Ir directamente al contenido

INTENSITA SPAIN

  • sobre el blog
  • archivo
  • Érase una vez la vida (en Saltburn)

    29/05/2026

    Mientras estudiaba sobre extinción de incendios, he descubierto algo que me ha resultado fascinante. Lo cuento mientras me doy una vuelta por Saltburn.

    Hoy en día hay tres variedades principales para extinción por gases inertes: IG-100 (de nitrógeno), IG-55 (de argón/nitrógeno 50-50) y IG-541, que enseguida designé como la versión gourmet (aunque su nombre comercial es INERGEN): 52% de nitrógeno, 40% de argón y 8% de CO₂. Esa cantidad de CO₂ me tenía un poco inquieta. Quería saber a qué obedecía porque, aunque el CO₂ es muy eficaz como agente extintor, también es muy nocivo para las personas.

    Antes, una pequeña nota previa sobre el tetraedro del fuego, al lado del la réplica del laberinto: para que haya fuego necesitamos combustible, comburente, energía/calor y reacción en cadena. Esta es la generación de sucesivas combustiones: en otras palabras, la reacción reducción/oxidación una y otra y otra vez…

    Los gases inertes actúan por sofocación, es decir, reducen el comburente, que es el agente oxidante en la reacción REDOX. En la combustión, que es la reacción de oxidación-reducción una y otra vez, el agente oxidante, roba o gana electrones, es decir: se reduce —en la sala siguiente explico qué es eso de reducirse—. El comburente más común es el oxígeno presente en el aire.

    ¿Cómo sofoca el fuego?

    Pongamos que estamos en una sala de Saltburn donde se exponen todos los cuadros de los antepasados de los Catton, y queremos protegerlos de un posible incendio originado en una de las múltiples fiestas que allí se hacen.

    El INERGEN no lo encontramos en forma de extintores de mano, sino como parte de un sistema fijo contra incendios, y se aloja en grandes bombonas, lo que supone un eye-sore para Saltburn 😅Estos sistemas están diseñados para fábricas e instalaciones.

    Alguien ha dejado caer un cigarrillo encendido en una cheslón. Le echaremos la culpa a la pobre Pamela. Humo por todas partes, más y más calor…

    Pero si activamos el sistema de extinción de incendios por gases, sofocamos y eliminamos el oxígeno. Por tanto, no se puede producir la oxidación del agente reductor o combustible. En otras palabras, para que pierdan o cedan unos cuantos electrones esos átomos de carbono, hidrógeno, plomo, etc. * del cuadro del Tío Henry, tendría que apropiárselos el O₂ presente en el aire, si lo hubiera. Pero el INERGEN ha eliminado ese O₂ (mediante una reacción química que desconozco). Entonces el Tío Henry se degradará térmicamente (pirólisis), pero no arderá.

    (* En realidad no es tan simple, porque los átomos de diversos elementos están compartiendo enlaces químicos, formando moléculas, así que habría que hablar de número de oxidación. En este caso, el producto de la combustión del lienzo, de haberse producido, sería CO₂: el carbono se habría oxidado y su número de oxidación habría aumentado)

    El problema para recordar esto es que, paradójicamente, ganar electrones es reducirse, y perder electrones es oxidarse. Sin embargo, químicamente tiene todo el sentido: si ganas electrones, te quedas con carga negativa en términos relativos, has sufrido una reducción. Y oxidarse es quedarse relativamente con carga positiva.

    El nitrógeno y el argón crean una atmósfera inerte: reducen la concentración de oxígeno y evitan que se siga produciendo la reacción reducción-oxidación. Resultado: el Tío Henry se ha chamuscado, pero se ha evitado que Saltburn arda hasta la bandera.

    ¿Y qué pasa con el 8% de CO₂?

    El dióxido de carbono es el responsable de que nuestra respiración durante los instantes al inicio de la sofocación sea más eficaz, para que así no se queden por el camino todos los niñatos de la fiesta —quizá Oliver se lo merezca—. Ese poquito de CO₂ es capaz de retrasar los efectos de la hipoxia porque obliga a respirar más profundamente.

