Me recibiste con 9 tanques. Uno de ellos se llamaba Bucéfalo —¿Alejandros a mí a estas alturas? No, querida. Ya no me afecta. Además, yo siempre he sido más de Hefestión, el amigo del tío popular de la clase.
Me recibiste con lluvia —y eso, para mí, más bien es un regalo—; me permitiste desembarcar con apenas dos gotas para luego quedarte a gusto.
Me fui asqueada, consumida, harta. Pero había algo… Y no sólo aquí, sino allí donde fui a parar, donde no podía seguir más tiempo. Así que decidí volver, aunque algo cambiada.
No me lo vas a poner fácil. Lo tengo claro. Estoy preparada. Ya sabes que a mí me va la marcha, y un desafío me pone. Llevémonos bien, por favor. Esto promete.
Dame esas tardes de cielo y mar, esos paseos al faro bajo el sol de sobremesa, esas orillas de las dos aguas, esas noches de Corrupción en Miami… ¡Oh! Algo importante: dame X, Y y Z. Y dame también días nublados…
Hace 5 meses que tenía el álbum. Desde el principio, sabía qué pondría en primer lugar, pero hasta ayer por la tarde no encontré el momento adecuado para inaugurarlo. El álbum ha recorrido más de 1000 km desde entonces.
Revisando un bloc de notas para arrancar algunas hojas y coger apuntes en sucio, me encontré con este tesoro. No hay nada comparable a una nota escrita de tu puño y letra que te encuentra(s) meses o años más tarde para decirte: «¡Ey! Así eras, este era tu estado mental y emocional», y quizá apenas reconocerte en esas palabras y sorprenderte y reconciliarte contigo mismo.
Son escritos hechos con rapidez, aunque hay algunas líneas que están mejor escritas, depende de la prisa que tenía por plasmar las ideas…
Primavera 2025
(1)
No siento que haya perdido. estoy peor que antes, pero mejor, con menos «maquillaje». Este sitio me ha consumido.
Me hubiera gust
Que ya no me pones nerviosa
En otro lugar. Pero, ¿y si fuera este?
Agradecimiento «extraño», no para mí, pero sí pero lo convencional. Los sentimientos son algo muy particular, igual que la verdad.
(2)
¿Cómo puedo hacer esto y dormir tranquila por las noches?
Mirando (hacia arriba) por el hueco de la escalera, preguntándote, fantaseando con lo que está ocurriendo allá arriba, pero sin posibilidad de subir a comprobarlo ni siquiera permiso. Y al segundo siguiente (¿así?) sales a la calle – dejas el portal atrás y te vuelves a olvidar de ese edificio, de esa ventana, de mí, porque así son las cosas y así deben ser.
Nadie subirá esa escalera. Sólo es cuestión de tiempo, pero me ha gustado tanto volver a sentirme…
(3)
Hamamelis. Ámame «less».
Letting go feels fucking great.
(4)
Quiero dejar de sentirme como si no fuera suficiente.
¿QUÉ HE HECHO MAL?
Paloma en el alféizar de la ventana. De repente me percato que está ahí, e inmediatamente me quedo quieta y empiezo a moverme lentamente para no molestarla y que no se vaya por mi presencia. Pero se va. Y el susto por habérmela encontrado/haberme dado cuenta de que la he quitado de su sitio, me altera.
Me acuerdo del porqué de cada línea, pero cuando las encontré ayer fue como si las hubiera escrito en otra vida.
¿Cómo sería tu relación ideal? Me pregunto dónde se desarrollaría esa relación ideal, y no logro imaginar un lugar para ella. ¿Acaso existe?
Supongo que me permito ser demasiado exigente, ¿y no debería? Cambiar mi wishlist no es una opción. Es precisamente ese repertorio de deseos el que enarbolo ante una ausencia —física, comunicativa o emocional—, cuando me siento rechazada y poca cosa; retahíla que me ayuda a mantenerme a flote durante un brevísimo periodo, y con la que me convenzo de que así estaré mejor. Esa lista —podría pasar por una receta de arroz con pollo— se queda en papel mojado cuando me percato de las muchas y diversas carencias que tengo para enfrentarme a una relación hoy en día.
¿Cómo era…? «[…] encontrarse manifiestamente en estados o situaciones transitorias que no responden a las exigencias físicas, psicológicas y/o sociales de los respectivos tipos de relaciones y de los otros implicados».
Cazar sin licencia.
A veces me da por protestar: será que me hago mayor, y no aguanto gilipolleces ya, aun a sabiendas de todo lo mío —o no mío. Pataleo y me rebelo contra lo que parece ser la to-do / checklist del personal en general: Hazte la tonta; omite esto y aquello; no muestres esta parte (hasta que sea demasiado tarde); domina la narrativa; invéntatelo, qué; cuánto, cómo (pero nunca «por qué»).
