Mi siguiente entrada es una de las más importantes para mí, y eso que empezó como algo micro: tan solo la idea original, cuya voluptuosidad parece que he querido hundir entre algodoncitos y cojines —referencias mitológicas, explicaciones y otras gilipolleces. Supongo que lo necesitaba: contarme a mí misma lo que ha ocurrido y dejar constancia de mis avances.

Quería anotar esto aparte. También comentar por qué escribimos lo que escribimos forma parte del propio blog. Me parece interesante, no tanto por los lectores, que en mi caso sé que alguno hay, sino por los que escribimos.

Si le dedicamos algo de tiempo a pensar por qué hacemos lo que hacemos… quizá nuestro esfuerzo y energía nos aporten mucho más, y aprendamos a dejar de hacer lo que no nos conviene.

Y estaba un poco reticente a publicarla por fin, no sólo por el contenido de la entrada, en el sentido de que una vez publicada, no habría vuelta atrás a mis sentimientos. Además, le he conferido a toda esta historia un estatus que roza el misticismo, y que me he propuesto desmitificar. Escribir de ello me ayuda a conseguirlo.