    ¿De qué es capaz el CO₂ en nuestro organismo (en pequeñas dosis)?

    El disparador que estimula nuestra respiración no es el oxígeno —o la falta del mismo—, sino el dióxido de carbono. Las células producen CO₂ constantemente durante el metabolismo, que pasa al torrente sanguíneo y acaba en los pulmones para ser expulsado. Pero resulta que el CO₂ acidifica un poquitín la sangre (y liquidillos por el cerebro), lo que baja su nivel de pH. El organismo tiene sensores por todas partes, que detectan aumento de CO₂, aumento de H⁺ y una leve disminución de O2. ¡El pH está bajo! ¡Hay que hacer algo! ¡Aumentemos la frecuencia respiratoria! ¡Inspiraciones más profundas! En definitiva, respiras más rápido y más hondo (como cuando Oliver se folló a una tumba).

    En una descarga típica de los gases inertes, el oxígeno puede bajar desde la concentración 20,9 % normal hasta el 12–15 %. A esas concentraciones, muchas combustiones dejan de mantenerse. [19,5% es el límite en el que los humanos empiezan a acusar el déficit de oxígeno o hipoxia]. Cuando activamos el sistema, baja el oxígeno ambiental, pero el 8 % de CO₂ provoca inmediatamente estímulo respiratorio. Empezamos a hiperventilar ligeramente, manejamos más volumen de aire y mantenemos la oxigenación arterial. Con un poco de CO₂… ese incendio, pasará mejor.

    En cualquier caso, hay que recordar que los gases inertes, aunque son la leche para la extinción de incendios —no dejan residuos, no conducen electricidad, no dañan equipos electrónicos, son excelentes para galerías de arte y archivos, y tienen muy bajo impacto ambiental— son peligrosos para nosotros: crean atmósferas inertes. Por tanto, una rápida evacuación es esencial para que se proteja lo más importante: las personas. (A los Catton ya no les servirá de nada, en cualquier caso).


    ¡Me falta el aire!

    Aguantar la respiración se vuelve insoportable por el CO₂ acumulado (hipercapnia y acidosis respiratoria asociada), y no porque te hayas quedado sin oxígeno. En apnea, el oxígeno baja lentamente, pero el CO₂ sube rápidamente. Lo que te obliga a respirar no es la hipoxia, sino el CO₂.

    Una atmósfera pobre en oxígeno puede ser mucho más peligrosa de lo que intuitivamente parece: el organismo puede no “avisar” con suficiente sensación de ahogo antes del deterioro neurológico. Uno se puede morir de falta de oxígeno sin darse cuenta. (También puedes quedarse sin aire si bebes desaforadamente del sumidero de una bañera con restos de lefa).

    Es posible que Farleigh le haya dado un par de vueltas a todo esto.


    Otro día os cuento por qué resulta tan romántico estar delante de una chimenea. O no.

    No hay comentarios en Érase una vez la vida (en Saltburn)
    Cargando…
  • As de soles

    28/05/2026

    ¿Cómo matar al padre cuando lo más parecido que has tenido a un padre es un espectro? Una presencia que te acecha murmurante en el bar, que te mira con descaro a la salida de misa, sólo porque eres una prueba incontestable; pero no entiendes —o no quieres entender— de letras escarlatas, esas que te pintan en tu cara y tus gestos, herencia de tu familia paterna. ¿Contra quién blandir el puño? No puedes acabar con alguien que no está. Guardas esas ganas para lo que queda.

    Queda la ausencia. Queda la vergüenza. Queda el diván.

    Y te guardas algunas ganas para quien queda —demasiado tarde, demasiado todo: cada «no», una batalla—.

    Aun así, durante aquellos veranos en el pueblo, algo me decía que tenía derecho a estar allí. Era consciente de mi capacidad para disfrutar —de mí misma, en definitiva—. Y lo hice.

