De estar trabajando por 4,7 putos euros la hora limpiando baños de bares-restaurantes de carretera, incluyendo restos orgánicos sanguinolentos de las paredes. 4, 7€/hora por eso, y por otras cosas.
De no saber qué día vas a librar (1 por cada 7, no flipemos) ni a qué hora entras al día siguiente.
De que te contagien una puta faringitis porque la gente va enferma a trabajar y, claro, solo te das cuenta cuando aparecen sin voz y con una conjuntivitis de espanto (y eso estando de cara al público), y acabas desarrollándola tú mismo una semana después cuando ya has dejado el puñetero trabajo, y tienes que estar con antibióticos, mucolítico, ibuprofeno, y los ganglios linfáticos en pie de guerra. Han pasado tres semanas y aún no estoy bien del todo.
De tener que estar persiguiendo a los de la ETT dos semanas después de dejar el trabajo para que te proporcionen los documentos que como trabajador tienes derecho a firmar y poseer.
Y la guinda del pastel: hasta la semana que viene (es decir, del 5 al 10 de mayo) no cobraré los días que trabajé en abril.
¿Trabajo? ASÍ, NO.
