Esa frase es la que me moría de ganas de poder soltarle a Julio, si hubiese tenido la decencia de haber desparecido como un caballero, y no como lo hizo.
Porque fue la excusa que me puso para irse temprano de vuelta a su casa el día que quedamos.
Lo cierto es que es una buena costumbre: incluso te puedes dar un paseíto a última hora para que baje la cena y seguramente te vas a la cama con la digestión hecha.
Pero cómo coño voy a dar consejos que nadie quiere.
