27 de julio de 2025 (primer post – borrado hace unos días) 7 de septiembre de 2025 (revisión de la historia, borrada y recuperada: no quiero ser la persona que piensa así / No caí entonces: ayer la peli FRACTURE me recordó esta edición, y me he decidido a re-publicarlo definitivamente, tras la lectura del último post de Sheila)
Por cierto, al final siempre acabamos llegando a un lugar que ni nos habíamos planteado —puede que hasta mejor—, por nuestros propios medios, y sin esas personas que hemos idealizado acompañándonos.
No sé cuándo voy a apagar el móvil sin procrastinar. Siempre pienso que por un guiño mágico, desde una dimensión en la que seguramente habite mi ángel de la guarda, al que estoy muy agradecida, puede que te dé por ponerme un WhatsApp a esas horas en las que solíamos escribirnos. Ufff, esa perífrasis la he usado muy libremente. Qué curioso que diferentes personas usamos las mismas palabras para explicar la misma situación de forma diferente, los mismos fonemas… Es lo mismo, pero no es lo mismo.
Como soy social-life free y professional-life free, me puedo permitir apagar el móvil pronto, pero esa posibilidad inventada diaria me deja lingering… from what could be, and never is. A veces se me olvida que no lo he apagado y se queda toda la noche encendido.
Muchas de las cosas que hago a diario, ya sean grandes —más bien medianas—o pequeñas, las pongo bajo el cristal de lo que tú considerarías bueno. ¿Le gustaría? ¿Estaría orgulloso de mí? ¿Este hecho hubiera hecho que las cosas hubieran sido diferentes? ¿Y si hubiera esperado a haber hecho esto o aquello antes de acercarme a él? Es como estar bajo la atenta mirada de unos ojos que en realidad ni siquiera quieren mirarme. Critico cada fracaso bajo el yugo invisible de lo que pudieras pensar, si pensaras en mí.
Porque ya ha pasado mucho tiempo, mucho… Ahora ni siquiera un día nublado podría hacer que mi recuerdo te acosase. En caso de que muy de vez en cuando lo haga, espero que no se te quede una mueca de disgusto, sino incluso de algo casi parecido al cariño. ¿Pero de qué coño estoy hablando? WHAT!? Cuando me permito tener ese tipo de pensamientos, ¿estoy siendo generosa conmigo misma, me estoy dando algo de consuelo… o me estoy hundiendo más en la miseria? Me decanto por lo primero. Las guerras se ganas batalla a batalla, o sea: día a día.
Hice todo lo posible. Por meter la pata y por solucionarlo y por volver a estropearlo. Eché el resto. Fui lo más ingeniosa que pude. Hasta llegué a pedirte una revisión de examen —literalmente—. Tardé horas en escuchar la respuesta a esa petición. Y me la concediste, al menos en principio. Quizá no quise leer entre líneas aquel audio que me catapultó a donde nunca había llegado en mi vida (sin contar YesAsia, Ayumi, y toda aquella Story) para luego hacer el recorrido en sentido contrario. Estuve mucho tiempo en la puerta del despacho esperándote. Y ya no reclamé una décima más. Desistí. Lo dejé pasar.
Yo: «Atención: si vienes, hay obras» (Prosaico, pero real). Tú: «Gracias por la información 😉»
😉 , el emoji para nadar y guardar a ropa.
