No éramos Joel y Idabel. No bastaba con ir llorados de casa, no; ni siquiera podíamos decir que a veces lloramos (pero no se lo digas a nadie). Aunque lo hice, a base de bien, y sin derecho a réplica —a darte un tortazo porque habías visto que era exactamente lo que parecía ser*. Ya no puedo recordar mi peso sostenido por ti, cuando descendíamos hacía el arroyo, y es como si nunca hubiera ocurrido. No sé si quiero dejarlo todo atrás; me resisto a abandonar el jardín, porque allí podrías encontrarme, mientras yo me pierdo. En un sendero nunca transitado, se pueden empezar las cosas de nuevo. Pero no somos Joel y Idabel.
Quiero ser la persona que no necesita ser otra persona para que a ti te interese, para que tú la quieras.
Puede que ya lo sea, aunque no pueda verlo.
Quiero ser la persona que no necesita otra oportunidad, porque la oportunidad se la da ella misma.
Porque me lo merezco.
(*) Si alguien pilla esta referencia, le doy un Sugus (no va a ser todo literatura americana fina).
Hoy me ha sonado en la reproducción aleatoria la canción Welcome to the DCC, de Nothing But Thieves, unas siete veces. Eso me da que pensar. ¿Qué dice esta canción que debería atender? Repasando la letra, y aunque sea en efecto una canción sobre un lugar distópico, y sean precisamente esas mensaje lo que el régimen de turno quiera implantar a los habitantes de ese mundo de mierda, en definitiva, se trata de que puedes hacer que algo pase si crees en ello. Y esa teoría, o enfoque astrológico, es lo que justo acabo de descubrir en una web de mano de una chica que me ha fascinado (la chica, y la web). Sólo hace un par de días que di con ella, pero ese cambio de pensamiento, esa práctica mental, parece que, mágicamente, ha atraído a su vez un refuerzo de la propia teoría en forma de letra de canción, aunque, repito, en la canción sea una crítica de un posible lugar distópico (bueno, posible lugar distópico, más bien probable lugar conocido ya) en el que publicitan un lugar mejor a ese, un lugar al alcance de la mano, o más bien, de la mente. (Deconstruyendo porque me sale de ahí).
Ya que podemos pensar lo que nos dé la gana… Mientras intentamos salir de esta lo mejor que podemos, ¿qué hay de malo en pensar en que nos gustaría algo mejor y darle un poco de forma?
Me niego a pensar que esto sólo es un paseo por un río infesto en el que las únicas palabras que lo abarcan todo sean «The horror, the horror».
Más sobre el soñar y crear, en esta entrada anterior.
Creo que la astrología es sólo otra forma de explicar esto que estamos haciendo aquí, que no deja de ser una manera de estar entretenido; como se suele decir, choose your poison: religión, astrología, política, deportes… (Este argumento tan bien explicadito me hubiera venido bien hace un año, para no parecer alguien que tiene cosas que ocultar, y no buenas precisamente)
Lilith es un «punto entre la Tierra y el punto más alejado de la órbita lunar alrededor de la misma». El signo en el que cae Lilith en tu carta natal, así como la casa, aportan algo más, y te ayudan a desenvolverte según esta forma de ver la vida. Según la corriente o los atrólogos que sigas, van a adoptar una postura más feminista o sicológica o de otro tipo…
Lilith no tiene un regente oficial, aunque muchos astrólogos sugieren a Escorpio como su reina, dada su asociación con el sexo, la muerte y otros tabúes. Aquí se siente en casa, bendiciéndote con amplificados poderes de seducción, vista para los negocios y conexión psíquica. (Original)
Podría hablar del primer poder… pero mejor no. Del segundo, matizaría que no es vista para los negocios; es más bien estar pendiente de un montón de cosas, de ver los fallos, y saber elegir, pero de negocios, nanay. Y lo último, sí, es cierto, y desarrollándose cada vez más.
Respecto a las implicaciones de tenerla en casa 11, me resuenan sólo algunas cosas, como siempre: gran dificultad para encajar dentro de los grupos sociales —sí, soy peculiar. Y no me valoro lo suficiente, por tanto vibro de tal manera que atraigo situaciones que demuestran que no lo soy. Lo que puede aportar un enfoque más psicológico de la astrología son afirmaciones que una persona con la Luna Negra en casa 11 podría repetirse para ayudarla efectivamente en el día a día, en su vida real, y no quedarse en una lectura de cómo eres (¡ya sabemos cómo somos! Aunque a veces que te lo digan puede ser útil).
