Ya lo dije en los comentarios. Qué bonito cuando inspiras a alguien en positivo. Creo que eso es de lo mejorcito que te puede pasar en este momentito que es la vida, que puede parecer eterno o efímero, depende a quien preguntes y cuando lo preguntes.
Esto también pasará.
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Recupero esto de la memoria, ya que lo borré todo hace meses, porque me parecía una bazofia, y no sabía dónde ponerlo (y aún así, en mal lugar lo puse…). Recupero la idea y algunas palabras. Ahora no me parece una bazofia (aunque puede que lo sea) y ahora sí tengo sitio donde meterlo. En cualquier caso, creo que lo he mejorado: estoy mucho más satisfecha con el resultado.
Tres personajes atrapados de forma muy diferente.
Uno
Una vista imponente acompañaba sus desayunos cada mañana. Ella parecía ser parte del bufet —más bien de la decoración. Quería agradarle. Estaba allí para ello. Aun así, cualquier muestra de atención o cuidado eran recibidos con desprecio o desinterés. ¿Por qué la había traído hasta allí?
El Malenka la había dejado en esa isla tres meses atrás, con la promesa de una vida mejor. Durante la travesía, no paraba de repetirse lo afortunada que era: le habían ofrecido renunciar a su broma de vida atrás y empezar una de verdad, una que mereciera la pena. Sin embargo, ese barco era el último sitio en el que se había sentido feliz. Cada vez que tenía la oportunidad, se escapaba al embarcadero y paseaba por la cubierta mientras el mozo se encargaba del mantenimiento. ¿Cuándo podría volver a sentir la brisa su piel, allí donde no se veía, en medio del mar? Y quizás, así, podría volver a soñar con otra vida, y volver a empezar…(flojete)
Dos
—Hoy tengo lío en la oficina. Resérvame a partir de la una —le dijo apoyándose en el quicio de la puerta con los tacones en la mano.
Mientras se alejaba, se replegó contra el cabecero, y se preguntó cómo podría haber sucumbido a esa mujer, precisamente él, que se ganaba la vida visitando camas ajenas como un espíritu carnal al que habían invocado moviendo la yema de los dedos, en una pantalla de móvil. Estrictamente negocios. Se tapó la cara con la almohada para ahogar un inaudible bufido de rabia y deleite… Pero, ¿¡qué hora era!? Debía ir duchándose si no quería encontrarse una vez más con Velma en la cocina, juzgándole en silencio; aunque hacía un café que despertaba a los muertos —negro, con cuerpo, dulzón—, y lo necesitaba.
Y también necesitaba volver esa noche.(se deja leer)
Tres
No sabíamos si se acercaba la mañana o el anochecer, tal era la luz en el cielo. Y la playa nos acogía con su arena húmeda y fría.
—Es curioso, siempre se me olvida si llegamos a ir a ese sitio. ¿Cómo se llamaba?
—Yo tampoco recuerdo si al final lo visitamos. Se llamaba… Estaba en costa este. Vayamos mañana.
—Volvamos mañana…
—Y todo volverá a ser como antes.
—Hace frío. No recordaba este lugar tan…
Las olas, con su efecto sedante, borraba todo recuerdo, bueno y malo, dejando exclusivamente ese preciso momento, para vivirlo allí y entonces.
—¡Buenos días, Arturo! ¡Uy! Esta habitación está helada. ¿Y esta ventana? ¡¿Pero quién ha dejado esto abierto?! ¡Mercedes! La del turno de noche, que está todo el día con el móvil… ¡Me va a oír!(ñoño, pero con sorpresa)
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Allí estaba. Como si no hubiera pasado el tiempo, como si le hubiera visto ayer, aunque con otros ojos. Él se percató de su presencia, y tras fruncir momentáneamente el ceño, su mirada reveló una enorme alegría al verla de nuevo, de forma tan inesperada. Sin embargo, cambió el gesto inmediatamente y sintió que se ajustaba de nuevo a su ser, uno que desconocía. Avanzó hacia ella entre los grupitos de artistas, críticos y gente que simplemente tenía mucho dinero y no sabía cómo gastarlo.
—¡Hola! ¿Qué haces aquí?
—Eso me pregunto yo también.
—Me alegro de verte. ¿Has venido sola?
—Con un amigo. —(Pero podría dejarle aquí mismo si tú me pidieras que saliéramos ahora)— ¿Y tú?
En ese momento, apareció una chica atlética y enérgica, guapa, esquiva, con un vestido de cóctel que parecía valer veinte dólares, aunque en realidad costase veinte veces más. Una espectro verde paralizó a Sebas. Au revoir, ravie de t’avoir vu… Y en otra aparición, como sintiéndose retado, Finn vino volando, de un indeterminado lugar, rodeó por la cintura a Dela y espetó:
—Salut! —Y dirigiéndose a Dela, pero solo de palabra, pues sus ojos recorrían de arriba a abajo a aquel hombre sin nombre— ¿Es que no vas a presentarnos?
—No creo que sean necesarias las presentaciones, nosotros ya nos íbamos —dijo aquella presencia verdosa que contaminaba el aire.
—Vaya, vaya, veo que aún estás amaestrándolo. Deberías atarle más en corto.
Dela fulminó a Finn con la mirada, casi por costumbre.
—Siempre he pensando que a estos eventos se venía para comprar, vender (¿o era venderse?). En cualquier caso, hay piezas de la colección privada que nos encanta sacar a pasear de vez en cuando, ¿verdad? ¡Buenas noches!
Sintiéndose molesta por algo, aunque sin saber muy bien por qué, la dueña de Sebas se enderezó en una pose que remarcaba sus músculos, imagen que no aportaba mucha feminidad al conjunto. Él, inmóvil, logró esbozar una sonrisa, y junto con su mirada, pretendió enviar un mensaje: «Lo siento muchísimo. Ojalá nos volvamos a ver, pronto, muy pronto». Volvieron sobre sus talones en un movimiento que bien podría haber sido entrenado, sujetó a Sebas con el otro brazo y se dirigieron a la salida con paso firme, mientras se despedían discretamente de algunos grupos.—Si no me gustaran tanto los rabos, me casaría contigo —e hizo el ademán de hincar la rodilla en el suelo, elevando el vaso como si le ofreciera un anillo de compromiso.
—Me temo que a ti te gustan los rabos por los dos. —Era inevitable que se sintiera retada a diario ante algún comentario soez por parte de su amigo. Aun así, en su fuero interno sabía que era lo más tierno que presenciaría esa noche.
—Casi, querida, casi… —dijo con una obscena mueca en los labios buscando con la mirada el trasero de Sebas que se perdía entre la gente con dirección a la puerta, del brazo de su ama, aún sin el chip puesto.De repente, Dela sintió una necesidad irrefrenable de salir de allí. Puede que necesitara aire fresco, o simplemente volver al mundo real. Lo que sí sabía es que si escuchaba la palabra «Harvard» una vez más, empezaría a gritar como una loca. También sabía que aquel encuentro se convertiría en otro episodio que la acompañaría, que tendría que superar y olvidar. Lo sucedido no podría des-suceder.
No escribo para que me lean. Pero si te apetece…
