Són certes les paraules que vam dir-nos,
certa la primavera del teu cos
i cert l’espill d’amor dels teus ulls negres.
Suau plovia sobre el bosc tendríssim
de pins i diminutes margarides.
Sols el silenci, sols nosaltres sols.
D’aquí a molts anys potser recordaràs
que algú, algun dia, et va estimar moltíssim.
I et pujarà a la gola una dolçor
com una immensa mel, com una música.
La mateixa dolçor que ara jo sento
recordant-te en la meva soledat.
Res no val tant com un instant d’amor.
Maig d’amor, Gerard Vergés. Copiado de A contraluz.
Son ciertas las palabras que nos dijimos,
cierta la primavera de tu cuerpo,
y cierto el espejo de amor de tus ojos negros.
Suave llovía sobre el bosque tiernísimo
de pinos y diminutas margaritas.
Sólo el silencio, sólo nosotros solos.
De aquí a unos años, quizás recordarás
que alguien, algún día, te amó muchísimo.
Y te subirá a la garganta una dulzura,
como una inmensa miel, como una música.
La misma dulzura que ahora yo siento
recordándote en mi soledad.
Nada vale tanto como un instante de amor.
CONTEXTO
He vuelto a ver la serie catalana Noche y día, y me alegra haberla disfrutado mucho más que la primera vez. Me ha pillado de otra manera. Intuyo una evolución; las dos veces han sido A.J. Sin embargo, me he puesto a llorar en varias ocasiones. Me siento bastante sensible estos días, como si imitara al cielo, salpicado de nubes más o menos grises, que llueve a ratos.
Nit i dia es una serie negra por el argumento, y bastante intensa en cuando a los temas. La muerte es el hilo conductor natural de los capítulos, que sirve de excusa para tratar la idea central de la serie: las luces y las sombras que nos habitan, nuestra noche y nuestro día.
Cada capítulo me ha impedido escapar de pensamientos que alguien llamaría sombríos. Soy consciente de que cada vez me acerco más a la muerte—como todos, a no ser que haya alguno por ahí que lo tenga montado de otra manera. La siento como parte de mí. Supongo que todo aquel que dedique un momento a pensar en estas cosas también puede llegar a sentirla dentro de sí.
No me regodeo en esos sentimientos que me acompañan —había escrito atormentan, y aunque hubiera continuado así el símil del cielo que llueve no sería tan preciso, no lo siento así. Como dice la canción de Fangoria «La sombra», sería más bien «una tortura que en el fondo me ayuda»—. Tampoco los rehúyo.
El poema que abre esta entrada lo podemos disfrutar recitado por el actor Josep Maria Pou, cuyo personaje encarna de forma brutal la naturaleza poliédrica del ser humano. El poema me revolvió por dentro, porque me hizo darme cuenta, o más bien, recordar una vez más, que yo ya dejé atrás mi primavera hace mucho y que, de hecho, ya estoy acabando mi verano, el cual ha sido, al igual que mi primavera, un desierto de soledad.
Aquellos días después de tirarme-a-la-piscina y con la experiencia tremenda del estado de WhatsApp, abrirme un blog no estaba en mi radar. Sin embargo, algo empezaba a querer salir, y tuve la necesidad de garabatear acerca del sabor metálico que nace en la boca del estómago y sube por la garganta. Ese que aparece cuando enciendes el móvil lo que estás esperando no llega, ni al día siguiente, ni al siguiente. Ese amargor oxidado acompañó la angustia de ver un globo desinflado en la terraza. No era un simple globo, era intuición arañándome las entrañas. Resulta que cuando te estás rompiendo por dentro, el hierro de tu sangre entra en contacto con el aire, tu saliva y tu piel generando cetonas y aldehídos, provocando esa sensación gustativa.
No creo que vaya a sentir miel subiéndome por la garganta, y no sé si he conocido un instante de amor. Si dudo, la respuesta probablemente sea no.
Y para terminar con las sensiblerías, dejaré una canción de un artista catalán que aparece en la serie: També soc jo, de Joan Dausà. La letra está en sintonía con la temática de la serie, es decir, la aceptación del caleidoscopio de nuestras facetas: las que dejamos ver siempre y las que solo mostramos a veces —ya sea con sencillez u orgullo—, las que intentamos ocultar, incluso a nosotros mismos… A pesar de no entender la letra, me cautivó, y busqué otras. Acaba de publicar un álbum nuevo. Com diria un altre: «Lo que le faltaba», porque escuchar este tipo de canciones me trae más lágrimas, aun sin saber el significado. Ahora ya he buscado alguno de ellos, y me siguen haciendo llorar: lloro como lo hacía cuando no sabía qué decían, y además por lo que ya sé que dicen.
Al menos, no salí corriendo.
Al menos, tuve el coraje de mirarlo cara a cara.
[Estas dos últimas frases eran lo último que había escrito. Eran la respuesta a una pregunta invisible: cómo me sentía por no haber tenido un instante de amor, lo que peleé por tenerlo, la desnudez con la que me asomé al abismo del vacío, aunque acabara llena de sabañones. He dejado la entrada en borrador. He seguido viendo la serie, y en el capítulo 12 de la segunda temporada, uno de los personajes dice literalmente «No puedo huir de ello, tengo que mirarlo cara a cara». En fin…]
