Sonrisas (I)

Hace poco leí un post o un comentario (era una conversación entre CatBallou & Jöiel – ¡¡la ö me ha salido a la primera con el teclado (porque estaba en CAPS!!) donde creí encontrar un concepto que se infiltró en mi cabeza… o en el corazón. Ni siquiera fueron esas las palabras exactas; lo que recibí fue la imagen de sonrisas de cristal.

Las sonrisas de cristal son aparentemente delicadas pero en absoluto frágiles, y sobre todo falsas. A una sonrisa así le resbalan los comentarios de cualquier categoría de subnormal, los actos mezquinos, la injusticia, pero también los gestos tiernos, la bonhomía, y resiste hasta la verdad, la lógica o la realidad más adversa. En definitiva: esa sonrisa se mantiene impertérrita ante cualquier situación. Es la sonrisa Profidén con la chispa del cristal que brilla.

Las sonrisas que se rompen no son de cristal… Todos hemos sentido cómo se nos rompía una sonrisa. A veces es solo el aviso, la grieta por donde empezamos a resquebrajarnos… para acabar rompiéndonos por entero.

«Si brillo por fuera es porque ardo por dentro»
Himno para los que están jodidos

(Estoy escribiendo este post con una idea que me ronda mi cuerpo físico y no sé cuantos más esotéricos: ¡Qué vergüenza de vida, quillo! Pero no creo que vaya a escribir sobre ello: voy a hacer como que no está tan mal…)

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2 respuestas a “Sonrisas (I)”

  1. En situaciones así suelo echarme a temblar pensando ay dios qué habré dicho… porque aunque siempre digo lo que pienso nunca pienso lo que digo, y así me va.
    Supongo que citaba una canción o un poema, con la pretensión de parecer más lista (más listilla).
    Y sí, sonrisas de cristal, de hielo, de marfil, de acero inoxidable, con dientes afilados, sedientos, caprichosos, caníbales…

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  2. Las estalactitas de hielo dependen de un lento goteo, y sin embargo ahí están, aparentando fragilidad desde la más sublime magnificencia. Hasta el frío logra inspirar sonrisas sin principio ni final.

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