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INTENSITA SPAIN

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  • Sol y sombra

    30/01/2026

    A veces visitar un blog nuevo es como llegar a un bar de pueblo a las 4 de la tarde un día entre semana.

    Te tomas algo, vas al baño, entras en calor, y reanudas la marcha.

    En el ambiente, una sensación de What the fuck am I / are you doing here?

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  • Lluvia, lluvia, lluvia

    28/01/2026

    Diane,

    Son las 17.25 y llevo tres días sin ver la luz del sol. No sé si será el cambio climático o que he traído la lluvia; lo dudo porque no me había ocurrido antes.

    La habitación roja de mis sueños se está volviendo gris. Anoche logré escuchar lo que ella le susurraba al oído: «¿Te acuerdas de mí en los días nublados?».

    Espero que lo del fontanero no tarde mucho, aunque sospecho que nos están vacilando, Diane. Sin embargo, he aprendido a vivir sin poder ducharme en casa y además, como todo, es temporal: no sé dónde me llevará la misión. En cualquier caso, confío en que, sea donde sea, pueda volver a darme unas duchas reconfortantes.

    Gracias por los sujetadores de Victoria’s Secret. Recuérdeme que le envíe unas fotos para que vea cómo me quedan.

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  • 50 entradas

    27/01/2026

    Solo hace medio año que empecé el blog, pero parece que ha pasado muchísimo tiempo.

    He escrito desde tres lugares  distintos y cuatro casas diferentes (son en realidad dos lugares, al irme y volver pensé por eso en el número tres).

    Si tuviera que hacer balance, diría que estoy contenta con lo que me ha proporcionado. De hecho, creo que me ha dado más de lo que esperaba. Tengo ganas de seguir, con más entusiasmo y más intensidad.

    Gracias a los que seguís el blog, a los que lo visitáis eventualmente y a los que en algún momento habéis pulsado «Me gusta».

    De entre todas las entradas me es difícil escoger mis preferidas, porque cada entrada lleva la energía y la ilusión de un momento… aunque hay algunas bastante prescindibles.

    La entrada que más ha gustado ahí fuera según likes (esta era fácil):
    https://intensitaspain.com/2025/08/31/para-sentir-que-sigo-viva/
    (Aunque creo que debería haber sido esta: https://intensitaspain.com/2025/12/21/mono-is-coming/)
    La entrada con la que estoy más satisfecha:
    https://intensitaspain.com/2026/01/26/el-polvo-en-mi-espejo/
    La entrada que más rápido he escrito y que ha surgido como una chispa de puro fuego y verdad: https://intensitaspain.com/2026/01/25/nadie/
    La entrada más importante del blog (en otras palabras, la entrada que quería escribir cuando lo empecé):
    https://intensitaspain.com/2025/12/08/volviendo-con-marcelo-al-lugar-del-crimen/
    La entrada que más me ha sorprendido escribir:
    https://intensitaspain.com/2025/11/27/patetika/

    Curiosamente, la primera entrada del blog es un texto escrito hace mucho tiempo dedicado a una persona que he sacado definitivamente de mi vida durante estos meses —llevaba mucho fuera, en cualquier caso—. ¿Cómo y por qué? En pocas palabras: que te nieguen ayuda cuando más la necesitas y la consiguiente decepción hace milagros. Me da rabia que eso esté ahí, y encima con ese carácter inaugural. No negaré que es útil para saber dónde he estado y no quiero volver. Supongo que en eso consiste un diario… En un registro de lo que fue bien y no tan bien… y decirse bajito «Pudiste, puedes, y podrás»

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  • El polvo en mi espejo

    26/01/2026

    Hoy me veía bien y me he hecho unas selfies. Suelo fotografiar el reflejo en el espejo porque casi nunca me veo bien en las propias selfies. Estaba tan emocionada haciendo el tonto que no me he percatado de que el espejo estaba lleno de mierda.

