Por todos los instantes nunca compartidos…
Anhelaba tantísimo que pudieras palpar con tus labios, probar con tus manos y ver con tu piel lo que llego a sentir cuando te tengo dentro.
Nunca prometí cualquier cosa por que ocurriera —sin contarme a mí misma—.
Nunca pensé que dejaría de importarme.
Con mucho esfuerzo voy logrando no perderme entre tantos «nunca».
De vez en cuando me sorprendo disfrutando de un instante ocurrido —sin ti—, como solía hacer.
Empiezo a ser capaz de verte desde la distancia.
Ese umbral lo he cruzado sin querer percatarme de que no voy hacia ti…
Pero como un niño que rechaza una cucharada, yo niego un sorbo del Lete;
me resisto a que el olvido haga y deshaga.
Desconozco cuántos umbrales me esperan hasta entonces.
Tan solo una certeza: nunca te veré desde la indiferencia.
