Azul

La historia termina cuando, mirándose a los ojos, se dicen en silencio: «Te he querido, te he querido y te he deseado. Gracias por haberme habitado. Ahora, ni nos necesitamos ni nos apetecemos. Lo sabemos y lo aceptamos. El árbol más grande nace de una semilla bajo la tierra, pero nuestro origen clandestino brotó del aire, de la cara oculta de la rutina, de lo que pudo ser y fue —durante un suspiro. Nada permanece, hasta el más fuerte de los árboles cae. Adiós, sé feliz. Haré lo posible por olvidarte, y mi castigo será la certeza de que tú harás lo mismo».