No sé qué me ocurre, pero no logro ponerme a escribir y publicar algo decente. Me siento aterrizando aún… Tengo ideas, pero me falta algo… No sé si será energía (volver a tratar de que no me controlen todo el día, entre otras cosas, cansa mucho); influye haber vivido en 7 casas en los últimos 4 años —en esta, que parece ser algo más definitivo, por ser la casa familiar final, aún estamos poniendo las cosas en orden—; adaptarse a tantos sitios nuevos cansa: de nuevo, una habitación/vida que tengo que llenar/ordenar/organizar. Por otra parte, me estoy recuperando de la caída. He tenido dos veces la regla aquí y no sé ni cómo ha pasado el tiempo tan rápido… Estoy a 1000 metros más de altura: he pasado de estar al nivel de mar a estar rodeada de montañas. O quizá sea la posición de los astros: estamos en época de eclipses, Júpiter entra directo en Cáncer… Necesito fluidez mental… Necesito conectar con lo que tengo delante… O mejor aún, desconectar de todo completamente.
El domingo pasado me levanté a las 5. Terminé de bajar todas las cosas al coche, con la suerte de que ya no estaba lloviendo y pude hacerlo tranquilamente. Me encantan las ciudades un domingo a esas horas. Están limpias, vacías, son la promesa de…
The city seen from the Queensboro Bridge is always the city seen for the first time, in its first wild promise of all the mystery and beauty in the world.
No sé yo si alguien que llega al puerto de Algeciras en barco tiene esta sensación… Jajajaja… Lo digo porque yo vivía por esa zona, y mi coche estaba en frente del puerto, en el Llano Amarillo —creo que ya he mencionado este parking público, un sitio en el que me han sucedido… cosas extrañas pero bien. Por cierto, resulta que compré una camiseta con esa cita de la novela, y yo ¡¡¡sin saberlo!!! Los diseños de las camisetas pueden ser lo más random del mundo. Aunque en este caso iba a colación, solo que estaba oculto…
Bueno, como yo no soy F. Scott Fitzgerald, queescribió cosas como «Ninguno de nosotros podía ignorar el apremio estridente y metálico del quinto comensal», os tendréis que conformar con lo que hay. También podéis leer El gran Gatsby. Qué novelón, joder 💛
Cuando terminé de bajar todo, me grabé dejando la habitación de alquiler —porque el casero estaba missing in action desde hacía semanas. Me fui, por fin, de un piso en el no pude ducharme en los dos meses que estuve allí. Lo hice un par de veces, pero meter los pies en agua a temperatura de infusión que se ha quedado fría en un baño-cueva tiene sus consecuencias. Tener que ir al gimnasio (al que pensabas apuntarte) a ducharse es un fastidio. Como ha llovido lo más grande, muchos días tenía que claudicar y lavarme en casa por partes, porque no podía volver a casa echa una sopa. Quero pensar que lo poco que entrené durante ese tiempo me ha servido para reforzar y mantener mi estructura, que ha sufrido un percance…
Me largué del puto piso, eché gasolina de la barata y cogí carretera y manta.
A día de hoy el casero sigue vacilándome respecto a la fianza. Ojalá pudiera publicar el audio que me ha enviado. Un sick de mierda, es lo que es.
Podría contar mucho sobre lo que me ha supuesto estar compartiendo piso, en ese y en el anterior. He llegado a una conclusión que se resume en una palabra: CARAVANA. Ya sé lo que es estar sin ducharme en condiciones, así que estoy preparada para la vida en un espacio reducido y con pocas comodidades. En cambio, no tendría que aguantar olores corporales o de otras clases ni que me tocasen los cojones de tantísimas maneras.
Me jode muchísimo haber compartido cosas muy importantes para mí con gentuza, lugares clave que han sido manchados, y haber perdido oportunidades por pensar en los demás… ¡con una compensación de mierda! No es que yo espere nada, pero que encima te hagan putadas, y gordas, NO.