    Las tardes eran mi dominio. Empezaban con el agua de fregar la cocina después de comer, evaporándose en las losas de cemento a la sombra, calientes tras horas abrasadoras. Dejaba un olor a calor fresco y a oportunidades.

    Soberana de un minúsculo reino contemplaba sobre un corcel de dos ruedas, no con los ojos sino con la memoria, mis dominios que se extendían hasta el infinito —en aquellos meses consistían en el pueblo entero y el día siguiente (o todo el tiempo del mundo)—. El sol, cómplice de mis planes, iba derrochando luz y calor, más sobriamente con cada hora que pasaba, para acabar regalándome lo mejor de día: el crepúsculo. De vez en cuando, una tormenta y sus minutos previos de bochorno y osadía. «Aún no empezará, aguanta un poquito más…»

    Lo que más añoro de aquellos veranos es la sensación de seguridad. Quizá ese vapor de agua que ascendía a través de las losas —como si en vez de una niña hubiera sido una sacerdotisa del Oráculo de Delfos— podría haberme revelado algún misterio, mostrado el camino correcto, asegurado que, después de todo, las cosas irían bien.

    No se puede pedir tanto a la infancia de uno. Desde la gratitud hacia ella, intento disfrutar de una adultez con grietas, por las que me cuelo de vez en cuando, y me esfuerzo en imaginar un futuro con nuevos lugares, olores, y un Sol que pueda volver a ver una mañana cualquiera.

    No hay comentarios en As de soles
    Cargando…
  • [Grupo de WhatsApp] Perdida en Madrid

    26/05/2026

    ¿Sabíais que en el edificio de la mítica escena de El día de la bestia había un hotel? Seguirá allí. Un sitio como otro cualquiera para perder la virginidad. Insulso. Aséptico. Falso. ¿¡Qué coño estoy haciendo aquí con este tío!? *

    Esa manzana se convirtió en el emblema del centenario de la Gran Vía de Madrid. Ese año estaba en la capital. Asistí a alguna exposición relacionada y me compré un imán con el logotipo del centenario. ¿Quién tiene un imán con el lugar exacto de la primera invasión del introito vaginal? Yo no: hace tiempo que lo tiré. Hay cosas que es mejor no recordar.

    Hace demasiado tiempo desde la última vez. No sé cuándo volveré porque me faltan excusas: tengo que solucionar otros asuntos, mi campo de batalla ha cambiado. Pero cuando voy… disfruto hasta del viaje: los trayectos en autobús me inspiran. Admito que hay algo de orgullo en esa familiaridad que aún conservo, pero no podría volver a vivir allí —aunque la última vez que fui tenía que regresar a Algeciras: esa vuelta fue dura. En Madrid me siento un poco menos desconectada de la vida, aunque todos vayan a lo suyo, aunque sea una intrusa. Será porque todos estamos de paso, forasteros en un mundo que intentamos hacer nuestro, y que se escapa con cada palada.


    Creo que hace poco me han propuesto un trío con Jacob Elordi. Como no me quedó muy claro, tuve que preguntar. Me han dejado en leído. Se lo habrán montado ellos dos.


    ^ Gracias por cortar conmigo por SMS… Entonces podías escribir sin mirar el móvil —lo recordé ayer viendo de nuevo INFILTRADOS, Martin Scorsese. ¿Me estás diciendo que no tiene doble s? ¡Qué disparate!

    (Este post ha sido editado y publicado de nuevo)

    No hay comentarios en [Grupo de WhatsApp] Perdida en Madrid
    Cargando…
  • Uñas rojas sobre sábanas blancas

    24/05/2026

    Anoche, entre sollozos, me sorprendió verme las uñas rojas sobre el lienzo de algodón blanco. «Al menos, puedo regodearme en algo en lo que encuentro belleza».

    Me gustan las cosas bonitas, aunque no me obsesiono con rodearme de ellas. Todo tiene su momento y su espacio, así que dejo que lleguen, que aparezcan.

