27 de julio de 2025 (primer post – borrado hace unos días) 7 de septiembre de 2025 (revisión de la historia, borrada y recuperada: no quiero ser la persona que piensa así / No caí entonces: ayer la peli FRACTURE me recordó esta edición, y me he decidido a re-publicarlo definitivamente, tras la lectura del último post de Sheila)
Por cierto, al final siempre acabamos llegando a un lugar que ni nos habíamos planteado —puede que hasta mejor—, por nuestros propios medios, y sin esas personas que hemos idealizado acompañándonos.
Sonrisas de tierra, cuando me doy cuenta de que, de una manera muy a mi manera, formas parte de mi vida real, y aunque no estés a mi lado, la montaña me hace pensar en lo que eres, y en esos lejanos caminos que una vez exploramos. La tierra me recuerda inevitablemente a ti, y siempre lo hará.
Sonrisas de agua, las que dibujan mis dedos cuando te siento dentro de mí.
Sonrisas de fuego, las que arderían en mi cara si alguna vez me llegaras a escribir «Estoy llegando», «Me ha gustado estar contigo», «J’ai hâte de te voir».
Sonrisas de aire frío, cuando entiendes que algo se ha acabado, por ejemplo: al ver un globo medio desinflado que ha acabado en la terraza.
Sonrisas de aire caliente, las que cierran el círculo. Sentencian. Absuelven momentáneamente… y condenan, siempre condenan a la próxima vez.
Estoy nerviosa. Tengo muchísimas ganas de conocerles. Estoy acostumbrada a entrevistas de trabajo desastrosas, pero esto es otra cosa. Llevo días pensando en el modelito que me voy a poner. Tengo preparadas un par de opciones, por lo que pudiera pasar.
Me he decidido por un vestido de lino blanco y azul, justo por encima de las rodillas, y escote caja. No hay mucho que esconder ni mucho que enseñar. Podré ser yo misma, que es lo que me importa.
Recibo un audio. «Hola… Estoy a 5 minutos. Un besito… »
Gracias a las hadas de L’Oreal, la raya me ha salido bien hoy. Bueno, la medio raya… Hace ya meses que cambié la forma de maquillarme los ojos. Respiro y me oigo el estómago. Hoy he preferido no desayunar, pero confío en que la charla lo disimule durante los primeros minutos.
Recibo un mensaje, y sin percatarme del paso del tiempo y el espacio, estoy en el asiento del copiloto.
—¿Qué? ¿Preparada? —Y ellos, ¿lo están? —suelto con un aire de suficiencia intentando disimular que estoy a años luz de estar preparada. ¿Cómo voy a estar preparada si aún me tiemblan las piernas si él me mira de perfil—. —Hace un día magnífico. —Sííí. Un día así es para pasarlo en una casa de campo.
Y me dejo caer con todo mi pasado y mi presente en mi asiento. Me dejo llevar por él y por el paisaje, algo que se ha convertido en una de mis cosas favoritas. A veces no hablamos en el coche. No siempre nos hace falta.
—Ponte a la Ceci. —Jajajaja. Como quieras.
Y suena «L’Olimpiade». Tutta la vita un mar… Y yo me muerdo la lengua por no arrancarme a hacer el ridículo, aunque me pongo a hacer algún aspaviento.
Llegamos enseguida. Siempre se me hacen cortos los trayectos con él. Pongo el pie derecho fuera del coche, como si fuera la primera vez que me bajara de uno, e inmediatamente me repliego. Casi sin darme cuenta, tengo la cabeza de un golden retriever restregándose por mi regazo y mis piernas.
—¡¡Étienne!! ¡Ven aquí ahora mismo! No hace nada… Tranquila. Solo es muy efusivo… —Ya lo veo… —¡Llegáis temprano! —no lo dice como un reproche; de hecho parece sorprenderse agradablemente por ello, y eso me emociona. Ni siquiera me conocen pero ya tienen ganas de que esté allí—. —Había poco tráfico.