El paraíso no existe; una relación ideal, tampoco. Probablemente sea como un cofre escondido para el que tengo un mapa, uno que está tan lleno de cruces y marcas que es imposible descifrar dónde está enterrado el tesoro.
Tendré que conformarme con buscar mi espacio, y darme mimitos y caña a partes iguales.
(Ese tipo de caña daría para otra entrada, no es lo que parece a simple vista).
Hoy me ha sonado en la reproducción aleatoria la canción Welcome to the DCC, de Nothing But Thieves, unas siete veces. Eso me da que pensar. ¿Qué dice esta canción que debería atender? Repasando la letra, y aunque sea en efecto una canción sobre un lugar distópico, y sean precisamente esas mensaje lo que el régimen de turno quiera implantar a los habitantes de ese mundo de mierda, en definitiva, se trata de que puedes hacer que algo pase si crees en ello. Y esa teoría, o enfoque astrológico, es lo que justo acabo de descubrir en una web de mano de una chica que me ha fascinado (la chica, y la web). Sólo hace un par de días que di con ella, pero ese cambio de pensamiento, esa práctica mental, parece que, mágicamente, ha atraído a su vez un refuerzo de la propia teoría en forma de letra de canción, aunque, repito, en la canción sea una crítica de un posible lugar distópico (bueno, posible lugar distópico, más bien probable lugar conocido ya) en el que publicitan un lugar mejor a ese, un lugar al alcance de la mano, o más bien, de la mente. (Deconstruyendo porque me sale de ahí).
Ya que podemos pensar lo que nos dé la gana… Mientras intentamos salir de esta lo mejor que podemos, ¿qué hay de malo en pensar en que nos gustaría algo mejor y darle un poco de forma?
Me niego a pensar que esto sólo es un paseo por un río infesto en el que las únicas palabras que lo abarcan todo sean «The horror, the horror».
Más sobre el soñar y crear, en esta entrada anterior.
Recuerdo la emoción que sentí la primera vez que salí de ese supermercado al anochecer, al ver el cielo cubierto de rosa y tenues rastros amarillos. Hay pocas imágenes capaces de reconfortarme de esa manera. Ésta suele apoyarse en una sensación ambiental específica, una que te indica que el calor del día se ha doblegado, es un anuncio de «alto el fuego» —de duración indeterminada—, tras el que se establecerán los términos de la tregua, y se dará permiso a que llegue la noche. Observarlo un año después en otro establecimiento de la misma cadena —en otras coordenadas; el detallito del paraguas a lo Mary Poppins no es casual… Continuará—me recordó que, con más o menos matices, todo se repite.
Estoy leyendo Acción de Gracias por segunda vez, justo un año después. Y no a propósito; de hecho, ese libro pensaba regalarlo porque, para qué leerlo otra vez. Ni siquiera tenía claro cuándo había sido, tuve que mirar la fecha de compra de Amazon —días convulsos aquellos, no me extraña que me lo leyera como por encima, aunque de algunas cosas me acuerdo. Esta segunda lectura está siendo más concienzuda que aquella; en cualquier caso, siempre somos otros quienes volvemos a leer los mismos libros. Después de leer un par de bolsillo de novela negra española (apenas me duraron 48 horas cada uno; llevo tres semanas sin ver la TV, otro de los cambios recientes) necesitaba algo más contundente, y Richard Ford es bastante contundente. Me está entreteniendo y me está haciendo pensar, más de lo que me gustaría, pero aun así…
— ¿Qué has aprendido siendo agente inmobiliario? — Tiendo a no fiarme de la gente, en cualquier cosa. Y con eso hago que la gente se comporte con total libertad. Si se confía de manera innecesaria en la gente, todo el mundo incurre en cierta obligación. No juzgar es mucho más fácil. Cuando no pensaba que aquel tío fuera a volver [uno que le había prometido volver con un cheque como señal para la compra de una casa], no es que no creyera en la verdad de sus palabras. Sencillamente me niego a hacer que la gente cargue con una responsabilidad añadida porque esté poco segura de sus intenciones. Necesitar que le crean a uno es una carga demasiado grande.
Ya tengo el rabillo del ojo puesto en el debut de Capote, que no es que empezara muy light, precisamente…
Edit: Resulta que a Acción de Gracias ya lo había paseado por estas latitud y longitud (φ y λ), durante mi primera lectura. Ni me acordaba. Ha sido al llegar a una parte específica del libro, ya en el último tercio, cuando me he recordado deteniéndome el en los mismos párrafos que hoy. El recuerdo es algo extraño.