Estos meses me he dado cuenta de que no me gusta la gente. Después de semejante afirmación, no me creeríais si os digo que, por defecto, yo pienso en los demás, y procuro su bienestar. Pero es así. El problema es que ahí fuera no funciona de la misma manera. Además, me cuesta muchísimo encontrar a gente que esté a mi altura. Total, que a la mitad de los 40 me he dado cuenta de que no soporto al personal, que estoy harta de tanto gilipollas y de sus putas mediocridades. Que se acabó. Me sobra el 99% de la gente.
Ha pasado una semana. Este lunes por la mañana me caí en la nueva casa, en la que va a ser la casa familiar a partir de ahora: buen comienzo. La caída podía haber sido mucho peor, así que estoy agradecida. Lo voy llevando bien, aunque con molestias y muy lentamente. Espero no tener que acudir a fisioterapia porque este es un pueblo muy pequeño y tendría que ir en coche a no sé dónde. Veré cómo evoluciona la cosa. Más allá del pronóstico y el tratamiento, aquí ha habido cosas raras, llamémoslas energéticas: otra de la razones por las que no voy a compartir mi vida con nadie extraño a partir de ahora. Ya me enfrento yo a movidas a diario como para encima lidiar con cositas raras de gente del trópico. NO.
Esta caída ha trastocado bastante mi primera semana en esta casa, que además la he disfrutado a solas (hoy se me acaba el chollo). Soy una persona muy activa, y estar en este estado me coarta. Hay muchas cosas que hacer, y no he podido llegar a todo… teniendo además que gestionar—lo que lleva tiempo y esfuerzo—pérdidas de agua y goteras, para evitar otras caídas. Al menos ayer no llovió y estuve más libre en ese aspecto. A pesar de todo, he podido disfrutar de varios momentos, incluso de grabarme cantando copla, el mismo día de la caída, por la tarde-noche. (¡Qué coño tiene la niña! 💛)
¿Cómo será la nueva semana? ¿Qué tendré que contar el próximo domingo? De hecho, ¿llegaré al próximo domingo?
Hoy comparto un montón de cosas random que se me han ocurrido recientemente, y otras que quería comentar desde hace tiempo.
La entrada Senseien realidad acababa con esta frase de abajo, pero me faltó valentía para publicarlo entonces. Dicen que todo aquel capullo que te jode en mayor o menor medida, es un maestro, y yo, que soy una esponjita… [s̠] Pero a veces, hay que decir…
Hay lecciones innecesarias y maestros que no están a mi altura.
Os confieso que lo mío va por quinquenios: me cuelo de un tío cada 5-10 años aproximadamente. De este último no llega al añito y medio, y qué meses, y qué hombre… Así que no sé cómo ni cuándo acabará la cosa, al menos, en esta parte de charco —con eso quero decir, en mi caso. En el suyo… me sorprendería que se acordara de mi nombre, aunque tengo cierta sospecha de que sí, pero no quiero pensar que son mis ganas… Es complicado en este asunto separar mis instintos cada vez más desarrollados con el enchochamiento.
Es difícil dejar de querer a alguien que no conoces realmente.
Esa frase es de Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet [x]. Me encantó. Descubrí un perfil de Lili Taylor que no conocía. Y coño, qué bien le sentaron los años al McCarthy. Confieso que soy del #teamcrianza
Entradas recomendadas de la semana ~o algo así~
He creado en exclusiva este icono para Gotham, que escribí hace bastante. La magnífica entrada de CatBallou me la ha recordado… En la entrada de Sheila, el coño está de prestado por interés, pero quería recomendarla, y punto 😏
Mis entradas más populares de la semana ~o algo así~
Algo interesante con lo que me tope estando aún en Algeciras (esta semana no he estado para andar de researcher online)
Las voces puta y puto y sus equivalentes en otras lenguas han sido objeto de estudio en trabajos sobre tabú, en tanto que pertenecen al ámbito de la sexualidad y esta, como dijimos, es uno de los ejes semántico-cultural que genera mayor interdicción en todas las lenguas del mundo. Además del sexo, la muerte, la enfermedad, la divinidad y religión, las secreciones del cuerpo, la limpieza y la suciedad, el parentesco, los alimentos, el fenotipo y el comportamiento social asociado a habilidades cognitivas del ser humano son los diez espacios culturales y cognitivos que alimentan el tabú en la mayoría de las lenguas. [LINK]
Con comentarios así, da gusto estar en WordPress…
Querida Jime, pues si estás ahí, en ese punto, sabemos que duele, pero si es consuelo: solo la gente valiente, que se ama a si misma elige pasar el fuego rumbo a ser más su esencia y estar más conectada. Totalmente al revés del modo en que se vive hoy en día: disociado. Tomate tu tiempo para escribir si lo deseas, no me debes nada, aunque confieso que tus correos son bellísimos. Te mando un gran abrazo.