Bisous. Bisous. Bisous.
Allí están, parte de la familia de mi novio («¡Mi novio!»). La madre, a la que ya conocía, dos hermanas con sus maridos, y varios sobrinos, a cada cual más guapo, alguno de ellos acompañado por su novia. Once o doce personas… Me hago un lío cuando pasan de cuatro: no estoy acostumbrada a contar tantos parientes. Pero son encantadores. Me hacen sentir parte de algo, de un núcleo más grande que una familia monoparental.
Cuando llega la hora de contar un poco sobre mí, me siento con fuerzas. He comido algo, ya no me ruge el estómago, estoy relajada y expectante. Cuando le miro, aunque solo de vez en cuando, porque he estado en varias conversaciones al mismo tiempo, me sonríe con los ojos. Parece decirme «Adelante. Todo está bien». Cuento en qué trabajo, qué he hecho hasta ahora, y describo brevemente la situación de mi familia, que no es que tenga que resumirla, precisamente: es breve, de por sí. Y entonces, recuerdo, comentando a qué se ha dedicado mi madre, que ella estudió francés en su día, antes de que yo apareciera inesperadamente, mi padre se largara y tuviera que prepararse las oposiciones y aprobarlas en un tiempo récord. Y me da por pensar qué no se perdería mi madre por haberme tenido. Una mujer moderna, con estudios, con inquietudes, que podría haber viajado, haberse dedicado a algo artístico incluso. Pero no ocurrió nada de eso. Toda una vida trabajando para darme lo mejor, luchando con toda clase de dificultades y dentro del aislamiento en el que siempre hemos vivido. Pero no llego a decir nada de eso, que pasa como una ráfaga por mi mente. Derramo una lágrima. Sonrío. Inspiro profundamente. Él, que está a mi lado, nota que algo no está bien, me acerca a su cuerpo con su brazo y me besa en la mejilla.
—¡Por las madres! —dice una de las tías—. —¡Por las madres! —¡¡WOUF!!
Esto lleva en el tintero desde agosto del 2024. Imaginarme esa comida me llevó efectivamente al llanto. Estaba muy sensible por aquella época (bueno, creo que ese es mi estado natural, y en relación con el asunto Julio especialmente). Es curioso porque la relación con mi madre ha sufrido golpes y cambios importantes durante los últimos años. Aún así, el amor está ahí. Ahora parece que ese proceso está llegando, por fin, a su conclusión, aunque debemos seguir trabajando día a día. Sin embargo, tengo muy claro que ha habido cosas excepcionales y que siempre, siempre, estaré agradecida.
Este el primer texto que escribo en el blog «como tarea». Estaba nerviosa, pero sabía que tenía que hacerlo. Me he sentido como una escritora de verdad. Después de hacer las cosas de casa pertinentes, me he sentado frente al portátil, y he empezado. Además, parece que lo he hecho justo cuando acaba el año astrológico, acompañando al final de otros procesos.
En vez de estar buscando trabajo (aunque no serviría de mucho) o haciendo otra cosa supuestamente útil por mi vida, o rallándome y hundiéndome en la más absoluta miseria pensando en la mierda de vida que tengo, he decidido dedicarle un tiempo a este post que, afortunadamente, volvió a saltar en mi reader; un post al que le di un Me gusta rápido, pensando… «Oh, ya lo volveré a leer después», como cuando tenemos una de esas ideas de escritura que pavimentan el camino al Pulitzer y que nunca apuntamos porque seguro que nos acordamos. Esta vez lo dejé en las pestañas del navegador. Además, lo estoy leyendo en la web principal, como a mí me gusta leer los blogs: como sus dueños los diseñaron, ya que forma parte del tono de los textos y del alma del escritor. Qué gran post. Es tremendo.