Aunque sea diferente, soy suficiente, y tan valiosa como los demás.
En mis relaciones, permanezco fiel a mí misma y promuevo la autenticidad en los otros. Mis conexiones sociales se basan en la confianza, honestidad y respeto mutuo.
Atraigo a personas que aprecian mi genuina naturaleza y que, a cambio, muestran su verdadero ser. (Original)
Quién no querría tener en todo lo alto a alguien como la Lilith de la canción de Mastodonte, saber que te habita, que te fortalece, que eres capaz de todo, y que encima puedes inspirar a los demás. Lilith – Mastodonte
Ese texto es de nov. ’24. No tendría que haberlo compartido entonces. Malos entendidos. O estaba haciendo experimentos y poniendo a prueba. O simplemente me estaba reafirmando, coño. Ahora lo recupero sintiéndome más fuerte, añadiendo la firmante.
Porque hay algo dentro de mí que no quiere morirse, que quiere experimentar, salir ahí fuera, manifestarse; algo que me grita, que me empuja, que no me deja en paz; algo que siente que tiene pleno derecho de existencia a pesar de haberse sentido abrumado y perseguido y puteado. Ni la vida ni el mundo es blanco o negro, todo es gris con algunas pinceladas (o explosiones, aunque de esas no he visto muchas) de color. A mí me gustan las cosas bonitas, pero lo que más me gusta son las cosas de verdad.
Llevo ya casi un mes sin ver la TV (i.e.: películas o series, que es lo que veía). En la mayoría de los servicios de streaming apenas termina una película ya te están sugiriendo que empieces otra, sin darte unos segundos —ya no digo minutos, para que aprehendas lo que acababas de ver. Eso me molesta. Nos lo meten todo con calzador, sin hacer la digestión, sin reflexión. De hecho, en la última con la que me pasó, una clave importante de la historia aparecía en los últimos segundos, y estaba tapada por los banners con las otras películas sugeridas (era Una obra maestra, está en Prime Video).
Está en cierta manera relacionado con lo que leía en este post de La Frikitiva. El “YA, YA, YA” que nos está rodeando, y por el que algunos ya gritan “AY, AY, AY”.
Porque cada chat es una promesa o una expectativa que no se cumple. Y si se cumple, igual tampoco era para tanto.
Cada notificación, cada vibración fantasma en el bolsillo, cada “solo un capítulo más” en Netflix está diseñado para tenerte enganchado.
En mi caso, no tengo ese problema, pero reconozco que si vives en esta dimensión, estás expuesto en mayor o menor medida.
Y hablando de títulos de crédito, con la lectura de Acción de gracias, es inevitable pensar en la muerte. Bueno, llevo mucho tiempo pensando en ella. Forman parte inalienable de mi personalidad explorar, saber, investigar, observar… Y pensaba que cuando me muera, en el momento en que deje de tener conciencia en este plano, no voy a estar ahí para mirar qué le pasará a mi cuerpo. No voy a poder acompañar ese proceso, la bata de científica se la tendrán que colgar otros. Y en ese momento, recuperé una idea que ya había considerado, pero que no sé por qué no llegó a cristalizar (y si lo hizo, no me acuerdo) —supongo que no estaba preparada para palmarla. En cuanto esté establecida administrativamente de nuevo, me pondré en contacto con la Universidad para donar mi cuerpo. Si yo no voy a poder enterarme de nada más, que al menos sirva de guía o de ayuda para que alguien investigue y aprenda.
Me gustaría hacer un par de cosas antes, todo sea dicho…
(Imagen destacada: Un cuadro del despacho de Pearl Foster en La Maison [appleTV])
Recuerdo la emoción que sentí la primera vez que salí de ese supermercado al anochecer, al ver el cielo cubierto de rosa y tenues rastros amarillos. Hay pocas imágenes capaces de reconfortarme de esa manera. Ésta suele apoyarse en una sensación ambiental específica, una que te indica que el calor del día se ha doblegado, es un anuncio de «alto el fuego» —de duración indeterminada—, tras el que se establecerán los términos de la tregua, y se dará permiso a que llegue la noche. Observarlo un año después en otro establecimiento de la misma cadena —en otras coordenadas; el detallito del paraguas a lo Mary Poppins no es casual… Continuará—me recordó que, con más o menos matices, todo se repite.