    ¿Cuántas veces me veo reflejada en un espejo sucio? ¿Qué imagen tengo de mí? A partir de ahora, voy a limpiar el espejo todos los días. Me voy a regalar una visión más limpia de mi misma. En realidad, llevo ya un par de semanas interiorizando esa idea, pero hoy me he percatado de que la porquería real no me estaba ayudando, y el simple hecho de limpiarlo me va a acompañar en esta nueva forma de pensar.

    (¡Esta es mi entrada 50!)

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  • Nadie

    25/01/2026

    Nadie sabe que respiro. Y, por eso, ¿voy a dejar de respirar?
    Nadie sabe que escribo. ¿Acaso dejaré de escribir por eso?
    Nadie sabe que amo. A pesar de eso, no voy a dejar de amar.

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  • Sensei

    24/01/2026

    He tardado en reaccionar. Soy consciente de ello. Cuando pasó debía ocuparme de otras cosas (esto no es más que un pasatiempo, ¿no?) Es más, seguí como si no hubiera pasado nada.

    Eso de seguir como si no hubiera pasado nada y quedarse con cara de alelada puede convertirse en un fuerte hábito e instalarse en tu modo de ser. Se crea un halo invisible pero reconocible, palpable.

    Hace algún tiempo me pasó algo parecido, aunque el foro era completamente diferente. Pero veo que da igual. Entonces no me respetaba lo suficiente, creía que no me merecía ciertas cosas, que tenía que pedir perdón por haber actuado con demasiado entusiasmo. La inseguridad no me dejó ver las cosas claras. Sólo acertaba a explicarlo de una manera: yo había hecho algo mal. A pesar de ser algo muy importante para mí en aquel momento, me quedé ahí, como una estúpida, sin preguntar «¿Qué cojones ha pasado?». Al menos en esta ocasión que relato hoy, llegué a manifestarme de alguna manera cuando ocurrió, aunque no sirvió de nada, como explico más adelante.

    Recientemente he decidido dejar de ser una víctima de cualquier tipo. Mi tolerancia al abuso, aun en su más mínimo grado, se está agotando, aunque el término es excesivo para este episodio: «recochineo» o «falta de respeto» serían más adecuados.


    ¿Por qué alguien te propondría algo sin querer que suceda realmente?

    Si a mí me dicen algo parecido a «Tenemos que hablar», yo entiendo que hay una disposición hacia la comunicación —y eso que esas tres palabras son bastante mal recibidas por lo que habitualmente suponen—. Pero supongamos que no hay nada delicado que discutir: deberíamos considerarlo como una invitación a compartir cierta información, en principio.

    Tras considerarlo unos instantes, no vi descabellado iniciar esa comunicación, tomar la iniciativa, realizar algún tipo de acto lingüístico por el medio que fuera. Mandé un email, sólo una frase en el asunto, cuerpo vacío. No obtuve respuesta o reacción de ningún tipo. Vacío. Cuando expresé mi desconcierto —me repruebo haberlo hecho con cierta guasa y calificando el acto como simbólico, subestimándome así a mí misma— respondiendo a ese comentario de Tenemos que hablar, me devolvió aún más vacío.

    [Lo que no sabéis, ni él tampoco, es que yo había escrito un email con bastante texto unos días antes, que no había sido entregado porque me equivoqué de dirección de correo electrónico: las hacker-hadas siempre intentan ayudarme. Decidí cancelar. Ese Tenemos que hablar hizo que volviera a replantearme la comunicación.]

    Paralelamente se desarrolló otra conversación que acabó literalmente con «No leas [eso]. Haz algo útil con tu vida. Eso que ya estás haciendo». ¿No quieres paternalismo? Toma dos tazas. ¿Con eso que ya estaba haciendo se refería a hacer el gilipollas?

    ¿Acaso consideró que necesitaba una lección disfrazada de cierta pseudo-condescendencia o tan solo se trata de puro vacileo gratuito?

