Les estoy crujiendo! ¿No podemos dejarlo para mañana?
— Insisto señor; es absolutamente necesario. Mañana me lo agradecerá.
— Y ahora, ¿qué hago?
— Le sugiero que se dé una vuelta en el Lamborghini, señor. Una rodada de vez en cuando…
— Ya… Bueno, me iré al 24/7 (o al restaurante del hotel que compré antes de ayer) a pillarme helado de After Eight.
— ¿Menta y chocolate, señor? Pensaba en algo más umami…
— ¿Umami? Pero, ¿a ti qué te pasa, Alfred?
Bruce deja la mansión atrás, y por el retrovisor observa una bandada de murciélagos abandonando su guarida.

