Después de un año preparándome para emprender un nuevo camino académico y profesional, hoy se han acabado las posibilidades que podrían habérmelo permitido. Sí, ahora sé bastante de prevención de riesgos laborales, pero no me dedicaré a eso. A pesar de haberlo intentado de muchas maneras y haber puesto mucha energía y entusiasmo en ello, una parte de mí nunca se lo creyó del todo, nunca confió en que saliera bien.
Lo que significa que muy probablemente vuelva a preparar Cambridge, et al.
Bueno, significa mucho más. Esa idea me ha acompañado desde que empecé el blog. Ahora tengo que encontrar una nueva manera de seguir. No creo que me apetezca pasarme por aquí en un tiempo.
Y esto, 48 horas después de haberme plantado en pelotas, como quien dice, aquí. No había ninguna necesidad. (La he puesto en privado).

3 respuestas a “So long”
Sea lo que sea, que lo encuentres y te encuentre.
Muchas gracias por haber comentado durante todo este tiempo, además con muy buena intención =) He estado manteniendo un perfil bajo este mes y supongo que seguiré así. El otro día me topé con un artículo debido a la búsqueda de la palabra del día del DRAE («chiclear»). El artículo sobre una región de México donde se dedicaban al chicle Me resultó súper interesante. Además, hacía tiempo tiempo que no me reía tanto (El Pifiar, El Agua Apestosa, La Mula Muerta… sólo para abrir boca). Y no pude evitar acordarme de ti y de tus universos de escritura. Puede que te resulte útil como inspiración para una posible «serie» de las tuyas… Por esos caminos estoy segura que habría muchos animales salvajes, sin contar lo que puede dar de sí la figura de la guisandera.
https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-16592014000200010
Curiosamente, un buen chicle siempre sirve para abrir (la) boca. Hace incontables eones había un kiosco mitiquísimo donde estas perlas de sabor, de marca absurdamente incognoscible, se convertían en un festival de sensaciones dentro de la boca. Maravilla de maravillas.
La idea de unos hombres viejos asidos a sus tradiciones, que de la resina al chicle y de ahí a la eternidad a través de las centurias, me parece sublime. La Mula Muerta, más que campamento, debería ser ciudad mitíquisima, preñada de tesoros únicos. Y qué decir de Punta Gorda… O qué no decir: los hombres mascando sus chicles, quedando boquiabiertos ante la inmensidad de esas efigies a mayor gloria de Punta Gorda… Qué épico, rediós.
Me alegra volver a leerte, que la sonrisa sea contigo.