No éramos Joel y Idabel. No bastaba con ir llorados de casa, no; ni siquiera podíamos decir que a veces lloramos (pero no se lo digas a nadie). Aunque lo hice, a base de bien, y sin derecho a réplica —a darte un tortazo porque habías visto que era exactamente lo que parecía ser*. Ya no puedo recordar mi peso sostenido por ti, cuando descendíamos hacía el arroyo, y es como si nunca hubiera ocurrido. No sé si quiero dejarlo todo atrás; me resisto a abandonar el jardín, porque allí podrías encontrarme, mientras yo me pierdo. En un sendero nunca transitado, se pueden empezar las cosas de nuevo. Pero no somos Joel y Idabel.
Quiero ser la persona que no necesita ser otra persona para que a ti te interese, para que tú la quieras.
Puede que ya lo sea, aunque no pueda verlo.
Quiero ser la persona que no necesita otra oportunidad, porque la oportunidad se la da ella misma.
Porque me lo merezco.
(*) Si alguien pilla esta referencia, le doy un Sugus (no va a ser todo literatura americana fina).
La historia termina cuando, mirándose a los ojos, se dicen en silencio: «Te he querido, te he querido y te he deseado. Gracias por haberme habitado. Ahora, ni nos necesitamos ni nos apetecemos. Lo sabemos y lo aceptamos. El árbol más grande nace de una semilla bajo la tierra, pero nuestro origen clandestino brotó del aire, de la cara oculta de la rutina, de lo que pudo ser y fue —durante un suspiro. Nada permanece, hasta el más fuerte de los árboles cae. Adiós, sé feliz. Haré lo posible por olvidarte, y mi castigo será la certeza de que tú harás lo mismo».
Hoy me ha sonado en la reproducción aleatoria la canción Welcome to the DCC, de Nothing But Thieves, unas siete veces. Eso me da que pensar. ¿Qué dice esta canción que debería atender? Repasando la letra, y aunque sea en efecto una canción sobre un lugar distópico, y sean precisamente esas mensaje lo que el régimen de turno quiera implantar a los habitantes de ese mundo de mierda, en definitiva, se trata de que puedes hacer que algo pase si crees en ello. Y esa teoría, o enfoque astrológico, es lo que justo acabo de descubrir en una web de mano de una chica que me ha fascinado (la chica, y la web). Sólo hace un par de días que di con ella, pero ese cambio de pensamiento, esa práctica mental, parece que, mágicamente, ha atraído a su vez un refuerzo de la propia teoría en forma de letra de canción, aunque, repito, en la canción sea una crítica de un posible lugar distópico (bueno, posible lugar distópico, más bien probable lugar conocido ya) en el que publicitan un lugar mejor a ese, un lugar al alcance de la mano, o más bien, de la mente. (Deconstruyendo porque me sale de ahí).
Ya que podemos pensar lo que nos dé la gana… Mientras intentamos salir de esta lo mejor que podemos, ¿qué hay de malo en pensar en que nos gustaría algo mejor y darle un poco de forma?
Me niego a pensar que esto sólo es un paseo por un río infesto en el que las únicas palabras que lo abarcan todo sean «The horror, the horror».
Más sobre el soñar y crear, en esta entrada anterior.
Recupero esto de la memoria, ya que lo borré todo hace meses, porque me parecía una bazofia, y no sabía dónde ponerlo (y aún así, en mal lugar lo puse…). Recupero la idea y algunas palabras. Ahora no me parece una bazofia (aunque puede que lo sea) y ahora sí tengo sitio donde meterlo. En cualquier caso, creo que lo he mejorado: estoy mucho más satisfecha con el resultado.
Tres personajes atrapados de forma muy diferente.
Uno
Una vista imponente acompañaba sus desayunos cada mañana. Ella parecía ser parte del bufet —más bien de la decoración. Quería agradarle. Estaba allí para ello. Aun así, cualquier muestra de atención o cuidado eran recibidos con desprecio o desinterés. ¿Por qué la había traído hasta allí? El Malenka la había dejado en esa isla tres meses atrás, con la promesa de una vida mejor. Durante la travesía, no paraba de repetirse lo afortunada que era: le habían ofrecido renunciar a su broma de vida atrás y empezar una de verdad, una que mereciera la pena. Sin embargo, ese barco era el último sitio en el que se había sentido feliz. Cada vez que tenía la oportunidad, se escapaba al embarcadero y paseaba por la cubierta mientras el mozo se encargaba del mantenimiento. ¿Cuándo podría volver a sentir la brisa su piel, allí donde no se veía, en medio del mar? Y quizás, así, podría volver a soñar con otra vida, y volver a empezar…
(flojete)
Dos
—Hoy tengo lío en la oficina. Resérvame a partir de la una —le dijo apoyándose en el quicio de la puerta con los tacones en la mano. Mientras se alejaba, se replegó contra el cabecero, y se preguntó cómo podría haber sucumbido a esa mujer, precisamente él, que se ganaba la vida visitando camas ajenas como un espíritu carnal al que habían invocado moviendo la yema de los dedos, en una pantalla de móvil. Estrictamente negocios. Se tapó la cara con la almohada para ahogar un inaudible bufido de rabia y deleite… Pero, ¿¡qué hora era!? Debía ir duchándose si no quería encontrarse una vez más con Velma en la cocina, juzgándole en silencio; aunque hacía un café que despertaba a los muertos —negro, con cuerpo, dulzón—, y lo necesitaba. Y también necesitaba volver esa noche.
