Una voz llena de cicatrices

Esta espectacular imagen con la que nos obsequia Proust en A la sombra de las muchachas en flor se refiere a un director de hotel «con orígenes lejanos y una infancia cosmopolita».

Tuve que parar la lectura, de lo impresionada que me dejó. ¡…! Para alguien cuyo acento se parece un poco al monstruo de Frankenstein, accesorio de un aspecto ajeno al territorio (región, país, planeta…) en el que habita, encontrarme con esa imagen me ha hecho particular ilusión.

Ya voy por la mitad del volumen, y llevamos dos muchachas en flor (sin contar a Odette —aunque esa, de muchacha, tiene poco. En cualquier caso, simpatizo con ella, entre otras cosas por ser una diletante, aunque yo no llego a tanto—).

Pero, ¿tú no eres de aquí, no? Pero, ¿tú eres española? Ad infinitum…