
No sé de qué manera y hasta cuándo voy a seguir volviendo.
El caso es que mis vías hasta ese lugar siguen abiertas; en otra dimensión, de otra manera, y me llevan allí. Y no hago nada por bloquearlas, por eliminarlas.
Y aparecen señales, luces que marcan lugares, conexiones. (Todo está conectado sin echarle mucha cuenta, imaginaos si le ponemos un poco de ¿GANAS?… O quizá sea eso que llaman ¿ENERGÍA? También me ha pasado con Capote y la triscaidecafobia… Ojalá pudiera hablar de esto con Rodrigo Cortés – esto es una referencia Luces Rojas, pero dejo el rollo, que aparentemente desvarío: ¿APOFENIA?).
El peaje es alto: saber más de algo que tendría que empezar a olvidar.
Y me pregunto cómo he podido escoger tal libro que me ha llevado a… una vez más; y el libro es largo, y cuando creo que me he librado de esas cinco letras, PUM, aparecen a 40 páginas del final.
En realidad, nunca tuve la licencia para surcar estos mares. Supongo que es lo único en lo que me permito saltarme las normas. Pasarlo mal no está bien, pero, bah. Y qué le voy a hacer, si mi vibración desde hace mucho tiempo es un canto de sirena que, a falta de marinero, atrae mensajes en botellas, recuerdos de la costa y restos de mi propio naufragio.
(¡Y lo que estoy aprendiendo…!)

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