No flipes, Clitem.

Hoy traigo la única trilogía griega que se conserva completa: La Orestíada, de Esquilo, escrita en el 458 a.C (hace 2484 años). Hay spoilers, pero no os impedirán disfrutar de esta obra maestra después, aunque leáis esta entrada. De hecho, ¡espero que alguien se decida a leer la trilogía después!

La Orestíada narra el final de la maldición de la familia de los Atridas, marcada por la violencia, el incesto y el asesinato, culminando con el juicio de Orestes, hijo de Agamenón. Cuando se trata de movidas familiares en la cultura clásica antigua, no pueden faltar las Erinias, encargadas de poner en su sitio a aquel que obra mal en contra de alguien de su propia sangre.

[foto entrada] Voy a detenerme en tres pasajes que me han llamado la atención, uno por cada tragedia. He usado ChatGPT, Google AI (al que he dado una buena dosis de insight para que la vaya repartiendo por ahí; lo leeréis) y varias fuentes de internet. No tengo ni idea de filología clásica, así que es probable que esta entrada suponga una abominación para los entendidos. Con todo el respeto por ellos y, por supuesto, por Esquilo —el puto amo—, aquí va.  

[Ζεύς]τὸν φρονεῖν βροτοὺς ὁδώ
σαντα, τὸν πάθει μάθος
θέντα κυρίως ἔχειν.
στάζει δ᾽ ἔν θ᾽ ὕπνῳ πρὸ καρδίας
μνησιπήμων πόνος: καὶ παρ᾽ ἄ-
κοντας ἦλθε σωφρονεῖν.

Esquilo, Agamenón (vv. 176-181)

[Zeus] puso a los mortales en el camino de la comprensión. De ello hizo ley: aprender a través del sufrimiento. En el sueño, el corazón se va cubriendo gota a gota por el dolor de un imborrable recuerdo amargo: así la sensatez alcanza también a quienes no la desean.

En concreto, para este pasaje, agradezco esta entrada de blog * y a sus comentarios por la información y el placer que me han proporcionado. Yo era una ignorante absoluta respecto a todo esto. Al parecer, Esquilo era un maestro para expresar un significado complejo con una combinación de un par de palabras.

Detengámonos en μνησιπήμων πόνος [mnēsipḗmōn pónos], literalmente «el dolor que hace que recuerdes». Es un dolor que acecha a la memoria, a los pensamientos, y ¡PUM! ¡Te los pone delante! No puedes escapar de ellos. Por tanto, estamos ante un dolor que no solo duele, sino que no se puede olvidar. Y por supuesto… es un proceso de retroalimentación: sientes pena, te acuerdas de eso que te produce la pena, y sientes más dolor todavía. Entre tanto drama y bajón, se obtiene algo positivo: aprendes. 

Esta expresión está fuertemente relacionada con el concepto de πάθει μάθος, [páthei máthos], aprender a través del sufrimiento —literalmente aprender sufriendo, uno de los temas centrales de Esquilo. 

Y para terminar con Agamenón, un regalito lingüístico, una curiosidad, un descubrimiento. Investigando en la AI otras combinaciones de palabras con un significado intrincado, similar a  mnēsipḗmōn pónos, apareció esta:  φρενοβλαβής [phrenoblabēs], algo que destroza la mente, un colapso mental y moral, no sólo emocional.

Como estoy con varios textos originales en griego y traducciones, no lograba encontrarla en mi texto de referencia, así que pregunté, y resulta que hay varios manuscritos para la misma obra, con algunas diferencias, algunos más populares que otros. En uno de los dos más habituales, encontramos phrenoblabēs y en el otro, para la misma línea, φρενῶν κεκομμένος [phrenōn kekommenos], que era la que aparecía en el texto que yo tenía. En común tienen el significado de la mente que está dañada, de manera que ha perdido la habilidad para razonar. La diferencia radica en que en la segunda, se incide en el hecho de un asalto violento. En nuestro caso, es Clitemnestra, afectada por la noticia o la información, no sólo incapacitada para razonar mentalmente con lógica: la información le supone un impacto físico. 

Veamos la expresión del verso 479 en su contexto (Esquilo, Agamenón, vv. 475-487). Clitemnestra está feliz y segura de que la ciudad de Troya ha caído —Agamenón ha ganado la guerra— por unos mensajes transmitidos a través del fuego de antorcha en antorcha hasta Argos. El Coro reprende esta actitud. 