Por una casualidad de la vida tienes dos nombres. Después de días, semanas, lo que dio para horas y horas contando lo sucedido [suceso principal: la cita en la que más he metido la pata en mi vida; sucesos posteriores: encontrarte de casualidad un mes después en la calle después de haber estado llorando lo más grande porque estaba convencida de que mi vida había sido una mierda debido a la errónea decisión de no seguir adelante con la operación de pecho hace 20 años – ESAS COSAS PASAN, que vas al gimnasio echa una mierda después de un bajón tremendo y ZASCA, te encuentras al que crees que habría sido el hombre de tu vida, Y ENCIMA ESTABAS GUAPÍSIMO, seguro que habías follado); pedirte quedar otra vez y sí, pero no, etc…], después de muchas lágrimas y risas (porque a veces, recordando el suceso, era imposible no reírse preguntándome cómo cojones pude llegar a decir ciertas cosas el día que quedamos), debido a su memoria selectiva, mi señora madre había olvidado tu nombre (tampoco es que le reproche este olvido). Intentando recordar propuso el nombre de Julio. «No, no se llama Julio, pero gracias, ¡GRACIAS!». Porque al retirar tu nombre real de nuestras conversaciones, tu imagen se diluía ya no solo por el paso del tiempo, y tu poder sobre mí empezaría a perder algo de fuerza.
Pero Julio tardó en aparecer. Al principio, y como el universo tiene mucha retranca, estuve semanas expuesta a tu verdadero nombre, al que reaccionaba como un resorte. Afortunadamente, ha dejado de asaltarme, pero tal y como explico aquí, estás sobre mí (como una sombra o los ojos del oculista de Gatsby). Se acaba de cumplir un añito y medio de aquel día, y aún puedo experimentarlo, avergonzarme, emocionarme y arrepentirme como si hubiera sucedido ayer.
Hace un par de meses, hablando con la señora, me justificaba, explicando que todavía te tenía muy presente y te ponía de excusa: «Es que con lo de Julio…». Su respuesta hizo que estalláramos en carcajadas: «Sí, con lo de Julio, y Agosto, y Septiembre…» Porque sí, esto está durando más de lo que pensaba, y ha tenido más impacto de lo que hubiera imaginado. Recuerdo perfectamente que por unas horas o un par de días te había dado por perdido sin ningún aspaviento. No ha cuajado. Vale. Pasando. ¿Por qué volviste a aparecer para ponerlo todo patas arriba?
Intuía que algo fuerte estaba ocurriendo. Días antes de vernos acabé llorando en casa pensando en el desenlace de una historia imaginaria, de esas que no son realmente historias, sino «el devenir de mi vida» (!) que se sucedía en mi pensamiento con una naturalidad apabullante. Es lo que tiene Francia: todo está permitido, es más natural y queda mejor. Más que la historia, lo que recuerdo es la intensa emoción que me provocó el llanto, eso que mi personaje había acabado sintiendo en aquella comida imaginaria. Cuando me he planteado reproducirla, no logro acceder a aquella emoción, como si se interpusiese una hoja de papel carbón gastado entre aquel momento tan vívido y el presente.
Y no, no se me pasa. Da igual donde vaya. Eso de que cambiar de aires es bueno para superar u olvidar es una falacia. Como dice Proust en Por el camino de Swann, «en los lugares nuevos en que las sensaciones no están amortiguadas por la costumbre reanimamos, fortalecemos un dolor».
No soy digna de ser tu novia (ni nada de nada, al parecer) pero un audio tuyo bastará para sanarme.
¿Soy una bandera roja andante? No creo.
Tengo muchísimas cosas buenas, y además, ahora que no me lee nadie, creo que el sexo se ha perdido algo grande conmigo. Sé que con un poquitín de práctica, hacer el amor conmigo hubiera llegado a ser una puñetera obra de arte. (Virgo ascendente Sagitario, no digo más…).
P.D.: Lo nuestro no ha llegado ni a un polvo vacío. La posibilidad de que aún pudiera ocurrir es otro lingering…
P.P.D.: Mientras tanto, en los comentarios… Jimena haciendo coaching… Joder… ¿Cuándo me aplicaré el cuento?
P.P.P.D.: Hubo algo energético oscuro en todo aquello. Se me olvida que esa casa no estaba limpia. Estoy convencida. Sé algo de casas. Quiero decir que seguramente no toda la culpa fue mía. Y tampoco conviene por ahí que yo esté bien: «Demasiado brillo».
Nota: los nombres de los días de la semana y los meses del año comienzan por minúscula. He optado por la mayúscula porque en la historia hacen las veces de nombres propios.
