

Si te fijas en los detalles, puede que te eches unas risas leyendo esto.
Voy a cambiar ciertos hábitos. Supongo que estoy cansada de hacer siempre lo mismo, aunque sean cosas aparentemente «buenas», como darse un paseo todos los días. Estoy hasta los cojones de darme paseítos por esta ciudad. Ahora estoy a gusto en el sitio donde vivo — obviando el hecho de que no me puedo duchar sin montar un numerito como si estuviera en un camping, o similar, y sin follar en barcos (referencia la película Animales Heridos: prescindible, en mi opinión), por lo que puedo echar horas aquí sin que me pese (estoy muy entretenida) y sin tener la necesidad de salir a la calle a despejarme —entendiendo despejarse como «hartarse de llorar día sí y día no», entre otras paranoias que me suceden, como pensar que me ha visto cierta persona mientras yo, casualmente, y por un movimiento absolutamente involuntario de mis músculos faciales, concretamente el labio inferior, tengo esta puta cara.
Así que considero que quedarme en casa, o desde luego reducir mis salidas a una cuarta parte, me va a sentar bien. Sólo han pasado tres días, pero me apetece mucho establecer una nueva rutina que me distancie de la persona que he sido durante el último año y medio.
También voy a dejar de lado los casos, el Amazon Music, etc.: todas las canciones me las sé de memoria, ya no me sorprenden, y no tengo ganas de escuchar nada nuevo, porque es lo mismo de siempre: todas me llevan al mismo lugar; con todas acabo en el mismo estado mental.
He recuperado la ambición artística del film noir. Es buena señal, porque significa que estoy más tranquila. Ahora puedo volver a apreciar ese género que hace años fue importante para mí y me conectaba con… ¿con algo afín a mí? No sé si mi situación es mejor que entonces. Quizá tenía ilusión. Sin embargo, en aquella época ya empezaba a notar que las cosas no iban demasiado bien: por ejemplo, cuando decidí no ir a ver a Darren Hayes a Londres en Fin de Año y desperdiciar una entrada de ~100€ (¡del 2007!). Realmente nunca me he arrepentido del todo de no haber ido, porque al cabo de los años he descubierto que, a pesar de ser un gran artista, creo que es un poquito gili… (Entre otras cosas, ¿esa tontería de no tener su colección en Amazon Music a qué se debe?) En cualquier caso, años más tarde volví a Londres, esta vez para ver a Cillian Murphy en Misterman (y, como que intercambiamos unas palabras en los pasillos antes de la representación, pero es que me olvido de las cosas). Total, ya nunca hago nada especial por Navidad.
Ahora no tengo ilusión, y no me refiero a la Navidad. Como ya he mencionado antes, estoy más contenta conmigo misma, aunque no he conseguido absolutamente nada: solo seguir aquí. (Y no voy a entrar en cuestiones ontológicas).
Volver a dejarme el pelo largo (recogido) es otro ejemplo de cambio, aunque no se pueda considerar un hábito de comportamiento, pero sí una elección de cómo me presento físicamente, que difiere del aspecto que he tenido durante esta particular odisea. Echaba de menos tener la nuca descubierta. Supongo que eso me define mucho más.
Puede que el moño ya haya llegado porque esta entrada es muy de estar hasta el moño.

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