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INTENSITA SPAIN

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  • «Tú no has hecho nada malo».

    21/05/2026

    Llevo varios días queriendo meterle mano al blog pero me ha sido imposible por un motivo fundamental: ya no estoy sola. La re-adaptación a la convivencia está siendo como esperaba: difícil. Intento inventarme la paciencia, estoy cambiando mis planes y postergando, aunque me joda, lo que quiero hacer, incluido comer: hoy, después de dos días por fin parece que he recuperado un poco el ritmo. Después de hacer tetris con las circunstancias, las broncas, los ruidos, la falta de sueño, la negociación continua, los nervios, intentar relajarme ordenando o limpiando, paseos y conversaciones telefónicas, el levante, la ola de la calor, los putos mareos (cosas raras que me pasan que se pueden resumir en: manifestación psicosomática de toda la mierda que llevo encima/PTS, con un toque de origen físico indeterminado, aunque está por la zona del diafragma, y que me amargan la existencia), los ejercicios de los ojos, y la micro-siesta que me he echado, estoy por fin delante de la pantalla.


    Tengo el dorso de un ticket del supermercado del barrio (es blanco, en papel sin satinar) lleno de palabras clave de lo que irán los posts que voy a escribir. Habrá un aluvión de Jimena en los próximos días.


    El jueves pasado tuve la primera sesión con una nueva terapeuta y astróloga que llevaba siguiendo en YouTube ya meses. Me hizo un favor manteniendo la consulta, puesto que la hora que había salido libre había sido un error, pero como soy habitual del canal, miembro premium, y un poco la niña bonita de los comentarios (no puedo evitarlo, me hago querer, y puedo ser una gran seductora), me hizo el favor de pasar consulta. Ahora es difícil encontrar horas porque está pasando por una situación médica delicada. Sabía que sería muy bueno poder tener la sesión antes de la llegada, para así poder digerir a solas durante unos días la sesión. No me equivoqué. (En cualquier caso tuve una movida por teléfono pre-llegada, pero bueno, pude disfrutar durante unos días). Dejo a un lado el tema «pantalla final (la mamma)» —se intuye cómo va la cosa—. Me voy a centrar en el otro tema que quería tratar en la consulta: uno de los protagonistas de mis desvelos, y de muchos de los posts de este blog.


    Habemus milagro.

    Isabel enfocó el asunto de la única manera que se podía enfocar, diciendo las palabras que yo necesitaba para quitarme de encima la culpa que he arrastrado durante más de año y medio, y que se pueden resumir en lo siguiente: «Tú no has hecho nada malo. Te has expresado, has sido creativa, tú puedes subir lo que te salga de ahí a tus estados de WhatsApp o donde te dé la gana. Si establecéis algo, y la otra persona desaparece sin decir palabra, es él quien no ha sido responsable a nivel relacional. Es su problema, no el tuyo».

    En los dos o tres días posteriores —aún ahora, aunque menos, debido a ya se sabe qué—, experimenté unos momentos de relajación que había olvidado cómo eran: esos en los que el cielo es más nítido, los colores más vivos, el aire huele mejor, y puedes escuchar/bailar Motivation de Kelly Rowland como si fueras negra, bitch. Vuelves a experimentar el mundo como si formaras parte de él, y no como si te estuviera ahogando, aunque sea momentáneamente.

    Al día siguiente le borré del WhatsApp, aunque aún no el número. ¿Cómo es posible? Cambiando el prefijo de país. Yo al principio lo hice a mi manera, poniendo un 0 antes del número, pero la cosa se lio y acabé aprendiéndome el número de memoria con el rabillo del ojo (tengo un poco de memoria fotográfica). Solo hay que seleccionar el prefijo de otro país del desplegable, y ya desparece del WhatsApp. No pierdes el número, te evitas la desagradable ocasión de llamar o enviar mensajes sin querer, y dejas de ver su cara en la lista de contactos. Ayer borré el número definitivamente —note el móvil más ligero—, y me percaté de que el número que yo recordaba era el mismo excepto por una cifra. En fin, no sé. En cualquier caso, creo que hace mucho mucho tiempo hice un pantallazo del contacto… ¡Y qué más da! No voy a volver a tener ese número en mis contactos. [Imprescindible: realizar todas estas operaciones en «modo avión». Durante el proceso, pulsé el botón de llamada. A pesar de que ya había cambiado el prefijo y estaba en modo avión, el susto me lo llevé igual.]