Estoy leyendo Acción de Gracias por segunda vez, justo un año después. Y no a propósito; de hecho, ese libro pensaba regalarlo porque, para qué leerlo otra vez. Ni siquiera tenía claro cuándo había sido, tuve que mirar la fecha de compra de Amazon —días convulsos aquellos, no me extraña que me lo leyera como por encima, aunque de algunas cosas me acuerdo. Esta segunda lectura está siendo más concienzuda que aquella; en cualquier caso, siempre somos otros quienes volvemos a leer los mismos libros. Después de leer un par de bolsillo de novela negra española (apenas me duraron 48 horas cada uno; llevo tres semanas sin ver la TV, otro de los cambios recientes) necesitaba algo más contundente, y Richard Ford es bastante contundente. Me está entreteniendo y me está haciendo pensar, más de lo que me gustaría, pero aun así…
— ¿Qué has aprendido siendo agente inmobiliario? — Tiendo a no fiarme de la gente, en cualquier cosa. Y con eso hago que la gente se comporte con total libertad. Si se confía de manera innecesaria en la gente, todo el mundo incurre en cierta obligación. No juzgar es mucho más fácil. Cuando no pensaba que aquel tío fuera a volver [uno que le había prometido volver con un cheque como señal para la compra de una casa], no es que no creyera en la verdad de sus palabras. Sencillamente me niego a hacer que la gente cargue con una responsabilidad añadida porque esté poco segura de sus intenciones. Necesitar que le crean a uno es una carga demasiado grande.
Ya tengo el rabillo del ojo puesto en el debut de Capote, que no es que empezara muy light, precisamente…
Edit: Resulta que a Acción de Gracias ya lo había paseado por estas latitud y longitud (φ y λ), durante mi primera lectura. Ni me acordaba. Ha sido al llegar a una parte específica del libro, ya en el último tercio, cuando me he recordado deteniéndome el en los mismos párrafos que hoy. El recuerdo es algo extraño.
No sé de qué manera y hasta cuándo voy a seguir volviendo.
El caso es que mis vías hasta ese lugar siguen abiertas; en otra dimensión, de otra manera, y me llevan allí. Y no hago nada por bloquearlas, por eliminarlas.
Y aparecen señales, luces que marcan lugares, conexiones. (Todo está conectado sin echarle mucha cuenta, imaginaos si le ponemos un poco de ¿GANAS?… O quizá sea eso que llaman ¿ENERGÍA? También me ha pasado con Capote y la triscaidecafobia… Ojalá pudiera hablar de esto con Rodrigo Cortés – esto es una referencia Luces Rojas, pero dejo el rollo, que aparentemente desvarío: ¿APOFENIA?).
El peaje es alto: saber más de algo que tendría que empezar a olvidar.
Y me pregunto cómo he podido escoger tal libro que me ha llevado a… una vez más; y el libro es largo, y cuando creo que me he librado de esas cinco letras, PUM, aparecen a 40 páginas del final.
En realidad, nunca tuve la licencia para surcar estos mares. Supongo que es lo único en lo que me permito saltarme las normas. Pasarlo mal no está bien, pero, bah. Y qué le voy a hacer, si mi vibración desde hace mucho tiempo es un canto de sirena que, a falta de marinero, atrae mensajes en botellas, recuerdos de la costa y restos de mi propio naufragio.
Llevan un tiempo diciendo que podemos cambiar el mundo con nuestros pensamientos. Llamarlo manifestar o llamarlo equis es indiferente: lo más probable es que el exterior no cambie en absoluto —aunque a veces lo hace; es precisamente esa mínima posibilidad la que puede atraparnos en una dimensión mental —en la que algunos nos encanta perdernos— para acabar mezclando mortero con diferentes proporciones de «Y sí…», «Tú puedes», «Ha sido una señal», «Ni de coña», así como otras mentiras, mimitos y bofetadas con las que nos entretenemos.