SPOILER: No os perdáis una próxima entrada que es la cara B «Me río por no llorar» de esta que habéis leído.
En vez de estar buscando trabajo (aunque no serviría de mucho) o haciendo otra cosa supuestamente útil por mi vida, o rallándome y hundiéndome en la más absoluta miseria pensando en la mierda de vida que tengo, he decidido dedicarle un tiempo a este post que, afortunadamente, volvió a saltar en mi reader; un post al que le di un Me gusta rápido, pensando… «Oh, ya lo volveré a leer después», como cuando tenemos una de esas ideas de escritura que pavimentan el camino al Pulitzer y que nunca apuntamos porque seguro que nos acordamos. Esta vez lo dejé en las pestañas del navegador. Además, lo estoy leyendo en la web principal, como a mí me gusta leer los blogs: como sus dueños los diseñaron, ya que forma parte del tono de los textos y del alma del escritor. Qué gran post. Es tremendo.
Aún siendo filóloga, habiendo analizado un porrón de textos —el últimocasi inauguró el blog—, y supuestamente habiendo adquirido la expertise para hacerlo correctamente, hay veces que aunque el texto me provoque una intensa emoción, a la hora de expresarlo, parezco retrasada perdida . También me pasa cuando estoy/me relaciono con alguien que me gusta, y vaya si recuerdo cómo me fue la última vez… En mi defensa diré que hablar sobre sentimientos ajenos es algo más complicado que sobre los míos.
Ahora, me permito decir lo que pienso con el 99% de las personas de este mundo (ese 1% incluye al que menciono agotadoramente en el blog, aun sin nombrarlo). Seguramente, también parezca retrasada. En cualquier caso, me he decidido a compartir estas incoherencias contigo (y con el resto del mundo).
Este texto es una preciosidad… y plagado de imágenes excelentes, que invitan a leerlo una y otra vez, para toparte con un guiño que habías pasado por alto mientras asimilabas otras sensaciones compartidas con honestidad y maestría. Escribes muy bien, CatBallou. Solo se puede escribir así cuando se ama la vida y lo que la rodea, bueno y malo. Y solo cuando te comprendes —y perdonas, o al menos, haces todo lo posible por hacerlo— a ti misma.
Cómo me ha gustado lo de «esto luego dolerá precioso»…. A mí me ha pasado, y eso que nunca ha habido reciprocidad… El dolor puede ser muy exclusivo. La manera en la que nos engañamos a nosotros mismos nunca deja de sorprenderme.
Siento envidia, porque me gustaría poder estar liberada de los bloqueos, reales e imaginarios, propios y ajenos, con los que me enfrento cada día a “mi vida”… para así escribir mejor. No es una excusa. Lo desearía con todas mis fuerzas, y sufro por no poder llegar ahí. Por otra parte, apenas he amado. No he tenido la oportunidad. Y sé que la ficción podría ayudarme, pero es que me da tanta rabia que lo único que vaya a tener en mi vida sea de mentira, que no me lanzo a escribir más sobre lo que sé que podría sentir… o hacer.
Nosotras lo seguimos haciendo, o lo intentamos, cada una por su lado, como se puede y cuando se tienen ganas. Eso, sí, con una buena banda sonora, de esas que, por un segundo, te convierten en un ser casi invencible, casi feliz.
El domingo pasado me levanté a las 5. Terminé de bajar todas las cosas al coche, con la suerte de que ya no estaba lloviendo y pude hacerlo tranquilamente. Me encantan las ciudades un domingo a esas horas. Están limpias, vacías, son la promesa de…
The city seen from the Queensboro Bridge is always the city seen for the first time, in its first wild promise of all the mystery and beauty in the world.