    ¿Es que todo es una pose? ¿Qué hay de verdad ahí fuera?

    Encima, sospecho que algún comentario mío varias semanas antes fue eliminado. Aquellos días no tenía bandwidth para dedicarle a esas tonterías, aunque precisamente eran mi única vía de escape, y por eso la voz que me decía: «Jimena, deja de hacer el subnormal de una puta vez, hostias» no la escuché. Reconozco que soy muy lenta en determinados procesos. Me tomo mi tiempo, degusto cual buqué un desaire. ¡Que hace dos días le he dado un like a una entrada! Porque me gustó y porque escribe bien. Me falta algo o alguien que me grite: «¡Se están cachondeando de ti! ¡Estás haciendo el candao!» (Tomad variedad lingüística geográfica).

    Quizá pensó que debía aprender que en el mundo hay círculos exclusivos y delimitados para ciertos tipos de personas especiales —donde quieren que te asomes y que les des eso imprescindible para que sigan vivos, pero… this is members only. Creo que eso ya lo sabía, y nunca podría ni he querido pertenecer a esos cogollitos. Prefiero quedarme en esta parte del mundo, más prosaica, más vulgar, menos cool, menos chic: en las antípodas de la société cultural de la capital. Desconozco si su modo de preceder se debe a la adscripción a tales grupos o es innato a su persona. Me da igual.

    Hay muchas cosas que no sé, otras que sí, y otras que sé antes incluso de percatarme de que las sé, aunque las quiera obviar. Luego están las que no se aprenden, se saben por instinto. Posiblemente haya habido algo de eso.


    Pienso que doy demasiadas oportunidades y no veo el bombardeo de señales, o no las quiero ver. En el fondo de todo esto está el respeto a mí misma, o más bien, la falta de él. Por tanto, el verdadero objetivo es actuar respetándome siempre. Puede que así, por la magia del espejo, deje de tener que enfrentarme a esas «faltas de respeto» ajenas.

    Ya dijo Esquilo que se aprende sufriendo. Ahora que ya he asistido a unas cuantas clases de «Cómo reaccionar al vacileo 101» y «Respétate de una puta vez 101», estoy experimentando cambios, y esta entrada es una muestra.

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  • + sobre mí

    22/01/2026

    Actualicé la página «sobre el blog». Si la visitáis en la web (creo que no se puede visitar de ninguna otra manera) podréis ver la nueva foto del banner…

    sobre el blog

    UPDATE: También he cambiado el tema del blog (madrugada 23/01/2026).

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  • What are you having?

    19/01/2026

    Fondo creado con Canva. Sobre la fuente…

    www.intensitaspain.com

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  • No te rayes

    17/01/2026

    + aquí. Fondo creado por Canva. www.intensitaspain.com

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  • No flipes, Clitem.

    14/01/2026

    Hoy traigo la única trilogía griega que se conserva completa: La Orestíada, de Esquilo, escrita en el 458 a.C (hace 2484 años). Hay spoilers, pero no os impedirán disfrutar de esta obra maestra después, aunque leáis esta entrada. De hecho, ¡espero que alguien se decida a leer la trilogía después!

    La Orestíada narra el final de la maldición de la familia de los Atridas, marcada por la violencia, el incesto y el asesinato, culminando con el juicio de Orestes, hijo de Agamenón. Cuando se trata de movidas familiares en la cultura clásica antigua, no pueden faltar las Erinias, encargadas de poner en su sitio a aquel que obra mal en contra de alguien de su propia sangre.

    [foto entrada] Voy a detenerme en tres pasajes que me han llamado la atención, uno por cada tragedia. He usado ChatGPT, Google AI (al que he dado una buena dosis de insight para que la vaya repartiendo por ahí; lo leeréis) y varias fuentes de internet. No tengo ni idea de filología clásica, así que es probable que esta entrada suponga una abominación para los entendidos. Con todo el respeto por ellos y, por supuesto, por Esquilo —el puto amo—, aquí va.  