    Creo que eso forma parte de la majestad con la que opero en mi día a día. Es la forma de moverme, de mirar, de estar bajo un almendro… Todo ha sido dispuesto para que yo esté ahí, como en un trono invisible que se mueve conmigo allá donde voy.

    La terapeuta me dijo en la sesión: «Tienes tu nodo norte en Leo, nada menos. Tú eres una reina, y quien quiera acercarse a ti, tiene que pedir audiencia. Y si te joden, a cortar cabezas». Algo de eso sospechaba.


    Lo cierto es que me anoche me sentó bien llegar hasta el fondo, después de la catarsis. Saber que no puedes bajar más es un alivio. Me recordaba a Geraldine Page en Dulce pájaro de juventud (Richard Brooks, basada en obra Tennessee Williams), diciendo incoherencias en la cama. Me falta el chico que me lleve borracha perdida de un lado a otro.

    Esta mañana leía con las montañas de fondo, y al cambiar de página se dibujó una idea en mi mente que parecía de lo más coherente: no podría comerle la polla a un tío al que no le gustase que yo escribiera. Hace unas semanas, sentir que no había tenido esa oportunidad suponía un gran desconsuelo. Curioso.

    Lo de esta mañana fue un spoiler. Esta tarde, no sé por qué, he acabado viendo Animales nocturnos, de Tom Ford (otra vez, y otra vez he pegado un respingo por el susto de la babycam). En esta peli se aborda cómo la falta de apoyo entre las parejas respecto a sus sueños e inquietudes—y las diferencias entre esos deseos y motivaciones— acaba con la relación, y puede generar un arte muy violento.

    2 comentarios sobre Uñas rojas sobre sábanas blancas
    Cargando…
  • Real es lo que nos cambia.

    24/05/2026

    Eso dice Samantha Devin en su artículo sobre Marlon Brandon.  Estoy completamente de acuerdo.

    Anoche escribí que saber algo sobre alguien que no conocía me había hecho sentir mal.

    Como si el hecho de no conocer a alguien impidiera que nos afectase menos, que nos influyera en menor medida. El ego y el orgullo pretenden delimitar lo que nos puede hacer sufrir por el simple hecho de calificar algo como ajeno. «A ti te encontré en la calle…» El pueblo que cargamos a cuestas habla. Porque parece que la familia, lo que nos es conocido, lo que tenemos alrededor y a lo que pertenecemos, es lo único que debería importar: es lo que vale. Y no es así. A veces eso es hasta peor que lo desconocido.

    De hecho, es en los desconocidos donde puede que encontremos el consuelo que necesitamos.

    “Que no conozco…” No es justo.  Puede que esté en otra dimensión, pero si nos ha transformado de cualquier modo, ya sea a peor o mejor, forma parte de nuestra realidad. Así que tendré que enfrentarme a mis sentimientos de otra manera, pero no puedo venderme la moto a mí misma de que no me afectará porque es alguien random. Por una parte, porque realmente no lo es, y por otra, porque da absolutamente igual en tanto en cuanto a mí me cambie.

    No hay comentarios en Real es lo que nos cambia.
    Cargando…
  • Jimena’s living a ~celebration~

    23/05/2026

    Suscríbete para seguir leyendo

    Suscríbete para obtener acceso al contenido íntegro de esta entrada y demás contenido exclusivo para suscriptores.

    ¿Ya eres suscriptor?
    Cargando…
  • DISCORDIA

    23/05/2026

    También he cambiado el fondo de escritorio del portátil. Es un camión amarillo que avisté hace unas semanas cerca de casa. Era hora de quitar el que tenía de Algeciras (también con agua). Además es bastante apropiado para la situación que estoy viviendo.

    No hay comentarios en DISCORDIA
    Cargando…
  • Blow me

    23/05/2026

    Recientemente he cambiado mi fondo de pantalla de móvil. El anterior era una foto en un parque que daba al mar en Algeciras. Quería que el fondo reflejara el lugar que me rodea. Mi mente ha dejado de estar allí, por fin.

