intensita spain

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  • Sensei

    24/01/2026

    He tardado en reaccionar. Soy consciente de ello. Cuando pasó debía ocuparme de otras cosas (esto no es más que un pasatiempo, ¿no?) Es más, seguí como si no hubiera pasado nada.

    Eso de seguir como si no hubiera pasado nada y quedarse con cara de alelada puede convertirse en un fuerte hábito e instalarse en tu modo de ser. Se crea un halo invisible pero reconocible, palpable.

    Hace algún tiempo me pasó algo parecido, aunque el foro era completamente diferente. Pero veo que da igual. Entonces no me respetaba lo suficiente, creía que no me merecía ciertas cosas, que tenía que pedir perdón por haber actuado con demasiado entusiasmo. La inseguridad no me dejó ver las cosas claras. Sólo acertaba a explicarlo de una manera: yo había hecho algo mal. A pesar de ser algo muy importante para mí en aquel momento, me quedé ahí, como una estúpida, sin preguntar «¿Qué cojones ha pasado?». Al menos en esta ocasión que relato hoy, llegué a manifestarme de alguna manera cuando ocurrió, aunque no sirvió de nada, como explico más adelante.

    Recientemente he decidido dejar de ser una víctima de cualquier tipo. Mi tolerancia al abuso, aun en su más mínimo grado, se está agotando, aunque el término es excesivo para este episodio: «recochineo» o «falta de respeto» serían más adecuados.


    ¿Por qué alguien te propondría algo sin querer que suceda realmente?

    Si a mí me dicen algo parecido a «Tenemos que hablar», yo entiendo que hay una disposición hacia la comunicación —y eso que esas tres palabras son bastante mal recibidas por lo que habitualmente suponen—. Pero supongamos que no hay nada delicado que discutir: deberíamos considerarlo como una invitación a compartir cierta información, en principio.

    Tras considerarlo unos instantes, no vi descabellado iniciar esa comunicación, tomar la iniciativa, realizar algún tipo de acto lingüístico por el medio que fuera. Mandé un email, sólo una frase en el asunto, cuerpo vacío. No obtuve respuesta o reacción de ningún tipo. Vacío. Cuando expresé mi desconcierto —me repruebo haberlo hecho con cierta guasa y calificando el acto como simbólico, subestimándome así a mí misma— respondiendo a ese comentario de Tenemos que hablar, me devolvió aún más vacío.

    [Lo que no sabéis, ni él tampoco, es que yo había escrito un email con bastante texto unos días antes, que no había sido entregado porque me equivoqué de dirección de correo electrónico: las hacker-hadas siempre intentan ayudarme. Decidí cancelar. Ese Tenemos que hablar hizo que volviera a replantearme la comunicación.]

    Paralelamente se desarrolló otra conversación que acabó literalmente con «No leas [eso]. Haz algo útil con tu vida. Eso que ya estás haciendo». ¿No quieres paternalismo? Toma dos tazas. ¿Con eso que ya estaba haciendo se refería a hacer el gilipollas?

    ¿Acaso consideró que necesitaba una lección disfrazada de cierta pseudo-condescendencia o tan solo se trata de puro vacileo gratuito?

    ¿Es que todo es una pose? ¿Qué hay de verdad ahí fuera?

    Encima, sospecho que algún comentario mío varias semanas antes fue eliminado. Aquellos días no tenía bandwidth para dedicarle a esas tonterías, aunque precisamente eran mi única vía de escape, y por eso la voz que me decía: «Jimena, deja de hacer el subnormal de una puta vez, hostias» no la escuché. Reconozco que soy muy lenta en determinados procesos. Me tomo mi tiempo, degusto cual buqué un desaire. ¡Que hace dos días le he dado un like a una entrada! Porque me gustó y porque escribe bien. Me falta algo o alguien que me grite: «¡Se están cachondeando de ti! ¡Estás haciendo el candao!» (Tomad variedad lingüística geográfica).

    Quizá pensó que debía aprender que en el mundo hay círculos exclusivos y delimitados para ciertos tipos de personas especiales —donde quieren que te asomes y que les des eso imprescindible para que sigan vivos, pero… this is members only. Creo que eso ya lo sabía, y nunca podría ni he querido pertenecer a esos cogollitos. Prefiero quedarme en esta parte del mundo, más prosaica, más vulgar, menos cool, menos chic: en las antípodas de la société cultural de la capital. Desconozco si su modo de preceder se debe a la adscripción a tales grupos o es innato a su persona. Me da igual.