No sé yo si alguien que llega al puerto de Algeciras en barco tiene esta sensación… Jajajaja… Lo digo porque yo vivía por esa zona, y mi coche estaba en frente del puerto, en el Llano Amarillo —creo que ya he mencionado este parking público, un sitio en el que me han sucedido… cosas extrañas pero bien. Por cierto, resulta que compré una camiseta con esa cita de la novela, y yo ¡¡¡sin saberlo!!! Los diseños de las camisetas pueden ser lo más random del mundo. Aunque en este caso iba a colación, solo que estaba oculto…
Bueno, como yo no soy F. Scott Fitzgerald, queescribió cosas como «Ninguno de nosotros podía ignorar el apremio estridente y metálico del quinto comensal», os tendréis que conformar con lo que hay. También podéis leer El gran Gatsby. Qué novelón, joder 💛
Cuando terminé de bajar todo, me grabé dejando la habitación de alquiler —porque el casero estaba missing in action desde hacía semanas. Me fui, por fin, de un piso en el no pude ducharme en los dos meses que estuve allí. Lo hice un par de veces, pero meter los pies en agua a temperatura de infusión que se ha quedado fría en un baño-cueva tiene sus consecuencias. Tener que ir al gimnasio (al que pensabas apuntarte) a ducharse es un fastidio. Como ha llovido lo más grande, muchos días tenía que claudicar y lavarme en casa por partes, porque no podía volver a casa echa una sopa. Quero pensar que lo poco que entrené durante ese tiempo me ha servido para reforzar y mantener mi estructura, que ha sufrido un percance…
Me largué del puto piso, eché gasolina de la barata y cogí carretera y manta.
A día de hoy el casero sigue vacilándome respecto a la fianza. Ojalá pudiera publicar el audio que me ha enviado. Un sick de mierda, es lo que es.
Podría contar mucho sobre lo que me ha supuesto estar compartiendo piso, en ese y en el anterior. He llegado a una conclusión que se resume en una palabra: CARAVANA. Ya sé lo que es estar sin ducharme en condiciones, así que estoy preparada para la vida en un espacio reducido y con pocas comodidades. En cambio, no tendría que aguantar olores corporales o de otras clases ni que me tocasen los cojones de tantísimas maneras.
Me jode muchísimo haber compartido cosas muy importantes para mí con gentuza, lugares clave que han sido manchados, y haber perdido oportunidades por pensar en los demás… ¡con una compensación de mierda! No es que yo espere nada, pero que encima te hagan putadas, y gordas, NO.
Estos meses me he dado cuenta de que no me gusta la gente. Después de semejante afirmación, no me creeríais si os digo que, por defecto, yo pienso en los demás, y procuro su bienestar. Pero es así. El problema es que ahí fuera no funciona de la misma manera. Además, me cuesta muchísimo encontrar a gente que esté a mi altura. Total, que a la mitad de los 40 me he dado cuenta de que no soporto al personal, que estoy harta de tanto gilipollas y de sus putas mediocridades. Que se acabó. Me sobra el 99% de la gente.
Ha pasado una semana. Este lunes por la mañana me caí en la nueva casa, en la que va a ser la casa familiar a partir de ahora: buen comienzo. La caída podía haber sido mucho peor, así que estoy agradecida. Lo voy llevando bien, aunque con molestias y muy lentamente. Espero no tener que acudir a fisioterapia porque este es un pueblo muy pequeño y tendría que ir en coche a no sé dónde. Veré cómo evoluciona la cosa. Más allá del pronóstico y el tratamiento, aquí ha habido cosas raras, llamémoslas energéticas: otra de la razones por las que no voy a compartir mi vida con nadie extraño a partir de ahora. Ya me enfrento yo a movidas a diario como para encima lidiar con cositas raras de gente del trópico. NO.
Esta caída ha trastocado bastante mi primera semana en esta casa, que además la he disfrutado a solas (hoy se me acaba el chollo). Soy una persona muy activa, y estar en este estado me coarta. Hay muchas cosas que hacer, y no he podido llegar a todo… teniendo además que gestionar—lo que lleva tiempo y esfuerzo—pérdidas de agua y goteras, para evitar otras caídas. Al menos ayer no llovió y estuve más libre en ese aspecto. A pesar de todo, he podido disfrutar de varios momentos, incluso de grabarme cantando copla, el mismo día de la caída, por la tarde-noche. (¡Qué coño tiene la niña! 💛)
¿Cómo será la nueva semana? ¿Qué tendré que contar el próximo domingo? De hecho, ¿llegaré al próximo domingo?