Anhelaba tantísimo que pudieras palpar con tus labios, probar con tus manos y ver con tu piel lo que llego a sentir cuando te tengo dentro.
Nunca prometí cualquier cosa por que ocurriera —sin contarme a mí misma—. Nunca pensé que dejaría de importarme.
Con mucho esfuerzo voy logrando no perderme entre tantos «nunca». De vez en cuando me sorprendo disfrutando de un instante ocurrido —sin ti—, como solía hacer.
Empiezo a ser capaz de verte desde la distancia. Ese umbral lo he cruzado sin querer percatarme de que no voy hacia ti… Pero como un niño que rechaza una cucharada, yo niego un sorbo del Lete; me resisto a que el olvido haga y deshaga. Desconozco cuántos umbrales me esperan hasta entonces. Tan solo una certeza: nunca te veré desde la indiferencia.
Hoy me veía bien y me he hecho unas selfies. Suelo fotografiar el reflejo en el espejo porque casi nunca me veo bien en las propias selfies. Estaba tan emocionada haciendo el tonto que no me he percatado de que el espejo estaba lleno de mierda.
¿Cuántas veces me veo reflejada en un espejo sucio? ¿Qué imagen tengo de mí? A partir de ahora, voy a limpiar el espejo todos los días. Me voy a regalar una visión más limpia de mi misma. En realidad, llevo ya un par de semanas interiorizando esa idea, pero hoy me he percatado de que la porquería real no me estaba ayudando, y el simple hecho de limpiarlo me va a acompañar en esta nueva forma de pensar.
¿Os acordáis del vacileo cósmico y de que pasaría algo que traería su espectro de vuelta a mí?
Pues ahora salgo a la terraza y tengo la calle de nuestra última conversación debajo, «la calle del viento». Cuando me dijeron la dirección del piso que iba a ver, no sabía la localización exacta —sólo pensaba en salir de la otra casa urgentemente; no tenía más opciones y además, me gustó.
Quizá si tiro unas rosas negras… Necesito unos chutes de Southern Gothic: Written on the wind (1956), para empezar…
Me recibiste con 9 tanques. Uno de ellos se llamaba Bucéfalo —¿Alejandros a mí a estas alturas? No, querida. Ya no me afecta. Además, yo siempre he sido más de Hefestión, el amigo del tío popular de la clase.
Me recibiste con lluvia —y eso, para mí, más bien es un regalo—; me permitiste desembarcar con apenas dos gotas para luego quedarte a gusto.
Me fui asqueada, consumida, harta. Pero había algo… Y no sólo aquí, sino allí donde fui a parar, donde no podía seguir más tiempo. Así que decidí volver, aunque algo cambiada.
No me lo vas a poner fácil. Lo tengo claro. Estoy preparada. Ya sabes que a mí me va la marcha, y un desafío me pone. Llevémonos bien, por favor. Esto promete.
Dame esas tardes de cielo y mar, esos paseos al faro bajo el sol de sobremesa, esas orillas de las dos aguas, esas noches de Corrupción en Miami… ¡Oh! Algo importante: dame X, Y y Z. Y dame también días nublados…
A girl and a boy caught unawares, excitedly imagining what might happen — becoming adults—, waiting for him to unravel what was in the dark.
…
With a silent summoning to the depths of her soul and maturity, inadvertently, effortlessly, he slowly pulled out the woman and the man in her. Was it deliberate, though? It was painful, for sure. And, suddently, it was all her issue, a single parent of sorts.
…
Now both play hide-and-seek in her gaze, either of whom he’s willing to look at.