¿Quién es tan infantil o tiene una mente tan trastornada
que se enardece por estos nuevos mensajes de la antorcha,
solo para llevarse un golpe cuando la historia es al final otra?

Después, le comenté lo siguiente a Google AI:

Efectivamente, phrenōn kekommenos y flipar tienen una gran similitud semántica: el hecho de ser golpeado o sorprendido por un shock, cierta información, algo que procede del exterior y que es nuevo para quien está flipando; alguien cuya capacidad de razonamiento parece inútil, no sabe cómo reaccionar ni cómo gestionar la información. 

Tampoco flipemos con la antorchita…
Que luego no es lo que habíamos pensado y nos da el bajón.

¡Ah! Y no nos olvidemos del dolor que hace que recordemos, ese concepto sí que es para flipar…

ἐφυμνῆσαι γένοιτό μοι πυκά-
εντ᾽ ὀλολυγμὸν ἀνδρὸς
θεινομένου, γυναικός τ᾽
ὀλλυμένας: τί γὰρ κεύθω φρενὸς οἷον ἔμπας
ποτᾶται; πάροιθεν δὲ πρῴρας
δριμὺς ἄηται κραδίας
θυμὸς ἔγκοτον στύγος.

Esquilo, Las Coéforas (vv. 386-393)

Dejadme alzar un grito de júbilo por un hombre, mientras es apuñalado, y por una mujer, mientras perece.
¿Y por qué debería ocultar lo que deseo en realidad?
En la proa de mi corazón
un agudo espíritu de ira
—un odio arraigado en lo más profundo—,
sopla ferozmente. 

Impresionante.

Para empezar, veamos quiénes son las coéforas. Son un grupo de mujeres esclavas encargadas de llevar libaciones a la tumba de Agamenón, acompañadas por Electra. Las libaciones son ofrendas líquidas, como vino —normalmente mezclado con agua—, miel, leche… 

Son las que representan al Coro en esta segunda obra, que al mismo tiempo transmiten los pensamientos y los sentimientos del héroe. Compartían con Orestes, el protagonista de la trilogía, el odio a la corrupta Casa de Argos.

¡¡RECAP!! Quería comentar que Agamenón había sacrificado a Ifigenia, es decir, a su hija —¡hermana de Orestes!—, para que tuviera suerte en la guerra de Troya. Como era de esperar este hecho a la Clitem no le sentó nada bien, y fue uno de los motivos por los que mató a su marido; puede que otro fuese que mientras estaba en la guerra le puso los cuernos con Egisto, que por cierto, era sobrino de su primer marido, Tántalo. 

Este detallito de Ifigenia no se menciona en Las Coéforas, aunque sí en Agamenón. Lo fuerte es que ni siquiera lo recuerdan sus propios hermanos, Orestes y Electra, que se limitan a rabiar por la muerte de su padre y la caída en desgracia de la casa de los Atridas. 

Orestes regresa a Micenas. Vuelve de la guerra después de muchos años dado por muerto. ¿Qué se encuentra? Su madre ha matado a su padre, la casa está en manos de un random que está liado con su madre… Menudo panorama. Orestes es todo ira. 

¿Qué es lo que pretende hacer? Matar a su propia madre, Clitemnestra, y también a su amante Egisto, ambos artífices del asesinato de su padre, Agamenón. 

Puede que por una parte se justifique la acción del héroe por los designios divinos —Apolo le ha instado en sueños a que vengue a su padre, aunque no necesita un gran empujón de Loxias para cargarse a su madre, precisamente… 

Se alude constantemente a la Justicia, y que estas muertes deben llevarse a cabo en su nombre—una justicia que Esquilo pretende poner a examen con esta trilogía ante la sociedad griega: ¿Esto del ojo por ojo nos sale a cuenta? ¿No habría que darle una vuelta? #unpoquitodeporfavor En la tercera parte, Las Euménides, hay monólogos que parecen breves pero precisos tratados de filosofía de la justicia. ¡Y todo esto es una obra de teatro! Mucho ha llovido desde entonces hasta estos días, días en los que David Mamet sostiene que el drama no está para dar lecciones de moralidad ni para enseñar nada… En casi 2500 años la sociedad ha cambiado un poquito, cierto es, y es probable que tenga razón; aunque dudo que aprendas más en Tinder que en el teatro —yo he aprendido mucho en Tinder, pero es que yo aprendo mucho en cualquier sitio [Mi nombre es Bob Esponja y estoy aquí custodiando El Crustáceo Crujiente – VÉASE entrada respecto a los auto-ejercicios de recuperación de la fricativa apicoalveolar sorda [s̺] ]

