Joel y Idabel

No éramos Joel y Idabel.
No bastaba con ir llorados de casa, no; ni siquiera podíamos decir que a veces lloramos (pero no se lo digas a nadie). Aunque lo hice, a base de bien, y sin derecho a réplica —a darte un tortazo porque habías visto que era exactamente lo que parecía ser*.
Ya no puedo recordar mi peso sostenido por ti, cuando descendíamos hacía el arroyo, y es como si nunca hubiera ocurrido.
No sé si quiero dejarlo todo atrás; me resisto a abandonar el jardín, porque allí podrías encontrarme, mientras yo me pierdo.
En un sendero nunca transitado, se pueden empezar las cosas de nuevo.
Pero no somos Joel y Idabel.

Quiero ser la persona que no necesita ser otra persona para que a ti te interese, para que tú la quieras.

Puede que ya lo sea, aunque no pueda verlo.

Quiero ser la persona que no necesita otra oportunidad, porque la oportunidad se la da ella misma.

Porque me lo merezco.

(*) Si alguien pilla esta referencia, le doy un Sugus (no va a ser todo literatura americana fina).

Comentarios