Aún siendo filóloga, habiendo analizado un porrón de textos —el últimocasi inauguró el blog—, y supuestamente habiendo adquirido la expertise para hacerlo correctamente, hay veces que aunque el texto me provoque una intensa emoción, a la hora de expresarlo, parezco retrasada perdida . También me pasa cuando estoy/me relaciono con alguien que me gusta, y vaya si recuerdo cómo me fue la última vez… En mi defensa diré que hablar sobre sentimientos ajenos es algo más complicado que sobre los míos.
Ahora, me permito decir lo que pienso con el 99% de las personas de este mundo (ese 1% incluye al que menciono agotadoramente en el blog, aun sin nombrarlo). Seguramente, también parezca retrasada. En cualquier caso, me he decidido a compartir estas incoherencias contigo (y con el resto del mundo).
Este texto es una preciosidad… y plagado de imágenes excelentes, que invitan a leerlo una y otra vez, para toparte con un guiño que habías pasado por alto mientras asimilabas otras sensaciones compartidas con honestidad y maestría. Escribes muy bien, CatBallou. Solo se puede escribir así cuando se ama la vida y lo que la rodea, bueno y malo. Y solo cuando te comprendes —y perdonas, o al menos, haces todo lo posible por hacerlo— a ti misma.
Cómo me ha gustado lo de «esto luego dolerá precioso»…. A mí me ha pasado, y eso que nunca ha habido reciprocidad… El dolor puede ser muy exclusivo. La manera en la que nos engañamos a nosotros mismos nunca deja de sorprenderme.
Siento envidia, porque me gustaría poder estar liberada de los bloqueos, reales e imaginarios, propios y ajenos, con los que me enfrento cada día a “mi vida”… para así escribir mejor. No es una excusa. Lo desearía con todas mis fuerzas, y sufro por no poder llegar ahí. Por otra parte, apenas he amado. No he tenido la oportunidad. Y sé que la ficción podría ayudarme, pero es que me da tanta rabia que lo único que vaya a tener en mi vida sea de mentira, que no me lanzo a escribir más sobre lo que sé que podría sentir… o hacer.
Nosotras lo seguimos haciendo, o lo intentamos, cada una por su lado, como se puede y cuando se tienen ganas. Eso, sí, con una buena banda sonora, de esas que, por un segundo, te convierten en un ser casi invencible, casi feliz.
El domingo pasado me levanté a las 5. Terminé de bajar todas las cosas al coche, con la suerte de que ya no estaba lloviendo y pude hacerlo tranquilamente. Me encantan las ciudades un domingo a esas horas. Están limpias, vacías, son la promesa de…
The city seen from the Queensboro Bridge is always the city seen for the first time, in its first wild promise of all the mystery and beauty in the world.
No sé yo si alguien que llega al puerto de Algeciras en barco tiene esta sensación… Jajajaja… Lo digo porque yo vivía por esa zona, y mi coche estaba en frente del puerto, en el Llano Amarillo —creo que ya he mencionado este parking público, un sitio en el que me han sucedido… cosas extrañas pero bien. Por cierto, resulta que compré una camiseta con esa cita de la novela, y yo ¡¡¡sin saberlo!!! Los diseños de las camisetas pueden ser lo más random del mundo. Aunque en este caso iba a colación, solo que estaba oculto…
Bueno, como yo no soy F. Scott Fitzgerald, queescribió cosas como «Ninguno de nosotros podía ignorar el apremio estridente y metálico del quinto comensal», os tendréis que conformar con lo que hay. También podéis leer El gran Gatsby. Qué novelón, joder 💛
Cuando terminé de bajar todo, me grabé dejando la habitación de alquiler —porque el casero estaba missing in action desde hacía semanas. Me fui, por fin, de un piso en el no pude ducharme en los dos meses que estuve allí. Lo hice un par de veces, pero meter los pies en agua a temperatura de infusión que se ha quedado fría en un baño-cueva tiene sus consecuencias. Tener que ir al gimnasio (al que pensabas apuntarte) a ducharse es un fastidio. Como ha llovido lo más grande, muchos días tenía que claudicar y lavarme en casa por partes, porque no podía volver a casa echa una sopa. Quero pensar que lo poco que entrené durante ese tiempo me ha servido para reforzar y mantener mi estructura, que ha sufrido un percance…
Me largué del puto piso, eché gasolina de la barata y cogí carretera y manta.
