El argentino se ha colado en el bus incorrecto en Madrid, pero no por su culpa, como bien ha explicado él mismo cuando en Albacete sobraba gente: el conductor me ha dejado pasar con mi billete. Ya me había percatado de su presencia antes. Me ha atraído. Estaba sorprendida porque hacía mucho que no me llamaba tanto la atención un chico, y además me ha parecido exótico, pero no sé por qué. Intuía que él también se había fijado en mí. También hacía mucho de que eso fuera mutuo. Como siempre, yo me he desentendido. Él iba un fila detrás en ventanilla, yo en pasillo, lo que significa que podía ver todo lo que yo estaba haciendo en el móvil, por ejemplo, editando entradas en el blog. Podría haber dejado un rato la portada del blog para darle algo de contexto, pero de estar absolutamente en seco a esa osadía hay un trecho demasiado grande. ¿Para qué? ¿Y si es un psicópata? Déjate de rollos… Intenta dormir.

Cuando se ha bajado en Murcia (yo seguía hasta Cartagena), ha pasado por mi lado yendo hacia la puerta de atrás. Confiaba en volver a verle una vez más, para deleitarme por lo menos. Entonces, él se ha girado hacia mí antes de empezar el descenso, me ha mirado fijamente y me ha dicho con los ojos lo que no ha podido decirme durante el trayecto, ese que hemos compartido tan cerca y tan lejos. Juraría que ha seguido mirándome mientras bajaba.

He logrado mantener la cara de póker que ya tenía —estaba flipando— y no sé si he llegado a sonreír con los ojos ante semejante despedida.

Y le he observado mientras se iba, colocándose la mochila (iba ligero de equipaje), deseando que le fuera bien. (Lo cierto es que no sé si iba o venía).

Hasta aquí, la parte «Qué bonica es la vida a veces».

Ahora toca «Me cagüen la madre que parió a ALSA». Porque estos señores han tenido la gran idea de hacerme ir a Cartagena para coger mi último autobús allí, y regresar a la estación de Murcia otra vez (y seguir hasta mi destino). Lo que significa que podría haberme ahorrado el trayecto Murcia-Cartagena-Murcia, la visita a la súper estación de buses de Cartagena (ironía) y algo de dinero. Y si me hubiera bajado allí quizá hubiera entablado conversación, y hubiera tenido otro final. O no. Porque quizá para él esa mirada ha sido despedida y cierre.