    Primera parte
    Agamenón

    [Ζεύς]τὸν φρονεῖν βροτοὺς ὁδώ
    σαντα, τὸν πάθει μάθος
    θέντα κυρίως ἔχειν.
    στάζει δ᾽ ἔν θ᾽ ὕπνῳ πρὸ καρδίας
    μνησιπήμων πόνος: καὶ παρ᾽ ἄ-
    κοντας ἦλθε σωφρονεῖν.

    Esquilo, Agamenón (vv. 176-181)

    [Zeus] puso a los mortales en el camino de la comprensión. De ello hizo ley: aprender a través del sufrimiento. En el sueño, el corazón se va cubriendo gota a gota por el dolor de un imborrable recuerdo amargo: así la sensatez alcanza también a quienes no la desean.

    Para este pasaje, agradezco esta entrada de blog. Esquilo era un maestro para expresar un significado complejo con una combinación de un par de palabras.

    Detengámonos en μνησιπήμων πόνος [mnēsipḗmōn pónos], literalmente «el dolor que hace que recuerdes». Es un dolor que acecha a la memoria, a los pensamientos, y ¡PUM! ¡Te los pone delante! No puedes escapar de ellos. Por tanto, estamos ante un dolor que no solo duele, sino que no se puede olvidar. Y por supuesto… es un proceso de retroalimentación: sientes pena, te acuerdas de eso que te produce la pena, y sientes más dolor todavía. Entre tanto drama y bajón, se obtiene algo positivo: aprendes. Eso si no te pilla gilipollas del todo.

    Esta expresión está fuertemente relacionada con el concepto de πάθει μάθος, [páthei máthos], «aprender a través del sufrimiento»—literalmente «aprender sufriendo», uno de los temas centrales de Esquilo. 

    Para terminar con Agamenón, os dejo un regalito lingüístico, una curiosidad. Investigando en la IA otras combinaciones de palabras con significado intrincado, apareció φρενοβλαβής [phrenoblabēs], algo que destroza la mente, un colapso mental y moral, no sólo emocional.

    No lograba encontrarla en mi texto de referencia, así que pregunté, y resulta que hay varios manuscritos para la misma obra, con algunas diferencias, algunos más populares que otros. En uno de los dos más habituales, aparece [phrenoblabēs] y en el otro, para la misma línea, φρενῶν κεκομμένος [phrenōn kekommenos], del texto que yo seguía. En este término se incide en el hecho de un asalto violento, algo así como un golpe, pero por lo demás, comparten lo fundamental: la mente que está dañada, de manera que ha perdido la habilidad para razonar.

    Veamos la expresión del verso 479 en su contexto (Esquilo, Agamenón, vv. 475-487). Clitemnestra está feliz y segura de que la ciudad de Troya ha caído —Agamenón ha ganado la guerra— por unos mensajes transmitidos a través del fuego de antorcha en antorcha hasta Argos. El Coro reprende esta actitud. 

    ¿Quién es tan infantil o tiene una mente tan trastornada
    que se enardece por estos nuevos mensajes de la antorcha,
    solo para llevarse un golpe cuando la historia es al final otra?

    Tras este descubrimiento, se me ocurrió algo…

    Efectivamente, phrenōn kekommenos y flipar tienen una gran similitud semántica: el hecho de ser golpeado o sorprendido por un shock, cierta información, algo que procede del exterior y que es nuevo para quien está flipando; alguien cuya capacidad de razonamiento parece inútil, no sabe cómo reaccionar ni cómo gestionar la información. 

    Tampoco flipemos con la antorchita…
    Que luego no es lo que habíamos pensado y nos da el bajón.

    .

