Recientemente he cambiado mi fondo de pantalla de móvil. El anterior era una foto en un parque que daba al mar en Algeciras. Quería que el fondo reflejara el lugar que me rodea. Mi mente ha dejado de estar allí, por fin.

Quedé con uno de Tinder que estaba bastante fascinado por el hecho de toparse tantas veces con horas tipo 11:11. Yo le dije que era porque estábamos mirando el móvil continuamente. Desde entonces, cada vez que veo esas horas, me acuerdo de ese detalle: es que hizo mucho hincapié en el asunto. Yo no soy muy asidua al aparato, a no ser que esté escuchando música. Estas últimas semanas hice un montón de pantallazos de las horas siamesas o simétricas (12:21, por ejemplo). Justo hoy he vuelto a coger el móvil a las 19:19 otra vez.

Cuando veo el diente de león pienso en qué buena idea sería una app que se llamara «Blow me», para mandar todo lo que me sobra a la mierda.

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