Si se puede expresar, puede ocurrir.
Richard Ford
Llevan un tiempo diciendo que podemos cambiar el mundo con nuestros pensamientos. Llamarlo manifestar o llamarlo equis es indiferente: lo más probable es que el exterior no cambie en absoluto —aunque a veces lo hace; es precisamente esa mínima posibilidad la que puede atraparnos en una dimensión mental —en la que algunos nos encanta perdernos— para acabar mezclando mortero con diferentes proporciones de «Y sí…», «Tú puedes», «Ha sido una señal», «Ni de coña», así como otras mentiras, mimitos y bofetadas con las que nos entretenemos.
Ocurra lo que ocurra ahí fuera, nosotros ya no seremos los mismos, ni en lo físico ni en lo espiritual. Y, quizá, sea algo bueno.
Cuando verbalizamos por escrito o con nuestra voz, (casi) siempre lo hemos pensado antes. Y aunque no acabemos expresándolo para que otros puedan recibirlo… ahí estará el pensamiento. (¿Pensamos siempre con palabras? Este es otro tema contundente. Ahí lo dejo).
Al pensar, creamos un escenario al que reaccionamos físicamente, como si de verdad estuviera ya ante nosotros. Una sonrisa, morderse los labios, cierto brillo en los ojos, un súbito cambio de postura ante un golpe producido por algo intangible… nos recuerdan que lo gaseoso puede volverse muy sólido en un instante. A veces, eso con lo que soñamos, coqueteamos, luchamos o de lo que huimos, nos empuja a hacer cosas diferentes, imprevistas, desconcertantes. Quizá salgamos corriendo, nos tiremos a la piscina, nos sintamos invencibles o lo peor del mundo.
Siendo conscientes de la oportunidad que se nos brinda y de la responsabilidad que encierra, ¿diremos alegremente «Que me quiten lo pensao»? No solo responderemos por nuestros actos, sino por nuestros pensamientos e incluso por nuestros deseos, porque ya existen; y nos acompañan, nos habitan, nos cambian… Somos todos ellos.
Es difícil para alguien que escribe plantearse esa cuestión sin ser indulgente: «Me servirá de inspiración», «¡Qué pedazo de escena he creado en el duermevela —y no hay manera de recordarla!», «Puedo hacer algo bonito con esto» … Soy yo la que debo decidir si merece la pena ese sacrificio de tiempo, energía o, lo más importante, autoestima y autocuidado. Sin saber si será un desperdicio o una transformación, ¿querré vivir ese sueño? O, visto desde otra perspectiva, ¿me deleitaré reviviendo la misma pesadilla una y otra vez?
«Manisfest» fue la Palabra del Año del Diccionario Cambridge en 2024. No estoy en absoluto de acuerdo con lo que dice el psicólogo en ese artículo. Si nos hemos enfermado, ya sea física o espiritualmente, ya sea causado por nosotros mismos (la mayoría de las veces es así) o no, también nos podemos curar. Parece que no nos libramos del pecado original, que somos impuros y merecedores de castigos.
* Siendo rigurosa, el paso del estado gaseoso al sólido sin pasar por el líquido se llama sublimación inversa, pero «sublimación inversa onírica» no quedaba muy bien 😉

Replica a Pedid, y se os dará. – intensita Spain Cancelar la respuesta