Me recibiste con 9 tanques. Uno de ellos se llamaba Bucéfalo —¿Alejandros a mí a estas alturas? No, querida. Ya no me afecta. Además, yo siempre he sido más de Hefestión, el amigo del tío popular de la clase.
Me recibiste con lluvia —y eso, para mí, más bien es un regalo—; me permitiste desembarcar con apenas dos gotas para luego quedarte a gusto.
Me fui asqueada, consumida, harta. Pero había algo… Y no sólo aquí, sino allí donde fui a parar, donde no podía seguir más tiempo. Así que decidí volver, aunque algo cambiada.
No me lo vas a poner fácil. Lo tengo claro. Estoy preparada. Ya sabes que a mí me va la marcha, y un desafío me pone. Llevémonos bien, por favor. Esto promete.
Dame esas tardes de cielo y mar, esos paseos al faro bajo el sol de sobremesa, esas orillas de las dos aguas, esas noches de Corrupción en Miami… ¡Oh! Algo importante: dame X, Y y Z. Y dame también días nublados…


Comentarios