Desde arriba, casi siempre, aunque a veces al mismo nivel de la masa que flota, ella domina su movimiento, ella dirige sus cuerpos y su estado de ánimo.

Las palabras son prácticamente innecesarias — recurre a sonidos divinos, los que solo pueden ser escuchados si son invocados y revelados en sus manos.

Hechiza el espacio y el tiempo, y los manipula a su antojo. La masa vibra, haciéndose eco del único discurso que ella, como representante, proclama.

El espíritu se eleva: almas renacidas, redescubiertas, liberadas, mas prisioneras de la música que ella teje, atrapadas en un trance, en un sueño inducido por ondas sonoras.

Es una médium de aquéllos. Pero aquí, en el mundo de los mortales, es lo más parecido a un líder.

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