Hoy comparto un montón de cosas random que se me han ocurrido recientemente, y otras que quería comentar desde hace tiempo.
La entrada Senseien realidad acababa con esta frase de abajo, pero me faltó valentía para publicarlo entonces. Dicen que todo aquel capullo que te jode en mayor o menor medida, es un maestro, y yo, que soy una esponjita… [s̠] Pero a veces, hay que decir…
Hay lecciones innecesarias y maestros que no están a mi altura.
Os confieso que lo mío va por quinquenios: me cuelo de un tío cada 5-10 años aproximadamente. De este último no llega al añito y medio, y qué meses, y qué hombre… Así que no sé cómo ni cuándo acabará la cosa, al menos, en esta parte de charco —con eso quero decir, en mi caso. En el suyo… me sorprendería que se acordara de mi nombre, aunque tengo cierta sospecha de que sí, pero no quiero pensar que son mis ganas… Es complicado en este asunto separar mis instintos cada vez más desarrollados con el enchochamiento.
Es difícil dejar de querer a alguien que no conoces realmente.
Esa frase es de Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet [x]. Me encantó. Descubrí un perfil de Lili Taylor que no conocía. Y coño, qué bien le sentaron los años al McCarthy. Confieso que soy del #teamcrianza
Entradas recomendadas de la semana ~o algo así~
He creado en exclusiva este icono para Gotham, que escribí hace bastante. La magnífica entrada de CatBallou me la ha recordado… En la entrada de Sheila, el coño está de prestado por interés, pero quería recomendarla, y punto 😏
Mis entradas más populares de la semana ~o algo así~
Algo interesante con lo que me tope estando aún en Algeciras (esta semana no he estado para andar de researcher online)
Las voces puta y puto y sus equivalentes en otras lenguas han sido objeto de estudio en trabajos sobre tabú, en tanto que pertenecen al ámbito de la sexualidad y esta, como dijimos, es uno de los ejes semántico-cultural que genera mayor interdicción en todas las lenguas del mundo. Además del sexo, la muerte, la enfermedad, la divinidad y religión, las secreciones del cuerpo, la limpieza y la suciedad, el parentesco, los alimentos, el fenotipo y el comportamiento social asociado a habilidades cognitivas del ser humano son los diez espacios culturales y cognitivos que alimentan el tabú en la mayoría de las lenguas. [LINK]
Con comentarios así, da gusto estar en WordPress…
Querida Jime, pues si estás ahí, en ese punto, sabemos que duele, pero si es consuelo: solo la gente valiente, que se ama a si misma elige pasar el fuego rumbo a ser más su esencia y estar más conectada. Totalmente al revés del modo en que se vive hoy en día: disociado. Tomate tu tiempo para escribir si lo deseas, no me debes nada, aunque confieso que tus correos son bellísimos. Te mando un gran abrazo.
Anhelaba tantísimo que pudieras palpar con tus labios, probar con tus manos y ver con tu piel lo que llego a sentir cuando te tengo dentro.
Nunca prometí cualquier cosa por que ocurriera —sin contarme a mí misma—. Nunca pensé que dejaría de importarme.
Con mucho esfuerzo voy logrando no perderme entre tantos «nunca». De vez en cuando me sorprendo disfrutando de un instante ocurrido —sin ti—, como solía hacer.
Empiezo a ser capaz de verte desde la distancia. Ese umbral lo he cruzado sin querer percatarme de que no voy hacia ti… Pero como un niño que rechaza una cucharada, yo niego un sorbo del Lete; me resisto a que el olvido haga y deshaga. Desconozco cuántos umbrales me esperan hasta entonces. Tan solo una certeza: nunca te veré desde la indiferencia.
Debe estar conectado para enviar un comentario.