A día de hoy el casero sigue vacilándome respecto a la fianza. Ojalá pudiera publicar el audio que me ha enviado. Un sick de mierda, es lo que es.
Podría contar mucho sobre lo que me ha supuesto estar compartiendo piso, en ese y en el anterior. He llegado a una conclusión que se resume en una palabra: CARAVANA. Ya sé lo que es estar sin ducharme en condiciones, así que estoy preparada para la vida en un espacio reducido y con pocas comodidades. En cambio, no tendría que aguantar olores corporales o de otras clases ni que me tocasen los cojones de tantísimas maneras.
Me jode muchísimo haber compartido cosas muy importantes para mí con gentuza, lugares clave que han sido manchados, y haber perdido oportunidades por pensar en los demás… ¡con una compensación de mierda! No es que yo espere nada, pero que encima te hagan putadas, y gordas, NO.
Estos meses me he dado cuenta de que no me gusta la gente. Después de semejante afirmación, no me creeríais si os digo que, por defecto, yo pienso en los demás, y procuro su bienestar. Pero es así. El problema es que ahí fuera no funciona de la misma manera. Además, me cuesta muchísimo encontrar a gente que esté a mi altura. Total, que a la mitad de los 40 me he dado cuenta de que no soporto al personal, que estoy harta de tanto gilipollas y de sus putas mediocridades. Que se acabó. Me sobra el 99% de la gente.
Ha pasado una semana. Este lunes por la mañana me caí en la nueva casa, en la que va a ser la casa familiar a partir de ahora: buen comienzo. La caída podía haber sido mucho peor, así que estoy agradecida. Lo voy llevando bien, aunque con molestias y muy lentamente. Espero no tener que acudir a fisioterapia porque este es un pueblo muy pequeño y tendría que ir en coche a no sé dónde. Veré cómo evoluciona la cosa. Más allá del pronóstico y el tratamiento, aquí ha habido cosas raras, llamémoslas energéticas: otra de la razones por las que no voy a compartir mi vida con nadie extraño a partir de ahora. Ya me enfrento yo a movidas a diario como para encima lidiar con cositas raras de gente del trópico. NO.
Esta caída ha trastocado bastante mi primera semana en esta casa, que además la he disfrutado a solas (hoy se me acaba el chollo). Soy una persona muy activa, y estar en este estado me coarta. Hay muchas cosas que hacer, y no he podido llegar a todo… teniendo además que gestionar—lo que lleva tiempo y esfuerzo—pérdidas de agua y goteras, para evitar otras caídas. Al menos ayer no llovió y estuve más libre en ese aspecto. A pesar de todo, he podido disfrutar de varios momentos, incluso de grabarme cantando copla, el mismo día de la caída, por la tarde-noche. (¡Qué coño tiene la niña! 💛)
¿Cómo será la nueva semana? ¿Qué tendré que contar el próximo domingo? De hecho, ¿llegaré al próximo domingo?
Hoy comparto un montón de cosas random que se me han ocurrido recientemente, y otras que quería comentar desde hace tiempo.
La entrada Senseien realidad acababa con esta frase de abajo, pero me faltó valentía para publicarlo entonces. Dicen que todo aquel capullo que te jode en mayor o menor medida, es un maestro, y yo, que soy una esponjita… [s̠] Pero a veces, hay que decir…
Hay lecciones innecesarias y maestros que no están a mi altura.