    Hay muchas cosas que no sé, otras que sí, y otras que sé antes incluso de percatarme de que las sé, aunque las quiera obviar. Luego están las que no se aprenden, se saben por instinto. Posiblemente haya habido algo de eso.


    Pienso que doy demasiadas oportunidades y no veo el bombardeo de señales, o no las quiero ver. En el fondo de todo esto está el respeto a mí misma, o más bien, la falta de él. Por tanto, el verdadero objetivo es actuar respetándome siempre. Puede que así, por la magia del espejo, deje de tener que enfrentarme a esas «faltas de respeto» ajenas.

    Ya dijo Esquilo que se aprende sufriendo. Ahora que ya he asistido a unas cuantas clases de «Cómo reaccionar al vacileo 101» y «Respétate de una puta vez 101», estoy experimentando cambios, y esta entrada es una muestra.

  • + sobre mí

    22/01/2026

    Actualicé la página «sobre el blog». Si la visitáis en la web (creo que no se puede visitar de ninguna otra manera) podréis ver la nueva foto del banner…

    sobre el blog

    UPDATE: También he cambiado el tema del blog (madrugada 23/01/2026).

  • What are you having?

    19/01/2026

    Fondo creado con Canva. Sobre la fuente…

    www.intensitaspain.com

  • No te rayes

    17/01/2026

    + aquí. Fondo creado por Canva. www.intensitaspain.com

  • No flipes, Clitem.

    14/01/2026

    Hoy traigo la única trilogía griega que se conserva completa: La Orestíada, de Esquilo, escrita en el 458 a.C (hace 2484 años). Hay spoilers, pero no os impedirán disfrutar de esta obra maestra después, aunque leáis esta entrada. De hecho, ¡espero que alguien se decida a leer la trilogía después!

    La Orestíada narra el final de la maldición de la familia de los Atridas, marcada por la violencia, el incesto y el asesinato, culminando con el juicio de Orestes, hijo de Agamenón. Cuando se trata de movidas familiares en la cultura clásica antigua, no pueden faltar las Erinias, encargadas de poner en su sitio a aquel que obra mal en contra de alguien de su propia sangre.

    [foto entrada] Voy a detenerme en tres pasajes que me han llamado la atención, uno por cada tragedia. He usado ChatGPT, Google AI (al que he dado una buena dosis de insight para que la vaya repartiendo por ahí; lo leeréis) y varias fuentes de internet. No tengo ni idea de filología clásica, así que es probable que esta entrada suponga una abominación para los entendidos. Con todo el respeto por ellos y, por supuesto, por Esquilo —el puto amo—, aquí va.  

    Primera parte
    Agamenón

    [Ζεύς]τὸν φρονεῖν βροτοὺς ὁδώ
    σαντα, τὸν πάθει μάθος
    θέντα κυρίως ἔχειν.
    στάζει δ᾽ ἔν θ᾽ ὕπνῳ πρὸ καρδίας
    μνησιπήμων πόνος: καὶ παρ᾽ ἄ-
    κοντας ἦλθε σωφρονεῖν.

    Esquilo, Agamenón (vv. 176-181)

    [Zeus] puso a los mortales en el camino de la comprensión. De ello hizo ley: aprender a través del sufrimiento. En el sueño, el corazón se va cubriendo gota a gota por el dolor de un imborrable recuerdo amargo: así la sensatez alcanza también a quienes no la desean.

    Para este pasaje, agradezco esta entrada de blog. Esquilo era un maestro para expresar un significado complejo con una combinación de un par de palabras.

    Detengámonos en μνησιπήμων πόνος [mnēsipḗmōn pónos], literalmente «el dolor que hace que recuerdes». Es un dolor que acecha a la memoria, a los pensamientos, y ¡PUM! ¡Te los pone delante! No puedes escapar de ellos. Por tanto, estamos ante un dolor que no solo duele, sino que no se puede olvidar. Y por supuesto… es un proceso de retroalimentación: sientes pena, te acuerdas de eso que te produce la pena, y sientes más dolor todavía. