
Esto lo escribí en noviembre del 24, y forma parte de la serie «Cómo perder la oportunidad de volver a ver al tío que más te ha gustado en la vida», se lo dedico a Sheila, de Testimonio de un Alma. Ella sabe por qué

Esto lo escribí en noviembre del 24, y forma parte de la serie «Cómo perder la oportunidad de volver a ver al tío que más te ha gustado en la vida», se lo dedico a Sheila, de Testimonio de un Alma. Ella sabe por qué

Este año he experimentado en varias ocasiones algo que nunca me había sucedido. En plena explosión emocional, en diversas situaciones y con audiencias totalmente opuestas, me han interrumpido con comentarios que nada tenían que ver con lo que (me) estaba sucediendo. Por ejemplo: «En ese restaurante se come muy bien» (Es una adaptación: prefiero no dejar inmortalizado aquel momento, y además esta versión viene a colación del texto).
Primero, te quedas como en “pausa”; sientes un frenazo de la locomotora, te caes del asiento, y te levantas por puro reflejo. Luego, puede que sueltes un bufido o que te rías a carcajadas. Me he convencido de que eso debe de pasar por algo, aparte de por elegir mal el momento y el interlocutor ;) (Hey! You live and learn, right?) Soy muy buena alumna, eso sí.
Aparte de un recordatorio de que hay que seguir echándole ovarios (más, más, ¿más?) me percaté de que hay otra faceta de mí que también sale ahí fuera, y la lía; o no, y pasará completamente inadvertida. Soy una persona creativa y últimamente me he sentido más inspirada. Primero por eso de las mariposas, y luego porque llevo muy mal no poder ser yo misma y tener que mostrarme a medio gas; e inconscientemente he sacado todo lo suprimido por otros canales, con más intensidad, y a modo de prueba (¿No quieres arroz? Toma dos tazas. Y si no…)
Cuando desarrollamos cualquier tipo de arte compartimos nuestras entrañas. Sacamos nuestras movidas más íntimas ahí fuera, a la intemperie. Claro que en ocasiones se inventan situaciones y personajes, pero somos nosotros quienes lo escribimos, lo pintamos, lo cantamos, quienes movemos los hilos… Y toda esa pasión, ese dolor, ese trabajo, y por último, la ilusión por compartirlos… seguramente pasarán desapercibidas. No tendrán ningún efecto en el exterior. Lo que probablemente ocurra es que la persona a la que le hayan llegado haga NEXT, e incluso se planteé si pide chino o pizza: otras movidas.
Pero eso no nos puede frenar. Yo me digo: «No te permitas negarte a ti misma». CREA, exprésate, haz lo que tengas que hacer, di lo que tengas que decir y siente lo que tengas que sentir.
Estoy aprendiendo a hacer alquimia, a dejar parte del drama para la página, para lo que creo y comparto (a veces). Y aunque me esté costando muchísimo, estoy aprendiendo algo muy necesario: a darle al next yo también, de vez en cuando. Aun así, y aunque haya intentado convencerme a veces de ello, me niego a vivir en un mundo en el que haya que venir llorado de casa (procuraré hacerlo a solas sin que me interrumpa nadie). Seguiré usando y transformando ese dolor para obtener algo bueno, hacerme mejor, conocer hasta dónde puedo llegar y lo que puedo sentir. Habrá momentos en los que no podré; entonces quizá, me pille comida para llevar.
JiJi (dic ‘24)
El póster es original de entonces. El pre-póster / pre-estado rezaba Me he puesto a escribir lo que pensaba sobre escribir y me he venido arriba. No esperéis algo a lo Jerry Maguire. (Lo sé porque así se llamaba el archivo descargado de Canva, y me he percatado de que tenía Maguire escrito mal: MacGuire, aunque creo que no llegué a subir ese pre-estado).
Ya ha pasado más de un año desde que escribí el texto (la versión original es de noviembre del 2024), desde que tuve la feliz idea de compartir el link de Google Drive por estado de WhatsApp, junto el póster, lo que me estuvo torturando durante semanas. Desazón. Dolor. Machaque. Catatonia. Fue subir este texto, y otro mucho más íntimo, lo que yo creí que tuvo consecuencias nefastas, lo que consideré (y a veces creo que aún considero) uno de los peores errores de mi vida (y que probablemente no lo sea tanto: mi vida ya es un puto desastre sin la ayuda de los estados de WhatsApp).
Afortunadamente, el momento del no-restaurante cada vez me queda más lejos en la memoria, y de hecho me he llegado a reír recordándolo (pobre Julio, sólo quería que me callara la puta boca… Y no, no se llama Julio, pero hay una historia ahí, cómo no).
Ese texto bisagra también lo publicaré dentro de la nueva categoría Recovery, llamada así porque es material recuperado de los confines tecnológicos de entre las diversas carpetas del portátil, la nube, etc.: cosas que tenía escritas desde hace tiempo desde una verdad y un corazón tan grandes y aparentemente poderosos, que he considerado sacar afuera por fin, en un foro muchísimo más adecuado, siendo más consciente de los motivos, y estando mucho más conforme con lo que hago.
Tuve mi época de querer llamarme JiJi. Me duró poco.

Llego tarde a la fiesta. Lo sé. Mi opinión importa un pimiento (o una 🍆 ;). También lo sé. En cualquier caso, quería manifestarme al respecto, con una opinión poco popular, para variar. Y no es mi mejor post, lo sé.
Qué manía con querer cambiar a los hombres. Son lo que son, quieren lo que quieren y hacen lo que hacen. A veces son unos brutos, a veces hay que defenderse, y a veces hay que pasar por el aro, como ellos a veces, pasan por los nuestros (y no me refiero a la vagina). No nos rasguemos las vestiduras.
Un fantasma recorre las calles de la urba: cualquier día nos entran en casa. Contratemos al mejor sistema de seguridad para que no se nos cuelen cuando estemos fuera, o dentro. Es peligroso. No nos fiemos. Porque es así como actúan, porque así son. ¿Qué te puedes esperar de esa gentuza?
En cambio, mi templo sagrado, mi cuerpo, lo dejaré en manos del hombre 2.0, el rediseño del deseo masculino, la post-ética, lo que debería ser aunque no sea —la definición de «esquizofrenia» es creer que ocurre una cosa diferente de la que está ocurriendo… Aunque, quién coño sabe que está pasando realmente. Porque esto se mira, pero no se toca. [Y mientras tanto, él… ¡¡SE DESCOJONA!!] No pueden desear lo que desean. Esta mal. No pertenece a la nueva humanidad. No es… ¿no?
Me gustan los tíos que no llevan desodorante ni colonia. Si quisiera follarme un bote de Axe, me ahorraría la suscripción a Tinder y muchas horas de mi vida. Lo tengo clarísimo: prefiero saber cómo huele el tío al que podría tirarme en algún momento —aunque seguramente nunca lo haga. ¡Pero al menos habré tenido la oportunidad de haber olido a un hombre! (Si es que lo era…). ¿No se supone que ese es el principio? (En mi caso, el principio del fin).
Creo que ellos y nosotras podemos formar un gran equipo. y de hecho a veces OCURRE. Por supuesto que hay cosas que no están bien, pero me temo que nos hemos pasado: vamos arrasando. Tanto empoderamiento, tanto endiosamiento… que les estamos haciendo a nuestra imagen y semejanza. Y este es sólo un apunte breve: de la misma manera que nosotras tuvimos que pasar por el quirófano, ellos han de pasar por el gimnasio y participar de esa orgía de músculos emasculados. No sé si es venganza, equilibrio o autoengaño. Is there a problem with a little bit of calesthenics? Por supuesto que no. Claro que me gusta un poquito de… pero con moderación, con sentido, con un propósito individual y propio ante todo.
Hay muchas cosas que yo no puedo hacer y me encantaría que un hombre me ayudara a hacerlas. Y no pasa nada porque haya cosas de chicas y cosas de chicos. Y aunque no estén todo el día echando la lagrimita, también tienen su corazoncito: no son todos unos violadores en potencia. (Qué pena no haber hecho una foto de aquel cartel en un edificio institucional, daba pavor).
Si alguna vez tengo novio y no le gusta que le llame así, y se refiera a mí como «su pareja» exclusivamente y nunca como su novia, dejará de ser mi novio. No soporto esa palabra, pareja. Pfff…
Perdón por esta perorata. Si esta entrada sirve para que volváis a ver Pactar con el diablo me daría por satisfecha ;)
A veces visitar un blog nuevo es como llegar a un bar de pueblo a las 4 de la tarde un día entre semana.
Te tomas algo, vas al baño, entras en calor, y reanudas la marcha.
En el ambiente, una sensación de What the fuck am I / are you doing here?




Hoy me veía bien y me he hecho unas selfies. Suelo fotografiar el reflejo en el espejo porque casi nunca me veo bien en las propias selfies. Estaba tan emocionada haciendo el tonto que no me he percatado de que el espejo estaba lleno de mierda.
¿Cuántas veces me veo reflejada en un espejo sucio? ¿Qué imagen tengo de mí? A partir de ahora, voy a limpiar el espejo todos los días. Me voy a regalar una visión más limpia de mi misma. En realidad, llevo ya un par de semanas interiorizando esa idea, pero hoy me he percatado de que la porquería real no me estaba ayudando, y el simple hecho de limpiarlo me va a acompañar en esta nueva forma de pensar.
(¡Esta es mi entrada 50!)
Nadie sabe que respiro. Y, por eso, ¿voy a dejar de respirar?
Nadie sabe que escribo. ¿Acaso dejaré de escribir por eso?
Nadie sabe que amo. A pesar de eso, no voy a dejar de amar.
He tardado en reaccionar. Soy consciente de ello. Cuando pasó debía ocuparme de otras cosas (esto no es más que un pasatiempo, ¿no?) Es más, seguí como si no hubiera pasado nada.
Eso de seguir como si no hubiera pasado nada y quedarse con cara de alelada puede convertirse en un fuerte hábito e instalarse en tu modo de ser. Se crea un halo invisible pero reconocible, palpable.
Hace algún tiempo me pasó algo parecido, aunque el foro era completamente diferente. Pero veo que da igual. Entonces no me respetaba lo suficiente, creía que no me merecía ciertas cosas, que tenía que pedir perdón por haber actuado con demasiado entusiasmo. La inseguridad no me dejó ver las cosas claras. Sólo acertaba a explicarlo de una manera: yo había hecho algo mal. A pesar de ser algo muy importante para mí en aquel momento, me quedé ahí, como una estúpida, sin preguntar «¿Qué cojones ha pasado?». Al menos en esta ocasión que relato hoy, llegué a manifestarme de alguna manera cuando ocurrió, aunque no sirvió de nada, como explico más adelante.
Recientemente he decidido dejar de ser una víctima de cualquier tipo. Mi tolerancia al abuso, aun en su más mínimo grado, se está agotando, aunque el término es excesivo para este episodio: «recochineo» o «falta de respeto» serían más adecuados.
¿Por qué alguien te propondría algo sin querer que suceda realmente?
Si a mí me dicen algo parecido a «Tenemos que hablar», yo entiendo que hay una disposición hacia la comunicación —y eso que esas tres palabras son bastante mal recibidas por lo que habitualmente suponen—. Pero supongamos que no hay nada delicado que discutir: deberíamos considerarlo como una invitación a compartir cierta información, en principio.
Tras considerarlo unos instantes, no vi descabellado iniciar esa comunicación, tomar la iniciativa, realizar algún tipo de acto lingüístico por el medio que fuera. Mandé un email, sólo una frase en el asunto, cuerpo vacío. No obtuve respuesta o reacción de ningún tipo. Vacío. Cuando expresé mi desconcierto —me repruebo haberlo hecho con cierta guasa y calificando el acto como simbólico, subestimándome así a mí misma— respondiendo a ese comentario de Tenemos que hablar, me devolvió aún más vacío.
[Lo que no sabéis, ni él tampoco, es que yo había escrito un email con bastante texto unos días antes, que no había sido entregado porque me equivoqué de dirección de correo electrónico: las hacker-hadas siempre intentan ayudarme. Decidí cancelar. Ese Tenemos que hablar hizo que volviera a replantearme la comunicación.]
Paralelamente se desarrolló otra conversación que acabó literalmente con «No leas [eso]. Haz algo útil con tu vida. Eso que ya estás haciendo». ¿No quieres paternalismo? Toma dos tazas. ¿Con eso que ya estaba haciendo se refería a hacer el gilipollas?
¿Acaso consideró que necesitaba una lección disfrazada de cierta pseudo-condescendencia o tan solo se trata de puro vacileo gratuito?
¿Es que todo es una pose? ¿Qué hay de verdad ahí fuera?
Encima, sospecho que algún comentario mío varias semanas antes fue eliminado. Aquellos días no tenía bandwidth para dedicarle a esas tonterías, aunque precisamente eran mi única vía de escape, y por eso la voz que me decía: «Jimena, deja de hacer el subnormal de una puta vez, hostias» no la escuché. Reconozco que soy muy lenta en determinados procesos. Me tomo mi tiempo, degusto cual buqué un desaire. ¡Que hace dos días le he dado un like a una entrada! Porque me gustó y porque escribe bien. Me falta algo o alguien que me grite: «¡Se están cachondeando de ti! ¡Estás haciendo el candao!» (Tomad variedad lingüística geográfica).
Quizá pensó que debía aprender que en el mundo hay círculos exclusivos y delimitados para ciertos tipos de personas especiales —donde quieren que te asomes y que les des eso imprescindible para que sigan vivos, pero… this is members only. Creo que eso ya lo sabía, y nunca podría ni he querido pertenecer a esos cogollitos. Prefiero quedarme en esta parte del mundo, más prosaica, más vulgar, menos cool, menos chic: en las antípodas de la société cultural de la capital. Desconozco si su modo de preceder se debe a la adscripción a tales grupos o es innato a su persona. Me da igual.
Hay muchas cosas que no sé, otras que sí, y otras que sé antes incluso de percatarme de que las sé, aunque las quiera obviar. Luego están las que no se aprenden, se saben por instinto. Posiblemente haya habido algo de eso.
Pienso que doy demasiadas oportunidades y no veo el bombardeo de señales, o no las quiero ver. En el fondo de todo esto está el respeto a mí misma, o más bien, la falta de él. Por tanto, el verdadero objetivo es actuar respetándome siempre. Puede que así, por la magia del espejo, deje de tener que enfrentarme a esas «faltas de respeto» ajenas.
Ya dijo Esquilo que se aprende sufriendo. Ahora que ya he asistido a unas cuantas clases de «Cómo reaccionar al vacileo 101» y «Respétate de una puta vez 101», estoy experimentando cambios, y esta entrada es una muestra.
Ver otro continente desde el bus para ir a uno de mis sitios favoritos es algo que se sale de lo habitual, en términos generales. No he podido evitar que lo sea —un sitio especial— a pesar de que para mí estos viajes tienen un regustillo a peregrinación, o de visita al cementerio… Podría ir en coche, es un trayecto asombroso que he llegado a disfrutar —hay demasiado puto coche.

Me hace pensar en mi posición actual de persona en el mundo, pequeña, con sus cosas… Me doy cuenta de que ahí enfrente, la Directiva Máquinas, el ideal griego o mi forma de desenvolverme en el mundo son papel mojado. Realmente, no hace falta irse a otro continente. Solo con mirar a la ventana de enfrente, a las parejas de los áticos por encima y por debajo, doblando las sábanas después de diez días de lluvia, pero rápido que nos toca cerveza, y soltar algún «Qué pena de terraza, ¡cómo la tienen!» ocasional. Es un fastidio vivir en comunidad, sobre todo si te gusta que las cosas estén de una determinada manera. A todo el mundo le gustan las cosas de una determinada manera, y hace lo posible para que eso no cambie… Siempre ha sido así.
…

Manteniendo el statu quo *.
Algo que me pone de muy mala hostia es esa frasecita
que cada vez es más habitual en los muros de las ciudades:
«Los muralistas no pintamos grafiti».
¿No se dan cuenta que si no fuera por el malvado grafiti,
ellos seguramente no estarían dejando su impronta subvencionada?
* Statu quo se pronuncia [estátu-kuó] 🤯
…

La globalización es una mentira que nos hemos contado, que nos viene bien. No negaré que ver a una chica de Tanzania observando el interior del frigorífico esperando una revelación del Oráculo de Delfos me recuerda lo que nos une, pero hay otros mundos, y justo en el sitio donde resido conviven a diario.
…

Todos a una, a la fuerza.
—¿Dónde quedamos?
—En los globos.
.
Es probable que para la supervivencia en estos tiempos de mierda sea más importante conocer qué les pasa a los venezolanos que saber por qué un sobaco huele más fuerte que el otro. Aprovecho para compartir mi teoría no validada por ningún ente artificial ni humano: las diferentes actividades de los órganos y glándulas producen diversos productos de desecho y toxinas en el organismo, y tendemos a usar un hemisferio cerebral más que el otro (a veces, ni eso). Seguramente sea la axila contraria.
…

…
A mí eso de la supervivencia ya me viene de fábrica, es algo más atávico que social. Así me va. Prefiero curiosear cómo somos, cómo funcionan las cosas, de qué somos capaces para lograr alquimia, hacer magia, y que algo ahí fuera cambie. Y eso también podría ser comunidad. Pero qué difícil…
…

Debe estar conectado para enviar un comentario.