Ocurra lo que ocurra ahí fuera, nosotros ya no seremos los mismos, ni en lo físico ni en lo espiritual. Y, quizá, sea algo bueno.
Cuando verbalizamos por escrito o con nuestra voz, (casi) siempre lo hemos pensado antes. Y aunque no acabemos expresándolo para que otros puedan recibirlo… ahí estará el pensamiento. (¿Pensamos siempre con palabras? Este es otro tema contundente. Ahí lo dejo).
Al pensar, creamos un escenario al que reaccionamos físicamente, como si de verdad estuviera ya ante nosotros. Una sonrisa, morderse los labios, cierto brillo en los ojos, un súbito cambio de postura ante un golpe producido por algo intangible… nos recuerdan que lo gaseoso puede volverse muy sólido en un instante. A veces, eso con lo que soñamos, coqueteamos, luchamos o de lo que huimos, nos empuja a hacer cosas diferentes, imprevistas, desconcertantes. Quizá salgamos corriendo, nos tiremos a la piscina, nos sintamos invencibles o lo peor del mundo.
Siendo conscientes de la oportunidad que se nos brinda y de la responsabilidad que encierra, ¿diremos alegremente «Que me quiten lo pensao»? No solo responderemos por nuestros actos, sino por nuestros pensamientos e incluso por nuestros deseos, porque ya existen; y nos acompañan, nos habitan, nos cambian… Somos todos ellos.
Es difícil para alguien que escribe plantearse esa cuestión sin ser indulgente: «Me servirá de inspiración», «¡Qué pedazo de escena he creado en el duermevela —y no hay manera de recordarla!», «Puedo hacer algo bonito con esto» … Soy yo la que debo decidir si merece la pena ese sacrificio de tiempo, energía o, lo más importante, autoestima y autocuidado. Sin saber si será un desperdicio o una transformación, ¿querré vivir ese sueño? O, visto desde otra perspectiva, ¿me deleitaré reviviendo la misma pesadilla una y otra vez?
«Manisfest» fue la Palabra del Año del Diccionario Cambridge en 2024. No estoy en absoluto de acuerdo con lo que dice el psicólogo en ese artículo. Si nos hemos enfermado, ya sea física o espiritualmente, ya sea causado por nosotros mismos (la mayoría de las veces es así) o no, también nos podemos curar. Parece que no nos libramos del pecado original, que somos impuros y merecedores de castigos.
* Siendo rigurosa, el paso del estado gaseoso al sólido sin pasar por el líquido se llama sublimación inversa, pero «sublimación inversa onírica» no quedaba muy bien ;)
«And to think that I wanted to clean posh toilets for a living,» says the one who wrote the commentary above.
¿Que cómo llegué a este poema? Buscando información sobre un edificio antiguo de Algeciras (el González-Gaggero) que se cae a pedazos (¿y qué no?), del cual he sentido la amenaza por riesgo de desprendimientos durante semanas… Tres meses después se han dignado a poner una malla en la fachada. Curiosamente, este tema también me está tocando cada vez más de cerca; llevo comprobando que eso de que todo está conectado va a resultar que es verdad, y con bastante intensidad estos últimos meses. En cualquier caso, no sé cómo pasé del edificio en los late 1920s al poema.
Estuve buscando información y AIuda para desgranar cada estrofa, cada línea. Me costó especialmente la segunda estrofa y la frase entre guiones; no era capaz de conectar sujetos con verbos… Pero lo conseguí… Y vaya tela. Sentí que el Universo me estaba vacilando una vez más, porque esa segunda estrofa es un resumen de una parte (una capa) de mi estancia en Algeciras.
Cuando empecé a trabajar en el poema pensaba que seguiría en la ciudad. Ahora que sé que me voy definitivamente, me he dado cuenta de que estoy escribiendo con muchas más ganas, y este análisis es sólo un ejemplo.
Alguien me dijo: «Tú has venido a Algeciras por algo». Dejando a un lado la opción más prosaica (Hacienda), supongo que tenía razón, y quiero pensar que sé la respuesta.
Ha sido un purgatorio. Ha sido una putada. Pero no me cambiaría por la persona que llegó aquí.
Debe estar conectado para enviar un comentario.