El universo ya no sabe cómo decírmelo…

Y me lo dice con café.

En los supermercados suelo llevar las cosas refrigeradas que la gente deja por ahí a la caja, o a alguien de la tienda.

Hoy me he encontrado justo en el cabezal un capuchino en vaso de plástico, de esos que indican que llevas una vida guay. Lo digo porque una vez compré uno en el Mercadona, y la cajera con la que tenía algo de trato me preguntó si salía de trabajar (era la hora de comer) —no sé si eso de trabajar es de guays, pero bueno…— Sería una manera de interesarse si mi situación había cambiado. En fin, que tomarse eso es de vivir a tope, o al menos así lo venden… (Yo, donde este una PULEPO sabor natural de toda la vida, que se quiten los azúcares refinados).

He puesto el café en la cinta, pero en la barra de metal adyacente, y la he ido empujando según marchaba la cola. De repente, un carro se ha chocado con el vaso, lo ha tirado, la tapa se ha roto y se ha derramado el café. Menos mal que no lo ha salpicado todo y no ha manchado el pantalón ni la maleta, etcétera.


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