    Quedé con uno de Tinder que estaba bastante fascinado por el hecho de toparse tantas veces con horas tipo 11:11. Yo le dije que era porque estábamos mirando el móvil continuamente. Desde entonces, cada vez que veo esas horas, me acuerdo de ese detalle: es que hizo mucho hincapié en el asunto. Yo no soy muy asidua al aparato, a no ser que esté escuchando música. Estas últimas semanas hice un montón de pantallazos de las horas siamesas o simétricas (12:21, por ejemplo). Justo hoy he vuelto a coger el móvil a las 19:19 otra vez.

    Cuando veo el diente de león pienso en qué buena idea sería una app que se llamara «Blow me», para mandar todo lo que me sobra a la mierda.

    1 comentario sobre Blow me
    Cargando…
  • Geografía e historias varias

    22/05/2026

    Ya he narrado la versión para contar durante un paseo, una versión quizá más clínica, explicada en palabras de terapia. Esta es la versión karaoke: la que podría airear en plaza pública, a gritos, encendida y ufana.


    Y pensar que yo quería dedicar un libro a esto. Lo hubiera llamado como el título de esta entrada. Para mí era algo íntimo. O algo parecido. Cuando comprendí que no le había gustado —una cosa es que eso te joda y otra respetar la negativa de la otra persona como alguien maduro— le puse un WhatsApp, bromeando sobre lo que no había podido ser: «Hubiéramos sido un buen tándem tú y yo, Geografía e historias varias», y creo que le hizo gracia de verdad (él estudió Geografía). Esto fue antes de otros tantos WhatsApps, de haber hablado de quedar con él como amigos y luego hiciera como si no hubiese pasado nada. Antes de desaparecer. Ahora, analizando aquella broma, me doy cuenta de lo poquísimo que me he querido y me he respectado a veces a mí misma. Porque esas historias no eran historias ficticias del blog, eran historias que yo le conté por encima sobre mi vida y mis circunstancias. Aún no había empezado a escribir. Parece que fue algo premonitorio. Y, en cualquier caso, con todos los kilómetros que llevo encima, bien podría adjudicarme la parte de Geografía. Y esto es algo en lo que acabo de caer por primera vez hoy, 22 de mayo de 2026.

    ¡Quiérete de una puta vez, Jimena!

    Me obsesionaba la idea de cómo una persona puede influir tanto en alguien y a la vez no experimentar ningún cambio por ese encuentro en ella misma. Que un mismo hecho en el que están implicadas dos personas sea fundamental para una e insignificante para la otra se podría explicar con física, e incluso con filosofía. Pero a mí me cuesta.

    Puede que alguien con más talento e inteligencia, y desde luego, más motivación y ganas, hubiera sacado algo de esto. Pero para mí esta historia ya no tiene la categoría de libro. Tendría que apasionarme. Y ahora se ha convertido en algo que empiezo a ver desde el retrovisor. Sólo llega para cubrir un puñado de entradas de blog.

    El hecho de hacer todo esto público significa que ya no me importa tanto, que ha dejado de ser especial. Lo grito a los cuatro vientos para que lo reciba quien sea y que hagan con ello lo que quieran, que acabe por el suelo, mezclado con las colillas, los chicles y las cagadas de los pájaros. El hecho de soltarlo ahí fuera lo siento como algo potente.

    Ya no te echo de menos. No quiero a gente así en mi vida. Que se entere todo el mundo.

    Porque yo he dado las gracias en silencio a esta persona, muchas veces, por todos los cambios que he realizado, las mejoras, la fortaleza que he ganado, la madurez. Pero él no ha hecho nada, aparte de sugerirme ir a sitios sola. La terapeuta me dijo que esta persona no había sido importante, que sólo había ido una marioneta, un figurante que había sacudido todo mi estrés post-traumático por abandono previo. No lo reduciría a tan poco (ese hombre ha sido el primero que me gustaba como hombre, si hubiera sido el hombre que tendría que haber sido), pero desde luego yo he sobredimensionado su influencia sobre mí. Ese ascendente era facticio, aunque las consecuencias han sido palpables.