    El hecho de borrarlo de WhatsApp fue liberador. Durante todo este tiempo había mantenido una especie de cordón umbilical con su recuerdo —porque, quién sabe si él era consciente de nada de esto— a través de mis fotos de perfil. Ellas eran genuinas y representativas, pero estaban siendo prostituidas, se les hacía ser otra cosa, algo más. Esas fotos eran las visiones de una mujer que, yendo de un sitio a otro, probaba que había seguido en la vida. Tras la catarsis, nuevos pensamientos de gratitud, amor y cuidado hacia mí misma me gritaron que él no tiene derecho a saber si estoy en la playa o en la montaña, ni nada de nada. Y esto no alcanza a expresar el enojo que he sentido tras la redención —de eso hablaré en otra entrada—. No ha sido una rabia que corrompe, sino un pataleo que libera.

    Había una razón para no borrarlo del todo, la famosa Ley de Murphy: basta con que creas que te has librado de alguien para que aparezca en tu vida de nuevo. Tener el número era mi seguro anti-contacto. De todas formas, ¿alguien piensa que va a escribir después de tanto tiempo? ¿Cómo lo enfocaría? No tiene sentido. No tiene recorrido. Y menos mal.

    Continuará.

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  • DISCLAIMER

    09/05/2026

    La AI tiene una idea de la verdad un poco distorsionada. Ella sugiere, mejora, estiliza, y te acaba poniendo unas tetas que no tendrás en la vida. Bastante ayuda ya el bañador. No ha habido manera de ponerlas en tamaño real en el grabado de la portada. Si alguien quiere ver la original, la dejo abajo.

    (añadido a sobre el blog)

    No soporto que se cree una imagen irreal sobre mí, que no es que esto vaya a ningún sitio, pero si esto es lo que hay, es lo que hay.

    Menos mal que no me dedico al mundo de la farándula.

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  • El desorden que dejo

    06/05/2026

    Me he levantado tarde porque he estado tres días sin dormir y hoy, por fin, he podido recuperar el sueño y he estado 12 horas durmiendo.

    Hoy me tocaba lavarme el pelo, pero he decidido ir a la pescadería antes de ducharme porque si esperaba más era probable que no encontrase pescado, y aún así no lo tenía claro: me lo he tomado como una pequeña aventura.

    He rescatado una camiseta del cesto de ropa sucia, sudadera también sucia, pantalones (estos sí estaban bien), y he cogido mi abrigo de entretiempo de cuadros. En el último momento me he puesto unos buenos morros rosas, por aquello de disimular el pelo sucio, las bolsas de haber dormido demasiado, y restos de la Feline de HR que estrené ayer. Llevaba detrás de esa máscara años —esperaba a tener algo que celebrar; he llegado a la conclusión de que si espero a tener algo que celebrar, se me irá la vida—.

    Hoy en la pescadería estaba atendiendo también el hijo de las pescadera. Yo había sido ya informada de que las pescadera tenía un hijo, y de que no estaba mal —aunque la persona que me lo había dicho y yo no tenemos los gustos muy parecidos—. Cuando he atravesado la cortinilla de tiras de plástico me he dicho: «¡Cómo no!» Sospechaba que podría estar: nunca había ido un miércoles a comprar pescado, que es probablemente el día que suele ir él.

    El chico es bastante mono: bonitos ojos y con cara muy simpática, muy de aquí: un buen ejemplar dentro del fenotipo*. Aunque no es mi tipo. Él no me ha quitado los ojos de encima, excepto para abrir la lubina. Aún así, el ambiente era cordial. Yo estaba muy normal, pero sabía que estaba ocurriendo algo que no era normal del todo. Y he cometido un error: no hacer ningún comentario respecto a su presencia. Normalmente, yo hablo con la pescadera—un día tenía tiburón de la Bahía de Algeciras, ni yendo a la pescadería me libro de aquellas coordenadas—. Lo lógico hubiera sido decir algo. Yo estaba completando la misión de ver al hijo de la pescadera, perfeccionando ese momento en mi mente, o más bien, dándolo por zanjado. En un momento dado, la pescadera ha salido para sacar cajas vacías y cuando ha vuelto ha dicho: «A ver si llega ya la primavera en serio» (hoy hace un viento racheado de mil demonios), yo creo que por quitar un poco de tensión al ambiente. Y yo he respondido: «Es verdad, ayer incluso hacía viendo del Norte». ¡¿Quién dice eso!? Y sí, ayer hacía frío.

