Un metro cuadrado de apuntes, carpetas, bolígrafos, marcadores y post-its sin orden ni concierto (aunque yo sé dónde está cada cosa).
8/2015, cotizaciones del RETA. Los autónomos están hechos de otra pasta.
¡Pasa el chico por detrás! El de las partituras en el portátil, el del conservatorio (¿? un conductor de BlaBlaCar —el que me comentó que iría a recoger un gato a BCN, a lo que yo respondí «¿Es que no hay gatos en Algeciras?»— estaba muy indignado porque no había conservatorio en la ciudad; al parecer sí lo hay, pero de aquella manera).
Ya nos hemos visto antes.
Tiene su aquel, pero intuyo que es de la misma cofradía que… (Demasiada seriedad, aunque lo del ta-TA-ta, ta-ta-ta-ta, ta-tah, ta-tah también tiene su aquel)
Observa el despliegue, imposible no fijarse. Podría haberle dicho que hay ritmo bajo el caos. Pero lo dejo pasar.
Siempre me recordará como la chica desordenada de la biblioteca.
Desde entonces, me recojo un poco más. Al menos, en público.

Una respuesta a “PIG-PEN en la biblioteca”
Pero qué te vas a esperar de uno con un Tesla… Pues un gato asiático albino que no da alergia.
Me gustaMe gusta