(se deja leer)
Tres
No sabíamos si se acercaba la mañana o el anochecer, tal era la luz en el cielo. Y la playa nos acogía con su arena húmeda y fría. —Es curioso, siempre se me olvida si llegamos a ir a ese sitio. ¿Cómo se llamaba? —Yo tampoco recuerdo si al final lo visitamos. Se llamaba… Estaba en costa este. Vayamos mañana. —Volvamos mañana… —Y todo volverá a ser como antes. —Hace frío. No recordaba este lugar tan… Las olas, con su efecto sedante, borraba todo recuerdo, bueno y malo, dejando exclusivamente ese preciso momento, para vivirlo allí y entonces. —¡Buenos días, Arturo! ¡Uy! Esta habitación está helada. ¿Y esta ventana? ¡¿Pero quién ha dejado esto abierto?! ¡Mercedes! La del turno de noche, que está todo el día con el móvil… ¡Me va a oír!
Allí estaba. Como si no hubiera pasado el tiempo, como si le hubiera visto ayer, aunque con otros ojos. Él se percató de su presencia, y tras fruncir momentáneamente el ceño, su mirada reveló una enorme alegría al verla de nuevo, de forma tan inesperada. Sin embargo, cambió el gesto inmediatamente y sintió que se ajustaba de nuevo a su ser, uno que desconocía. Avanzó hacia ella entre los grupitos de artistas, críticos y gente que simplemente tenía mucho dinero y no sabía cómo gastarlo. —¡Hola! ¿Qué haces aquí? —Eso me pregunto yo también. —Me alegro de verte. ¿Has venido sola? —Con un amigo. —(Pero podría dejarle aquí mismo si tú me pidieras que saliéramos ahora)— ¿Y tú? En ese momento, apareció una chica atlética y enérgica, guapa, esquiva, con un vestido de cóctel que parecía valer veinte dólares, aunque en realidad costase veinte veces más. Una espectro verde paralizó a Sebas. Au revoir, ravie de t’avoir vu… Y en otra aparición, como sintiéndose retado, Finn vino volando, de un indeterminado lugar, rodeó por la cintura a Dela y espetó: —Salut! —Y dirigiéndose a Dela, pero solo de palabra, pues sus ojos recorrían de arriba a abajo a aquel hombre sin nombre— ¿Es que no vas a presentarnos? —No creo que sean necesarias las presentaciones, nosotros ya nos íbamos —dijo aquella presencia verdosa que contaminaba el aire. —Vaya, vaya, veo que aún estás amaestrándolo. Deberías atarle más en corto. Dela fulminó a Finn con la mirada, casi por costumbre. —Siempre he pensando que a estos eventos se venía para comprar, vender (¿o era venderse?). En cualquier caso, hay piezas de la colección privada que nos encanta sacar a pasear de vez en cuando, ¿verdad? ¡Buenas noches! Sintiéndose molesta por algo, aunque sin saber muy bien por qué, la dueña de Sebas se enderezó en una pose que remarcaba sus músculos, imagen que no aportaba mucha feminidad al conjunto. Él, inmóvil, logró esbozar una sonrisa, y junto con su mirada, pretendió enviar un mensaje: «Lo siento muchísimo. Ojalá nos volvamos a ver, pronto, muy pronto». Volvieron sobre sus talones en un movimiento que bien podría haber sido entrenado, sujetó a Sebas con el otro brazo y se dirigieron a la salida con paso firme, mientras se despedían discretamente de algunos grupos.
