Anhelaba tantísimo que pudieras palpar con tus labios, probar con tus manos y ver con tu piel lo que llego a sentir cuando te tengo dentro.
Nunca prometí cualquier cosa por que ocurriera —sin contarme a mí misma—. Nunca pensé que dejaría de importarme.
Con mucho esfuerzo voy logrando no perderme entre tantos «nunca». De vez en cuando me sorprendo disfrutando de un instante ocurrido —sin ti—, como solía hacer.
Empiezo a ser capaz de verte desde la distancia. Ese umbral lo he cruzado sin querer percatarme de que no voy hacia ti… Pero como un niño que rechaza una cucharada, yo niego un sorbo del Lete; me resisto a que el olvido haga y deshaga. Desconozco cuántos umbrales me esperan hasta entonces. Tan solo una certeza: nunca te veré desde la indiferencia.
Mi siguiente entrada es una de las más importantes para mí, y eso que empezó como algo micro: tan solo la idea original, cuya voluptuosidad parece que he querido hundir entre algodoncitos y cojines —referencias mitológicas, explicaciones y otras gilipolleces. Supongo que lo necesitaba: contarme a mí misma lo que ha ocurrido y dejar constancia de mis avances.
Quería anotar esto aparte. También comentar por qué escribimos lo que escribimos forma parte del propio blog. Me parece interesante, no tanto por los lectores, que en mi caso sé que alguno hay, sino por los que escribimos.
Si le dedicamos algo de tiempo a pensar por qué hacemos lo que hacemos… quizá nuestro esfuerzo y energía nos aporten mucho más, y aprendamos a dejar de hacer lo que no nos conviene.
Y estaba un poco reticente a publicarla por fin, no sólo por el contenido de la entrada, en el sentido de que una vez publicada, no habría vuelta atrás a mis sentimientos. Además, le he conferido a toda esta historia un estatus que roza el misticismo, y que me he propuesto desmitificar. Escribir de ello me ayuda a conseguirlo.
Nadie sabe que respiro. Y, por eso, ¿voy a dejar de respirar? Nadie sabe que escribo. ¿Acaso dejaré de escribir por eso? Nadie sabe que amo. A pesar de eso, no voy a dejar de amar.
Revisando un bloc de notas para arrancar algunas hojas y coger apuntes en sucio, me encontré con este tesoro. No hay nada comparable a una nota escrita de tu puño y letra que te encuentra(s) meses o años más tarde para decirte: «¡Ey! Así eras, este era tu estado mental y emocional», y quizá apenas reconocerte en esas palabras y sorprenderte y reconciliarte contigo mismo.
Son escritos hechos con rapidez, aunque hay algunas líneas que están mejor escritas, depende de la prisa que tenía por plasmar las ideas…
Primavera 2025
(1)
No siento que haya perdido. estoy peor que antes, pero mejor, con menos «maquillaje». Este sitio me ha consumido.
Me hubiera gust
Que ya no me pones nerviosa
En otro lugar. Pero, ¿y si fuera este?
Agradecimiento «extraño», no para mí, pero sí pero lo convencional. Los sentimientos son algo muy particular, igual que la verdad.
(2)
¿Cómo puedo hacer esto y dormir tranquila por las noches?
Mirando (hacia arriba) por el hueco de la escalera, preguntándote, fantaseando con lo que está ocurriendo allá arriba, pero sin posibilidad de subir a comprobarlo ni siquiera permiso. Y al segundo siguiente (¿así?) sales a la calle – dejas el portal atrás y te vuelves a olvidar de ese edificio, de esa ventana, de mí, porque así son las cosas y así deben ser.
Nadie subirá esa escalera. Sólo es cuestión de tiempo, pero me ha gustado tanto volver a sentirme…
(3)
Hamamelis. Ámame «less».
Letting go feels fucking great.
(4)
Quiero dejar de sentirme como si no fuera suficiente.
¿QUÉ HE HECHO MAL?
Paloma en el alféizar de la ventana. De repente me percato que está ahí, e inmediatamente me quedo quieta y empiezo a moverme lentamente para no molestarla y que no se vaya por mi presencia. Pero se va. Y el susto por habérmela encontrado/haberme dado cuenta de que la he quitado de su sitio, me altera.
Me acuerdo del porqué de cada línea, pero cuando las encontré ayer fue como si las hubiera escrito en otra vida.
Llevamos mal no tener el control, y al tiempo no podemos manipularlo en absoluto, aunque nos mentimos con los relojes, las horas, los minutos, los segundos… incluso llegando a adjudicar carácter mágico a los números. ¡¿Que tendrán que ver las 11:11 con una flor que florece y se marchita?! Y sí, lo hace con tiempo, pero fuera del tiempo de mentira.
Si no sabemos cuándo empezamos y cuando acabamos… ¿cómo nos va a faltar tiempo?
Solo son dos ideas muy dispares y exiguamente desarrolladas, pero se puede observar que este tema da para mucho, y no sería una pérdida de tiempo… Aunque hoy quiero usar el mío para otras cosas… Mejor, os dejo con alguien que sí sabe hablar del Tiempo.
Mi tiempo no vale tanto; quien lo hizo no nos lo vendió.
Frase que le dijo en una ocasión Céleste Albaret, la gobernanta de Marcel Proust, al autor. Es parte del texto en la novela de Proust En busca del tiempo perdido «Por el camino de Swann», pág. 74, Alfaguara (2024). Esta información se encuentra en nota al pie de la traductora, Mercedes López-Ballesteros. (He citado en formato JIMENAPA 😄)
Debe estar conectado para enviar un comentario.