    Me he dado la vuelta después de haber dado las gracias y haber sido educada, pero no encantadora: he atravesado la cortina de tiras tan campante, tan en plan la calle es mía (es que ese abrigo es muy de la calle es mía, aunque tampoco necesito ese abrigo para ir por la calle así), tan feliz con mi botín de lubina y bacalao. No sé que habrá pasado cuando me he ido. ¿Le habrá dicho la madre que se le ha notado un poquito? ¿Se habrá molestado porque no he hecho ninguna mención a su hijo? Con suerte, ¿me habrá disculpado por pensar que quizá me he sentido un poco abrumada? No me he sentido abrumada, pero quizá un poco incómoda porque si no, hubiera hecho algún comentario. Tampoco estaba cómoda porque era muy consciente de mi pelo sucio. O quizá no lo he hecho porque el muchacho no me ha gustado y me he llevado otra micro-decepción al tener que tachar de una lista imaginaria a un tío con el que, en realidad, tampoco hubiera tenido nada que hacer.

    No se puede ir así por la vida, como si lo que te pasa solo te pasara a ti: como si ese momento es solo tuyo y estás tú solo ahí. Podría justificarme diciendo que soy tímida, y es posible que haya habido algo de eso, pero no ha sido solo eso. Una persona madura, por una parte, y una persona que tiene claras las convecciones sociales, por otra, hubiera dicho algo. ¿Si me hubiera sentido más segura con mi aspecto hubiera dicho algo? No sé.

    No es la primera vez que veo a tíos of interest yendo con pintas. Aún no me he recuperado de aquella post-llorera por tener las tetas pequeñas y creer que mi vida había sido un desastre por ello, salir a la calle con ojos de panda y el pelo sucio… y encontrarme con Julio. Para qué me lo iba a lavar si iba al gimnasio (no volví a ir gimnasio con el pelo sucio – FULL STORY here).

    Pero es que no quería quedarme sin pescado.

    Bien es verdad que no me es complicado encontrar asuntos con lo que martirizarme. Lo único que puedo hacer es intentar arreglarlo el próximo día, ir más temprano… y con el pelo limpio.

    ^ Sabía que quería usar esa palabra pero no me salía. He tenido que buscarla en Google AI. La recordaba de un chat que tuve con Julio, y me extraña que se me haya olvidado porque dio lugar a la primera grieta que noté por dentro, una de mis primeras cagadas. Supongo que ha sido mi mente que, por una vez, rema a mi favor, pero yo he decidido quitarle los remos.

    2 comentarios sobre El desorden que dejo
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  • 100 trocitos de Jimena

    04/05/2026

    Haber publicado cien entradas se merece una entrada retrospectiva, aunque no me siento así, jajaja. He aprovechado a revisar las categorías, algo que tenía pendiente, así que he podido recordar entradas antiguas, y seleccionar unas cuantas que considero relevantes: algo parecido a lo que hice con mis 50 primeras entradas, aunque sin darles una categoría de la más… Sin etiquetas.


    Cantos de sirena

    Tu nombre sobre mí

    La comida

    Sonrisas II Dóna’m algun element amb què treballar

    Sonrisas II no es el título que le correspondería a esta entrada, el cual no me cuadra desde el primer momento. Cada vez que lo veo, le doy vueltas porque… no me está permitida ni una mínima impostura, que ya venía de la entrada Sonrisas I. Hay algo ahí. No sé qué es.

    Almas de mar y montaña

    Dando las gracias en náhuatl

    [heart] 💙 💚 🧡


    Que ya no soy la misma de las 50, supongo. Y eso está bien.

    Gracias por haberme acompañado. ¡Nos leemos!

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  • Himnos de dormitorio (o de furgonetas, caravanas, barcos…)

    04/05/2026
    Cita de pinícula

    Hace muchos años tuve un amigo —uno que no quería nada más, lo que es raro— que, poniéndome el dedo índice en el chakra del tercer ojo, me espetó: «¡¡A ti, Jimena, hay que follarte por aquí!!». Sin reproches ni cachondeos.

    Era un hecho.

    Hoy en día creo que sigue siendo igual, pero quizá con menos intensidad, porque me apasionan muchas más cosas que antes, que no son necesariamente intelectuales, ni pasan porque me validen como mujer inteligente: lo seductor es que se den cuenta y no lo mencionen.

    Además, ahora es absolutamente necesario que haya deseos de empotramiento —mejor sin golpes, que a mí me salen cardenales con nada—.

    No es que un aspecto haya perdido interés para completarlo con otro. Esa segunda parte es nueva. Es la mujer de la que ha he hablado en alguna ocasión en la que me he convertido, que no sabía que podía ser.