—Si no me gustaran tanto los rabos, me casaría contigo —e hizo el ademán de hincar la rodilla en el suelo, elevando el vaso como si le ofreciera un anillo de compromiso. —Me temo que a ti te gustan los rabos por los dos. —Era inevitable que se sintiera retada a diario ante algún comentario soez por parte de su amigo. Aun así, en su fuero interno sabía que era lo más tierno que presenciaría esa noche. —Casi, querida, casi… —dijo con una obscena mueca en los labios buscando con la mirada el trasero de Sebas que se perdía entre la gente con dirección a la puerta, del brazo de su ama, aún sin el chip puesto.
De repente, Dela sintió una necesidad irrefrenable de salir de allí. Puede que necesitara aire fresco, o simplemente volver al mundo real. Lo que sí sabía es que si escuchaba la palabra «Harvard» una vez más, empezaría a gritar como una loca. También sabía que aquel encuentro se convertiría en otro episodio que la acompañaría, que tendría que superar y olvidar. Lo sucedido no podría des-suceder.
Creo que la astrología es sólo otra forma de explicar esto que estamos haciendo aquí, que no deja de ser una manera de estar entretenido; como se suele decir, choose your poison: religión, astrología, política, deportes… (Este argumento tan bien explicadito me hubiera venido bien hace un año, para no parecer alguien que tiene cosas que ocultar, y no buenas precisamente)
Lilith es un «punto entre la Tierra y el punto más alejado de la órbita lunar alrededor de la misma». El signo en el que cae Lilith en tu carta natal, así como la casa, aportan algo más, y te ayudan a desenvolverte según esta forma de ver la vida. Según la corriente o los atrólogos que sigas, van a adoptar una postura más feminista o sicológica o de otro tipo…
Lilith no tiene un regente oficial, aunque muchos astrólogos sugieren a Escorpio como su reina, dada su asociación con el sexo, la muerte y otros tabúes. Aquí se siente en casa, bendiciéndote con amplificados poderes de seducción, vista para los negocios y conexión psíquica. (Original)
Podría hablar del primer poder… pero mejor no. Del segundo, matizaría que no es vista para los negocios; es más bien estar pendiente de un montón de cosas, de ver los fallos, y saber elegir, pero de negocios, nanay. Y lo último, sí, es cierto, y desarrollándose cada vez más.
Respecto a las implicaciones de tenerla en casa 11, me resuenan sólo algunas cosas, como siempre: gran dificultad para encajar dentro de los grupos sociales —sí, soy peculiar. Y no me valoro lo suficiente, por tanto vibro de tal manera que atraigo situaciones que demuestran que no lo soy. Lo que puede aportar un enfoque más psicológico de la astrología son afirmaciones que una persona con la Luna Negra en casa 11 podría repetirse para ayudarla efectivamente en el día a día, en su vida real, y no quedarse en una lectura de cómo eres (¡ya sabemos cómo somos! Aunque a veces que te lo digan puede ser útil).
Aunque sea diferente, soy suficiente, y tan valiosa como los demás.
En mis relaciones, permanezco fiel a mí misma y promuevo la autenticidad en los otros. Mis conexiones sociales se basan en la confianza, honestidad y respeto mutuo.
Atraigo a personas que aprecian mi genuina naturaleza y que, a cambio, muestran su verdadero ser. (Original)
Quién no querría tener en todo lo alto a alguien como la Lilith de la canción de Mastodonte, saber que te habita, que te fortalece, que eres capaz de todo, y que encima puedes inspirar a los demás. Lilith – Mastodonte
Ese texto es de nov. ’24. No tendría que haberlo compartido entonces. Malos entendidos. O estaba haciendo experimentos y poniendo a prueba. O simplemente me estaba reafirmando, coño. Ahora lo recupero sintiéndome más fuerte, añadiendo la firmante.
Gotham. Mansión Wayne. Las 00:20. Alfred en la puerta de la cueva, con el cepillo, la fregona, el Cillit Bang, algunas bayetas y plumeros, y un montón de cepillos con unas formas rarísimas.
— Señor Wayne. No puedo retrasarlo más. No debemos retrasarlo más.
— ¡Pero es que estoy en medio de una partida! ¡Les estoy crujiendo! ¿No podemos dejarlo para mañana?
— Insisto señor; es absolutamente necesario. Mañana me lo agradecerá.
— Y ahora, ¿qué hago?
— Le sugiero que se dé una vuelta en el Lamborghini, señor. Una rodada de vez en cuando…
— Ya… Bueno, me iré al 24/7 (o al restaurante del hotel que compré antes de ayer) a pillarme helado de After Eight.
— ¿Menta y chocolate, señor? Pensaba en algo más umami…
— ¿Umami? Pero, ¿a ti qué te pasa, Alfred?
Bruce deja la mansión atrás, y por el retrovisor observa una bandada de murciélagos abandonando su guarida.