Cuando me levanto me gusta dejar entrar el fresco de la mañana en la habitación. Lo fundamental es que se ventile bien, que entre oxígeno, que se renueve el aire. Ahora en invierno, no me importa que se quede fría, porque lo que también está ocurriendo es que se crea un ambiente nuevo, por estrenar, diferente al de ayer. Uno que se ha destilado en sueños y se ha quedado en la atmósfera: una atmósfera cargada de todo lo que se quedó sin respiración, los suspiros no exhalados plenamente, los momentos fuera de lugar, los pensamientos no alineados con mi ser, mi yo en un ay. Ahora está llena de inhalaciones plenas y espiraciones placenteras, que podrán acompañan mis ideas, ms actos y mis pequeños planes diarios, y me darán ese aire extra que necesitaré durante el día. Aaahhh hhhaaa…

Una respuesta a “Aire fresco”
Cuando estaba terminando la entrada, m. ha entrado en la habitación a decirme (tres veces) que encendiera el radiador —casi nunca sube, hoy hace más frío—. Parecía que lo estaba logrando… pero el momento se ha jodido.
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