Recuerdo la emoción que sentí la primera vez que salí de ese supermercado al anochecer, al ver el cielo cubierto de rosa y tenues rastros amarillos. Hay pocas imágenes capaces de reconfortarme de esa manera. Ésta suele apoyarse en una sensación ambiental específica, una que te indica que el calor del día se ha doblegado, es un anuncio de «alto el fuego» —de duración indeterminada—, tras el que se establecerán los términos de la tregua, y se dará permiso a que llegue la noche. Observarlo un año después en otro establecimiento de la misma cadena —en otras coordenadas; el detallito del paraguas a lo Mary Poppins no es casual… Continuará—me recordó que, con más o menos matices, todo se repite.
Estoy leyendo Acción de Gracias por segunda vez, justo un año después. Y no a propósito; de hecho, ese libro pensaba regalarlo porque, para qué leerlo otra vez. Ni siquiera tenía claro cuándo había sido, tuve que mirar la fecha de compra de Amazon —días convulsos aquellos, no me extraña que me lo leyera como por encima, aunque de algunas cosas me acuerdo. Esta segunda lectura está siendo más concienzuda que aquella; en cualquier caso, siempre somos otros quienes volvemos a leer los mismos libros. Después de leer un par de bolsillo de novela negra española (apenas me duraron 48 horas cada uno; llevo tres semanas sin ver la TV, otro de los cambios recientes) necesitaba algo más contundente, y Richard Ford es bastante contundente. Me está entreteniendo y me está haciendo pensar, más de lo que me gustaría, pero aun así…
— ¿Qué has aprendido siendo agente inmobiliario? — Tiendo a no fiarme de la gente, en cualquier cosa. Y con eso hago que la gente se comporte con total libertad. Si se confía de manera innecesaria en la gente, todo el mundo incurre en cierta obligación. No juzgar es mucho más fácil. Cuando no pensaba que aquel tío fuera a volver [uno que le había prometido volver con un cheque como señal para la compra de una casa], no es que no creyera en la verdad de sus palabras. Sencillamente me niego a hacer que la gente cargue con una responsabilidad añadida porque esté poco segura de sus intenciones. Necesitar que le crean a uno es una carga demasiado grande.
Ya tengo el rabillo del ojo puesto en el debut de Capote, que no es que empezara muy light, precisamente…
Edit: Resulta que a Acción de Gracias ya lo había paseado por estas latitud y longitud (φ y λ), durante mi primera lectura. Ni me acordaba. Ha sido al llegar a una parte específica del libro, ya en el último tercio, cuando me he recordado deteniéndome el en los mismos párrafos que hoy. El recuerdo es algo extraño.
«And to think that I wanted to clean posh toilets for a living,» says the one who wrote the commentary above.
¿Que cómo llegué a este poema? Buscando información sobre un edificio antiguo de Algeciras (el González-Gaggero) que se cae a pedazos (¿y qué no?), del cual he sentido la amenaza por riesgo de desprendimientos durante semanas… Tres meses después se han dignado a poner una malla en la fachada. Curiosamente, este tema también me está tocando cada vez más de cerca; llevo comprobando que eso de que todo está conectado va a resultar que es verdad, y con bastante intensidad estos últimos meses. En cualquier caso, no sé cómo pasé del edificio en los late 1920s al poema.
Estuve buscando información y AIuda para desgranar cada estrofa, cada línea. Me costó especialmente la segunda estrofa y la frase entre guiones; no era capaz de conectar sujetos con verbos… Pero lo conseguí… Y vaya tela. Sentí que el Universo me estaba vacilando una vez más, porque esa segunda estrofa es un resumen de una parte (una capa) de mi estancia en Algeciras.
Cuando empecé a trabajar en el poema pensaba que seguiría en la ciudad. Ahora que sé que me voy definitivamente, me he dado cuenta de que estoy escribiendo con muchas más ganas, y este análisis es sólo un ejemplo.
Alguien me dijo: «Tú has venido a Algeciras por algo». Dejando a un lado la opción más prosaica (Hacienda), supongo que tenía razón, y quiero pensar que sé la respuesta.
Ha sido un purgatorio. Ha sido una putada. Pero no me cambiaría por la persona que llegó aquí.
Debe estar conectado para enviar un comentario.