Se hicieron amigos de pequeños, y hasta ahora. Una mirada bastaba para entenderse, o al menos, así había sido siempre. Sin embargo, cada vez eran más frecuentes momentos de incomprensión, de aislamiento, de constatar que algo ha cambiado.
— Ya se cansará. — O no —le dice haciendo zoom con los dedos—. Toma, un wasap. Qué pena me das. — Jajaja. Así me distraigo… Sigue en pie lo del jueves, ¿verdad? —dice cambiando de tema, y dejando el audio para después—. Estoy en racha… — ¿Tiene la semana siete días?
Y entonces ve cómo su amigo de toda la vida deja de estar allí, para irse a espiar por la puerta entreabierta del salón de su casa y ver a sus padres bailando Los Panchos. Lo tiene claro, pero eso no le libra de una punzada en el pecho cuando vuelve a darse cuenta de que nunca volverá a verles bailar, ni hacer ninguna otra cosa juntos.
Él lo deja tranquilo. En unas horas —si no, menos—, aparecerá remando a brazo partido en la orilla de esa isla, la que emerge con la desilusión de la madurez, y le llevará a tierra firme.
Tengo la impresión de que no he desempeñado satisfactoriamente ninguno de los papeles que me correspondían como mujer. Quizá no he sabido o no he tenido opción. Podría echarle la culpa a eso que llaman destino. El caso es que no he sido la mejor amiga, ni amante, ni monja, ni puta, y tampoco una hija ejemplar, de las que se puede presumir. Diría que mi mejor papel ha sido el de «madre», de un modo u otro —y eso que nunca he querido serlo—. En cualquier caso, no hay más remedio que serlo de uno mismo.
A veces tengo momentos mentales de autocuidado, y me planteo cuáles son realmente los requisitos para desempeñar bien esos papeles, por qué debería yo cumplirlos, y para qué.
Otras, me engaño a mí misma y me invento soluciones para sentirme mejor, como por ejemplo, intentar equilibrar la balanza. ¿Cómo?
Me encantaría, aunque fuera de vez en cuando, poder diluir o hasta esconder lo que en principio me define como mujer —aunque sea una muy particular—, y conducirme de manera más pragmática aún. Hace años que intento usar la mano izquierda siempre que puedo o me acuerdo: es una interesante forma de expansión, de estimular elotro hemisferio, y resulta útil en el día a día.
En fin, podría dejar que ese pene invisible que ya se ha manifestado alguna vez tome el control más a menudo y dome esas tonterías que no me llevan a ningún sitio —bueno, sí, a sentirme mal—. Dicho más poéticamente: «Dar la mano al hombre que habita en mí» Jajajaja.
Me gusta ser lo que soy. Ni quiero ni puedo dejar de serlo. Pero en mi empeño por encontrar fuentes de autoflagelación, si considero mi aspecto exterior, también lo percibo como un fracaso. Por ejemplo, cuando me visto y me presento ahí fuera físicamente no paso desapercibida. Pero creo que llega tarde, y sobre todo, no sirve de nada (¿Qué significa esta frase? Ni puta idea). Por otra parte, siempre me han mirado (en un sentido amplio) hombres que no pueden —o no quieren— hacer algo al respecto. [Y entonces, pasa algo que, no es lo que cambie todo, pero me hace plantearme este párrafo de mierda insensateces; este texto lo llevo escribiendo varios días y han sucedido cosas que han requerido su edición, ¡pero lo de mirar estaba desde el principio!]
No solo de aire vive la mujer.
Sería maravilloso poder descartar fácilmente cualquier asunto y darle al NEXT en lo que dura un trayecto de ascensor. ¿Cómo no desear tener esa capacidad? (Esa, y otras). Despedida y cierre.
Qué curioso que la tesis de máster de cine y literatura que al final no hice iba camino de ser acerca de las figuras masculinas, especialmente la del padre, en las películas de Tim Burton. Yo no lo tenía muy claro. Cualquiera que haya pasado el suficiente tiempo en departamentos de las universidades sabe que al final acabas trabajando sobre lo que les da la gana a ellos. Dudo bastante que mi director de tesis intuyera algo respecto a mi no-relación paternal—en absoluto recuerdo haber discutido tales intimidades con él—. Sería casualidad. En cualquier caso, en aquel entonces no tenía el nivel de autoconocimiento que tengo ahora, y no me habría servido.
Este blog me ha ayudado muchísimo más que tres tesis.