    ¡¡Esta ha sido mi entrada número 100!! ¡Quién lo hubiera dicho! Vaya casualidad…

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  • Patrones

    04/05/2026

    Suspendí Química en Selectividad, y me metí en Química el primer año de universidad (duré un cuatrimestre).

    El único profesor que me ha castigado fue el de inglés en el colegio (injustificadamente, por supuesto), y me hice filóloga inglesa.

    Casi me muero en un incendio, y ahora estoy estudiando la química del fuego y todo lo relacionado con su extinción y otras técnicas de prevención de riesgos.

    Ahora, cada vez que salgo a la calle, detecto de dónde viene el aire. Eso viene por aqueix… Y normalmente es poniente, para más inri.

    1 comentario sobre Patrones
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  • Gente guay

    04/05/2026

    La clave es tener menor resistencia. Sí, sí, menos resistencia. Que sea más fácil que eso que pasa de un simple cosquilleo vaya a tierra. Se trata de que esa corriente de guayedad no me pase por el cuerpo ni por el alma, porque suele dejarme con una vibración de mierda. Un «pues vale» de cobre, eso es lo que necesito.

    Y lo peor es que se me olvida mi propia guayedad.

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  • Generosidad

    03/05/2026

    Soy una persona generosa de sí misma. No porque no me valore lo suficiente, sino porque no creo que deba de quedarme solo para mí. Porque me gusta, y si puedo dar gusto a los demás, ¿por qué no? Y eso no es vanidad. Sé que soy bastante mejorable, pero también sé que no soy una mierda.

    Porque aquí tontas no somos ninguna, y sé lo que supone o implica publicar los dos posts previos. Me hago cargo.

    Y no pasa nada. Si se puede hacer algo bueno, ¿por qué no hacerlo?

    Y entonces pienso… que si ese tío hubiese tenido los santos cojones de adentrarse una puta mínima distancia en un amago de espiral, en un paja mental momentánea, si se hubiese atrevido a pensar «a ver qué pasa, puede que en la locura halle una nueva cordura», si hubiese comprendido que a veces lo disfuncional es lo único que funciona… yo le habría puesto un multiverso en la palma de la mano para que hubiera hecho lo que hubiera querido, y le habría mostrado que hay otras latitudes y longitudes en dimensiones que ni se imagina que existen. Y sé que algunas de esas coordenadas sólo se las podría mostrar yo.

    Así que seguiré desparramándome por aquí, dejando señales que no llegan a ningún sitio, para que, mientras me pierdo por el camino, tenga la sensación de que aún sigo aquí y de que estoy yendo a alguna parte.


    No quiero convertirme en alguien que no da otra oportunidad porque no me la dieron a mí. En caso de no hacerlo, que sea porque no quiero, simplemente, no quiero.

    Y él no quiso, simplemente no quiso.

    Y eso es lo que no acepto.

    Simplemente… una explicación. Sólo una explicación: no una desaparición ni un truco de magia. Y quizá eso hubiera bastado. (Yo siempre explico, fallo mío esperar que los demás hagan lo mismo).

    ¿Cuándo voy a ser generosa conmigo misma y voy a aceptar que no fue mi culpa, que él no era la solución, ni siquiera una aproximación, que lo hubiera pasado mal más pronto que tarde, que en qué cojones estaba pensando —esa me la sé, y es completamente natural y normal—?

    1 comentario sobre Generosidad
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  • Dif…

    03/05/2026

    Y así, imaginando, imaginando, acabaré viviendo algo diferente de verdad.

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  • Bocetos de una versión de la verdad

    03/05/2026

    Aprovecho para avisar de que he cambiado un poco el aspecto del blog y el «acerca de».

    Pues bueno, resulta que me iba a quedar solo con el bikini. El bañador ni me lo probé: fue sacarlo de la bolsa y volverlo a meter… Pero decidí darle una oportunidad y… ¡qué sorpresa! Me encanta 🤩

    Así que me puse a hacer el candao, como dirían en Cádi(z).
    Sin maquillarme ni ná.
    Y como CANVA lo carga el dIAblo, apaga… y vámonos que nos vamos.

    Está claro que la AI tiene visiones de la realidad muy diferentes: te ofrece todo un caleidoscopio… aunque nunca acierta del todo. Pero bueno, te apañas, te haces una idea… Total, la realidad está sobrevalorada.
    La más conseguida es la acuarela nº 2, aunque me ha puesto una copa C,
    como en casi todas 😜 Y el primer grabado es casi como yo me veo en el espejo aunque nunca salga así en las fotos… Será que no soy así del todo 😅

    Total, ya que estamos en nuestro verano, no descuidemos lo que ya tenemos.

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