Os confieso que lo mío va por quinquenios: me cuelo de un tío cada 5-10 años aproximadamente. De este último no llega al añito y medio, y qué meses, y qué hombre… Así que no sé cómo ni cuándo acabará la cosa, al menos, en esta parte de charco —con eso quero decir, en mi caso. En el suyo… me sorprendería que se acordara de mi nombre, aunque tengo cierta sospecha de que sí, pero no quiero pensar que son mis ganas… Es complicado en este asunto separar mis instintos cada vez más desarrollados con el enchochamiento.
Es difícil dejar de querer a alguien que no conoces realmente.
Esa frase es de Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet [x]. Me encantó. Descubrí un perfil de Lili Taylor que no conocía. Y coño, qué bien le sentaron los años al McCarthy. Confieso que soy del #teamcrianza
Entradas recomendadas de la semana ~o algo así~
He creado en exclusiva este icono para Gotham, que escribí hace bastante. La magnífica entrada de CatBallou me la ha recordado… En la entrada de Sheila, el coño está de prestado por interés, pero quería recomendarla, y punto 😏
Mis entradas más populares de la semana ~o algo así~
Algo interesante con lo que me tope estando aún en Algeciras (esta semana no he estado para andar de researcher online)
Las voces puta y puto y sus equivalentes en otras lenguas han sido objeto de estudio en trabajos sobre tabú, en tanto que pertenecen al ámbito de la sexualidad y esta, como dijimos, es uno de los ejes semántico-cultural que genera mayor interdicción en todas las lenguas del mundo. Además del sexo, la muerte, la enfermedad, la divinidad y religión, las secreciones del cuerpo, la limpieza y la suciedad, el parentesco, los alimentos, el fenotipo y el comportamiento social asociado a habilidades cognitivas del ser humano son los diez espacios culturales y cognitivos que alimentan el tabú en la mayoría de las lenguas. [LINK]
Con comentarios así, da gusto estar en WordPress…
Querida Jime, pues si estás ahí, en ese punto, sabemos que duele, pero si es consuelo: solo la gente valiente, que se ama a si misma elige pasar el fuego rumbo a ser más su esencia y estar más conectada. Totalmente al revés del modo en que se vive hoy en día: disociado. Tomate tu tiempo para escribir si lo deseas, no me debes nada, aunque confieso que tus correos son bellísimos. Te mando un gran abrazo.
¿Cómo sería tu relación ideal? Me pregunto dónde se desarrollaría esa relación ideal, y no logro imaginar un lugar para ella. ¿Acaso existe?
Supongo que me permito ser demasiado exigente, ¿y no debería? Cambiar mi wishlist no es una opción. Es precisamente ese repertorio de deseos el que enarbolo ante una ausencia —física, comunicativa o emocional—, cuando me siento rechazada y poca cosa; retahíla que me ayuda a mantenerme a flote durante un brevísimo periodo, y con la que me convenzo de que así estaré mejor. Esa lista —podría pasar por una receta de arroz con pollo— se queda en papel mojado cuando me percato de las muchas y diversas carencias que tengo para enfrentarme a una relación hoy en día.
¿Cómo era…? «[…] encontrarse manifiestamente en estados o situaciones transitorias que no responden a las exigencias físicas, psicológicas y/o sociales de los respectivos tipos de relaciones y de los otros implicados».
Cazar sin licencia.
A veces me da por protestar: será que me hago mayor, y no aguanto gilipolleces ya, aun a sabiendas de todo lo mío —o no mío. Pataleo y me rebelo contra lo que parece ser la to-do / checklist del personal en general: Hazte la tonta; omite esto y aquello; no muestres esta parte (hasta que sea demasiado tarde); domina la narrativa; invéntatelo, qué; cuánto, cómo (pero nunca «por qué»).
El paraíso no existe; una relación ideal, tampoco. Probablemente sea como un cofre escondido para el que tengo un mapa, uno que está tan lleno de cruces y marcas que es imposible descifrar dónde está enterrado el tesoro.
Tendré que conformarme con buscar mi espacio, y darme mimitos y caña a partes iguales.
(Ese tipo de caña daría para otra entrada, no es lo que parece a simple vista).
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