Out of the blue

Buscando quién era un tal Andrew Lyndon, a quien Truman Capote dedicó uno de los mejores cuentos que hay en la antología Cuentos Completos, «Niños en sus cumpleaños», llegué a esta historia del sureño publicada en Esquire en 1975: «La Côte Basque». Pretendía ser la antesala a su esperada obra «Plegarias atendidas», y se desarrollaba íntegramente en un restaurante del mismo nombre. Bueno, ¿quién era Andrew Lyndon? Su amante, hubo cuernos, y ya ni me acuerdo por parte de quién; el caso es que teniendo en cuenta el cariz y el final del cuento de 1948, escrito por Capote con tan solo 24 años, no logré adivinar las intenciones de esa dedicatoria.

Pero ya había encontrado «La Côte Basque», y como necesitaba material del lectura, me puse con ella. Averigüé que como resultado de su publicación, Capote se convertiría en un paria social. Es mordaz, obscena, y no deja títere con cabeza criticando a la socialité de la época. Me cabreé porque habiendo leído otros trabajos suyos, me apenó ver cómo desperdiciaba su talento con este tipo de escritos. Y no es que esté mal escrito, au contraire, pero el genio está al servicio de lo escatológico, lo grosero, e incluso lo macabro.

Exactly. Lovely face. Divine photographed from the bazooms up. But the legs are strictly redwood forest. Absolute tree trunks. Anyway, we met her at the Widmarks’ and she was moving her eyes around and making all these little noises for Walter’s benefit, and I stood it as long as I could, but when I heard Walter say, ‘How old are you, Karen?’ I said: ‘For God’s sake, Walter, why don’t you chop off her legs and read the rings?’


[…] and while he lay there listening to her dress he reached down to finger (sic) himself, and it felt … it felt … he jumped up and snapped on the light. His whole paraphernalia had felt sticky and strange. As though it were covered with blood. As it was.

Tardé un par de horas largas en leérmela repartidas en dos ratos, con un mueca de desagrado que se me borraba de vez en cuando con alguna carcajada o un gritito callado.

Durante la primera media hora de lectura se me pasó algo por la cabeza: «¿Qué autora había estado investigando yo hace unos años, que me quedé colgando con ella?» No me vino el nombre. Imposible… La única conexión con el texto de Capote era que también la había estado leyendo en su lengua original.

Aprovecho para mencionar que, precisamente en el cuento «Niños en sus cumpleaños», ya encontramos ese tono soez que provocaba un carraspeo en otros personajes:

—Nací en China y me crie en Japón, aléjate de mi lata si no te gusta el melocotón, ¡o-jo, o-jo!

En fin, había dejado aparcado el asunto, seguía leyendo y… cuál es mi sorpresa cuando el narrador en primera persona menciona los tres libros preferidos de una de las protagonistas:

I remember once picking up a copy of what was, after the Bible and The Murder of Roger Ackroyd, Ina’s favorite book, Isak Dinesen’s Out of Africa; from between the pages fell a Polaroid picture of a swimmer standing at water’s edge, a wiry well-constructed man with a hairy chest and a twinkle-grinning tough-Jew face.

¡Isak Dinesen! Inmediatamente, me puse a buscar información. También publicó como Karen Blixen. Ella era ella. Lo que me llamó tantísimo la atención en su día fue Seven Gothic Tales. Y, por supuesto, había mucho material sobre Out of Africa/Memorias de África, novela en la que se basó la famosa película, y pensé al ver algún fotograma qué guapo era Robert Redford. Esto ocurrió la madrugada del lunes al martes.

El martes al medio día ya había terminado, con la conclusión de que lo que se hablaba en La Côte Basque flambearía cualquier plato. Después estuve buscando dónde podría volver a ver la película (Memorias…) online.

Y unas horas más tarde, salta la noticia del fallecimiento del actor Robert Redford. Que descanse en paz. No voy a detenerme en el asunto, no se trata de una entrada dedicada a él —sí, su labor fue encomiable, de eso no hay duda.

No sé por qué tuvo que pasárseme por la cabeza aquel vaguísimo recuerdo sobre unos cuentos que había estado leyendo por encima y que prometían, pero que dejé aparcados. Puede que la figura de esta autora, su idea, estuviera presente en un plano invisible, aproximándose, anticipándose a que su nombre estuviese en boca de muchos en este plano más visible, gracias a su novela. Podría decir que lo atrapé antes de que realmente estuviera ahí.

Después de haber relatado toda la historia, no me parece tan espectacular. ¿Podría considerarse uncanny? Por mi parte, espero que mi próxima pesca en las dimensiones exteriores no acabe en necrológica.

NOTAS AL PIE
Si queremos rizar el rizo, parece ser que el propio Truman Capote comentó sobre la novela: «Es uno de los libros más bellos de todo el siglo XX»». (pág. 23)

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