    Segunda parte
    Las Coéforas

    ἐφυμνῆσαι γένοιτό μοι πυκά-
    εντ᾽ ὀλολυγμὸν ἀνδρὸς
    θεινομένου, γυναικός τ᾽
    ὀλλυμένας: τί γὰρ κεύθω φρενὸς οἷον ἔμπας
    ποτᾶται; πάροιθεν δὲ πρῴρας
    δριμὺς ἄηται κραδίας
    θυμὸς ἔγκοτον στύγος.

    Esquilo, Las Coéforas (vv. 386-393)

    Dejadme alzar un grito de júbilo por un hombre, mientras es apuñalado, y por una mujer, mientras perece.
    ¿Y por qué debería ocultar lo que deseo en realidad?
    En la proa de mi corazón
    un agudo espíritu de ira
    —un odio arraigado en lo más profundo—,
    sopla ferozmente. 

    Impresionante.

    Para empezar, veamos quiénes son las coéforas. Son un grupo de mujeres esclavas encargadas de llevar libaciones a la tumba de Agamenón, acompañadas por Electra. Las libaciones son ofrendas líquidas, como vino —normalmente mezclado con agua—, miel, leche… 

    Son las que representan al Coro en esta segunda obra, que al mismo tiempo transmiten los pensamientos y los sentimientos del héroe. Compartían con Orestes, el protagonista de la trilogía, el odio a la corrupta Casa de Argos.

    ¡¡RECAP!! Quería comentar que Agamenón había sacrificado a Ifigenia, es decir, a su hija —¡hermana de Orestes!—, para que tuviera suerte en la guerra de Troya. Como era de esperar este hecho a la Clitem no le sentó nada bien, y fue uno de los motivos por los que mató a su marido; puede que otro fuese que mientras estaba en la guerra le puso los cuernos con Egisto, que por cierto, era sobrino de su primer marido, Tántalo. 

    Este detallito de Ifigenia no se menciona en Las Coéforas, aunque sí en Agamenón. Lo fuerte es que ni siquiera lo recuerdan sus propios hermanos, Orestes y Electra, que se limitan a rabiar por la muerte de su padre y la caída en desgracia de la casa de los Atridas. 

    Orestes regresa a Micenas. Vuelve de la guerra después de muchos años dado por muerto. ¿Qué se encuentra? Su madre ha matado a su padre, la casa está en manos de un random que está liado con su madre… Menudo panorama. Orestes es todo ira. 

    ¿Qué es lo que pretende hacer? Matar a su propia madre, Clitemnestra, y también a su amante Egisto, ambos artífices del asesinato de su padre, Agamenón. 

    Puede que por una parte se justifique la acción del héroe por los designios divinos —Apolo le ha instado en sueños a que vengue a su padre, aunque no necesita un gran empujón de Loxias para cargarse a su madre, precisamente… 

    Se alude constantemente a la Justicia, y que estas muertes deben llevarse a cabo en su nombre—una justicia que Esquilo pretende poner a examen con esta trilogía ante la sociedad griega: ¿Esto del ojo por ojo nos sale a cuenta? ¿No habría que darle una vuelta? #unpoquitodeporfavor En la tercera parte, Las Euménides, hay monólogos que parecen breves pero precisos tratados de filosofía de la justicia. ¡Y todo esto es una obra de teatro!

    Mucho ha llovido desde entonces hasta estos días, días en los que David Mamet sostiene que el drama no está para dar lecciones de moralidad ni para enseñar nada… En casi 2500 años la sociedad ha cambiado un poquito, así que probablemente tenga razón; aunque dudo que aprendas más en Tinder que en el teatro —yo he aprendido mucho en Tinder, pero es que yo aprendo mucho en cualquier sitio [Mi nombre es Bob Esponja y estoy aquí custodiando El Crustáceo Crujiente – VÉASE entrada respecto a los auto-ejercicios de recuperación de la fricativa apicoalveolar sorda [s̺] ]

    Sin embargo, a pesar de la rabia y las ganas de venganza, en lo más hondo de su ser hay algo que le frena. Está sufriendo una tormenta emocional. Ese barco lleno de ira no navega con viento a favor: es una lucha contra lo que Orestes presiente, o más bien, sabe: que sus acciones traerán consecuencias nefastas para él —de nuevo el exilio, y algo peor: demencia. 