    Hay personas incapaces de decir no a otra persona. Decir que no a otra persona es respetarla, es tratarla otorgándola la madurez que muy probablemente tenga. Lo contrario es tratarla como si fuera gilipollas. Es también ahorrarse tener que pensar y sentir un poco de más: en otra palabras, es vivir en la superficie. Y eso no lo quiero.

    Ahora tengo claro que no me interesa tener en mi vida a alguien que no es capaz de meterse un poco adentro. De hecho, quiero a alguien que se meta bien adentro, y si no, al menos que respete que yo lo haga, decline con sensatez y no desaparezca sin mediar palabra.

    No hay comentarios en Geografía e historias varias
    Cargando…
  • Sin copiloto

    22/05/2026

    Nada de esto hubiera pasado si ese día nos hubiéramos ido al faro y nos hubiéramos quedado por el camino. No en plan caída-del-coche-por-el-acantilado-al-atardecer, que alguna posibilidad había, puesto que para llegar allí hay que pasar por una carretera sinuosa con vistas imponentes, sino porque un kilómetro antes hay un paso-puente sobre un cañada de un solo carril y sin apenas visibilidad, y nos podíamos haber pegado un carajazo contra otro coche, pero sin que luego de allí saliera una amistad reforzada como les ha pasado a Supersubmarina (en mi caso, si me jodo en un coche, no habría amistad verdadera de esas que venden libros). Yo, en cualquier caso, hubiera preferido un tórrido romance*.

    Por supuesto, al Faro Punta Carnero, ese sitio que comentó que era muy bonito y que puso sobre el mapa —tipo «Podríamos haber ido allí si lo hubiéramos pensado antes», y que se acabó convirtiendo en otra idea de sitios a los que ir sola: debo parecer bastante autosuficiente— acabé yendo yo sola, cuatro o cinco veces, jugándomela por el camino. Estoy muy orgullosa de mí misma porque hasta entonces solo había cogido el coche en Algeciras para lo imprescindible**, y desde aquella cita empecé a moverme un poco, por gusto, para explorar y hacer cosas que me apetecían.

    -*- ¿Cómo en Sexo, mentiras y cintas de video? Soy algo más standard en ese sentido.

    -**- Cambiar los neumáticos porque tenía que pasar la ITV en breve, que vaya espanto llegar al sitio de la ITV. Por cierto, por culpa de la pegatina de la ITV volví a verle en la calle, como si no hubiera gente y metros cuadrados y segundos en el día. Pero ya no duele. Más bien es una anécdota que me ha ayudado a darme cuenta del tipo de hombre que quiero a mi lado: ese que no saldría corriendo porque te ve con unas pintas de mierda y después de haberte pegado una llorera. No es que saliera corriendo. Realmente lo que recuerdo es la dosis de refuerzo de tendrás-que-seguir-yendo-sola-a-los sitios. Llega un momento en que una se cansa de tener que estar seduciendo todo el rato y de todas las maneras posibles. Y como no necesito a nadie que me lleve a los sitios, pues en eso voy a poner mi energía, aunque a veces me gustaría ir acompañada, pero bueno, qué más da. Tampoco es para tanto, ¿no?


    (Fotos de días diferentes)

    No hay comentarios en Sin copiloto
    Cargando…
1 2 3 … 12
Siguiente página→

Cargando comentarios...

Debe estar conectado para enviar un comentario.

    • Suscribirse Suscrito
      • INTENSITA SPAIN
      • ¿Ya tienes una cuenta de WordPress.com? Inicia sesión.
      • INTENSITA SPAIN
      • Suscribirse Suscrito
      • Regístrate
      • Iniciar sesión
      • Denunciar este contenido
      • Ver el sitio en el Lector
      • Gestionar las suscripciones
      • Contraer esta barra
    %d