La clave es tener menor resistencia. Sí, sí, menos resistencia. Que sea más fácil que eso que pasa de un simple cosquilleo vaya a tierra. Se trata de que esa corriente de guayedad no me pase por el cuerpo ni por el alma, porque suele dejarme con una vibración de mierda. Un «pues vale» de cobre, eso es lo que necesito.
Y lo peor es que se me olvida mi propia guayedad.


