¿Cómo puede ser tan absolutamente asfixiante algo que no ocupa espacio?
Escribí esto un mal día, uno de esos que no querrías haber tenido. Volverán.
He tenido que redefinir tanto una situación… que la persona que era cuando empecé a enfrentarme a ella ha cambiado, y casi no me puedo creer que haya sucedido todo esto y de que esté sobreviviendo.
No se trata de lo que es justo, se trata de lo que hay. Y sin darme cuenta me he ido haciendo más fuerte, aunque me apena tener que haberme endurecido a fuerza de hostias, de desplantes, de decepciones. Día a día, tengo que ir ajustando, añadiendo nuevos recuerdos para no sufrir más de lo necesario.
Al principio lo pasaba fatal por tener que dejar de ser yo misma para poder sobrellevarlo. Hoy me doy cuenta de que ese duelo ha acabado. Solo en ciertas ocasiones, en un lugar seguro, en un momento adecuado, sé que puedo soltar el escudo y la careta. Quizá eso sea la felicidad.
La sombra de lo que no soy, de lo que no hay, es capaz de oscurecer lo que sí soy, lo que sí existe: todas esas batallas ganadas que no se cuentan en los periódicos, porque no interesan a nadie, y a veces ni a mí misma.
Y, sin embargo, no me cambio por nadie. He tenido mucha suerte de poder vivirme, aunque esté siendo un infierno casi todo el tiempo.
Me gustaría toparme con algunas razones, con nuevos comienzos, con inesperadas respuestas. Pero de momento, esto es lo que hay.
27 de julio de 2025 (primer post – borrado hace unos días) 7 de septiembre de 2025 (revisión de la historia, borrada y recuperada: no quiero ser la persona que piensa así / No caí entonces: ayer la peli FRACTURE me recordó esta edición, y me he decidido a re-publicarlo definitivamente, tras la lectura del último post de Sheila)
Por cierto, al final siempre acabamos llegando a un lugar que ni nos habíamos planteado —puede que hasta mejor—, por nuestros propios medios, y sin esas personas que hemos idealizado acompañándonos.
En vez de estar buscando trabajo (aunque no serviría de mucho) o haciendo otra cosa supuestamente útil por mi vida, o rallándome y hundiéndome en la más absoluta miseria pensando en la mierda de vida que tengo, he decidido dedicarle un tiempo a este post que, afortunadamente, volvió a saltar en mi reader; un post al que le di un Me gusta rápido, pensando… «Oh, ya lo volveré a leer después», como cuando tenemos una de esas ideas de escritura que pavimentan el camino al Pulitzer y que nunca apuntamos porque seguro que nos acordamos. Esta vez lo dejé en las pestañas del navegador. Además, lo estoy leyendo en la web principal, como a mí me gusta leer los blogs: como sus dueños los diseñaron, ya que forma parte del tono de los textos y del alma del escritor. Qué gran post. Es tremendo.
Aún siendo filóloga, habiendo analizado un porrón de textos —el últimocasi inauguró el blog—, y supuestamente habiendo adquirido la expertise para hacerlo correctamente, hay veces que aunque el texto me provoque una intensa emoción, a la hora de expresarlo, parezco retrasada perdida . También me pasa cuando estoy/me relaciono con alguien que me gusta, y vaya si recuerdo cómo me fue la última vez… En mi defensa diré que hablar sobre sentimientos ajenos es algo más complicado que sobre los míos.
Ahora, me permito decir lo que pienso con el 99% de las personas de este mundo (ese 1% incluye al que menciono agotadoramente en el blog, aun sin nombrarlo). Seguramente, también parezca retrasada. En cualquier caso, me he decidido a compartir estas incoherencias contigo (y con el resto del mundo).
Este texto es una preciosidad… y plagado de imágenes excelentes, que invitan a leerlo una y otra vez, para toparte con un guiño que habías pasado por alto mientras asimilabas otras sensaciones compartidas con honestidad y maestría. Escribes muy bien, CatBallou. Solo se puede escribir así cuando se ama la vida y lo que la rodea, bueno y malo. Y solo cuando te comprendes —y perdonas, o al menos, haces todo lo posible por hacerlo— a ti misma.
Cómo me ha gustado lo de «esto luego dolerá precioso»…. A mí me ha pasado, y eso que nunca ha habido reciprocidad… El dolor puede ser muy exclusivo. La manera en la que nos engañamos a nosotros mismos nunca deja de sorprenderme.
Siento envidia, porque me gustaría poder estar liberada de los bloqueos, reales e imaginarios, propios y ajenos, con los que me enfrento cada día a “mi vida”… para así escribir mejor. No es una excusa. Lo desearía con todas mis fuerzas, y sufro por no poder llegar ahí. Por otra parte, apenas he amado. No he tenido la oportunidad. Y sé que la ficción podría ayudarme, pero es que me da tanta rabia que lo único que vaya a tener en mi vida sea de mentira, que no me lanzo a escribir más sobre lo que sé que podría sentir… o hacer.
Nosotras lo seguimos haciendo, o lo intentamos, cada una por su lado, como se puede y cuando se tienen ganas. Eso, sí, con una buena banda sonora, de esas que, por un segundo, te convierten en un ser casi invencible, casi feliz.