Hace muchos años tuve un amigo —uno que no quería nada más, lo que es raro— que, poniéndome el dedo índice en el chakra del tercer ojo, me espetó: «¡¡A ti, Jimena, hay que follarte por aquí!!». Sin reproches ni cachondeos.
Era un hecho.
Hoy en día creo que sigue siendo igual, pero quizá con menos intensidad, porque me apasionan muchas más cosas que antes, que no son necesariamente intelectuales, ni pasan porque me validen como mujer inteligente: lo seductor es que se den cuenta y no lo mencionen.
Además, ahora es absolutamente necesario que haya deseos de empotramiento —mejor sin golpes, que a mí me salen cardenales con nada—.
No es que un aspecto haya perdido interés para completarlo con otro. Esa segunda parte es nueva. Es la mujer de la que ha he hablado en alguna ocasión en la que me he convertido, que no sabía que podía ser.
¡¡Esta ha sido mi entrada número 100!! ¡Quién lo hubiera dicho! Vaya casualidad…


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