Sin embargo, a pesar de la rabia y las ganas de venganza, en lo más hondo de su ser hay algo que le frena. Está sufriendo una tormenta emocional. Ese barco lleno de ira no navega con viento a favor: es una lucha contra lo que Orestes presiente, o más bien, sabe: que sus acciones traerán consecuencias nefastas para él —de nuevo el exilio, y algo peor: demencia. 

Este dilema es uno de los ejes centrales de la trilogía. 

Al final de la obra se habla de una tormenta simbólica que desciende sobre la casa. La mente de Orestes empieza a sufrir los efectos de las Furias, y su phrēn (otra vez esa raíz) gira como un torbellino (mente, espíritu, corazón, intelecto ¡Oh! ¿«Frenopatía» no era «enfermedad mental»!? Bien sûr). 

Esquilo, probablemente, no inventó el positive thinking, pero fue el primero en ponerlo en un escenario. 

Antes de continuar, me gustaría comentar brevemente que el título de esta parte es un guiño, una ironía, ya que a las Furias o Erinias se las llamaba Euménides (Las benévolas), por temor a sus castigos. El coro protagonista en esta parte son precisamente ellas, las Erinias, deidades persecutoras del matricidio, un grupito de lo más encantador. Es espeluznante y magistral cómo las describe (Esquilo, Las Euménides, vv. 46-59).

Ha sido una gozada leer esta última parte. Como no estoy para comentar en general la obra, aunque mucho se podría decir de ella, y no quiero destriparla demasiado, directamente os dejo un par de versos cercanos en el texto que guardan relación y los comento.


καὶ μὴ πρόκαμνε τόνδε βουκολούμενος πόνον:
μολὼν δὲ Παλλάδος ποτὶ πτόλιν […]

(Esquilo, Las Euménides, vv. 78-79)

No te canses dándole vueltas a este pesar.

Esquilo se vale de un verbo relacionado con el ganado βουκολούμενος [boukoloumenos], un participio de βουκολεῖν [boukolein]: pastorear, cuidar de un rebaño. Sin embargo, aquí lo que se “cuida” no es un animal, sino el drama, la paranoia mental, el problema, el agobio… Ese que a veces nos negamos a soltar, a dejar ir, a que se escape, como si fuera una ovejita a la que hay que cuidar. En la traducción de David García Pérez (UNAM, 2021) lo he visto como rumiar, muy acertado, ya que aúna el concepto metafórico y el literal. De hecho, el verso completo lo traduce como «Y no te agobies rumiando este pesar». ¡Cómo no disfrutar de un clásico con traducciones así!

μέμνησο, μὴ φόβος σε νικάτω φρένας.

(Esquilo, Las Euménides, vv. 88)

Recuerda, que el miedo no venza a tu mente.

Otra vez he ido a dar con la palabrita phrenes… Prometo que no ha sido a posta… Por suerte, he vuelto a descubrir algo interesante.

En el sigo V a.C., los griegos no creían que el cerebro fuera el único centro del pensamiento. Phrenes se refiere al área del diafragma, pulmones, o el «corazón» del pecho. Esta zona tiene una función psicológica. Debido a que esta parte del cuerpo reacciona a emociones intensas —tu respiración varía si tienes miedo sientes angustia—, los griegos pensaba que era el verdadero hogar de la razón, el espíritu y la emoción.

Así que, cuando Apolo literalmente le dice «no dejes que el miedo conquiste a tu phrenes», se refiere al estado interno de Orestes —sus pensamientos racionales y su coraje emocional— que los griegos consideraban que estaba en el pecho más que en la cabeza.

En definitiva, Apolo intenta quitarle las paranoias mentales a Orestes, que deje darle vueltas al dolor, al peso emocional, al calvario que está experimentando, así como darle coraje para afrontar lo que viene por delante.

Recuerda, no te dejes vencer por el miedo… Y no te rayes.

Gracias por leer esta entrada. ¡Espero que la hayas disfrutado!