    Este dilema es uno de los ejes centrales de la trilogía. 

    Al final de la obra se habla de una tormenta simbólica que desciende sobre la casa. La mente de Orestes empieza a sufrir los efectos de las Furias, y su phrēn (otra vez esa raíz) gira como un torbellino (mente, espíritu, corazón, intelecto ¡Oh! ¿«Frenopatía» no era «enfermedad mental»!? Bien sûr). 

    .

    Tercera parte
    Las Euménides

    Seguramente Esquilo no inventó el positive thinking, pero fue de los primeros en ponerlo en un escenario. 

    Antes de continuar, me gustaría comentar brevemente que el título de esta parte es un guiño, una ironía, ya que a las Furias o Erinias se las llamaba Euménides (Las benévolas), por temor a sus castigos. El coro protagonista en esta parte son precisamente ellas, las Erinias, deidades persecutoras del matricidio, un grupito de lo más encantador. Es espeluznante y magistral cómo las describe (Esquilo, Las Euménides, vv. 46-59).

    Ha sido una gozada leer esta última parte. Como no estoy para comentar en general la obra, aunque mucho se podría decir de ella, y no quiero destriparla demasiado, directamente os dejo un par de versos cercanos en el texto que guardan relación y los comento.


    καὶ μὴ πρόκαμνε τόνδε βουκολούμενος πόνον:
    μολὼν δὲ Παλλάδος ποτὶ πτόλιν […]

    (Esquilo, Las Euménides, vv. 78-79)

    No te canses dándole vueltas a este pesar.

    Esquilo utiliza βουκολούμενος [boukoloumenos], el participio del verbo βουκολεῖν [boukolein]), que significa pastorear, cuidar de un rebaño. Sin embargo, aquí lo que se pastorea no son animales, sino el drama, la paranoia mental, el problema, el agobio… Ese que a veces nos negamos a soltar, a dejar ir, a que se escape… como si fuera una ovejita a la que hay que cuidar, proteger y tener bien vigilada.

    En la traducción de David García Pérez (UNAM, 2021) lo he visto como rumiar, muy acertado, ya que aúna el concepto metafórico y el literal. De hecho, el verso completo lo traduce como «Y no te agobies rumiando este pesar». ¡Cómo no disfrutar de un clásico con traducciones así!

    Unos versos más adelante nos encontramos con más coaching por parte de Apolo a Orestes.

    μέμνησο, μὴ φόβος σε νικάτω φρένας.

    (Esquilo, Las Euménides, vv. 88)

    Recuerda, que el miedo no venza a tu mente.

    Otra vez he ido a dar con la palabrita phrenes… Prometo que no ha sido a posta… Por suerte, he vuelto a descubrir algo interesante.

    En el sigo V a.C., los griegos no creían que el cerebro fuera el único centro del pensamiento. Phrenes se refiere al área del diafragma, pulmones, o el «corazón» del pecho. Esta zona tiene una función psicológica. Debido a que esta parte del cuerpo reacciona a emociones intensas —tu respiración varía si tienes miedo sientes angustia—, los griegos pensaba que era el verdadero hogar de la razón, el espíritu y la emoción.

    Así que, cuando Apolo literalmente le dice «no dejes que el miedo conquiste a tu phrenes», se refiere al estado interno de Orestes —sus pensamientos racionales y su coraje emocional— que los griegos consideraban que estaba en el pecho más que en la cabeza.

    En definitiva, Apolo intenta quitarle las paranoias mentales a Orestes, que deje darle vueltas al dolor, al peso emocional, al calvario que está experimentando, así como darle coraje para afrontar lo que viene por delante. En otras palabras:

    Recuerda, no te dejes vencer por el miedo… Y no te rayes.

    …

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