Me topé con esta frase en Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías. Aunque la idea no hubiera cristalizado como tal, es algo que tenía interiorizado. Yo he sentido la necesidad de dar las gracias por haber sido receptora de revelaciones (no siempre de forma deliberada o personalizada), expuestas con más o menos arte.
Creo que en ocasiones el hecho de contar o contarse sí merece un agradecimiento, porque implica depositar la confianza del que cuenta en el que escucha, siempre y cuando lo que se cuente sea verdad —o casi—, o bien que ambas partes sepan que es una invención. A veces no se espera ese «gracias», a veces ni el relato. Pero… ¡¿en cuántas ocasiones decimos «hubiera preferido seguir sin saberlo»?! Muy pocas. Nos pone saber.
Y si no nos quedamos esperando el aplauso, es porque quizá porque conocemos —o solo deseamos— el premio que vendrá después, una parte esencial de lo que significa estar vivos: dejar una huella en el tiempo, en el espacio y en las conciencias que transitamos.
Y aunque sólo nos escuchen o nos lean un minuto —que ya es un milagro hoy en día—, puede que sí, que acabemos siendo parte de esas conciencias, tiempos y espacios ajenos*. Y entonces, todos deberíamos estar agradecidos.
** De hecho, ya lo somos, pero bueno, dejémoslo así…

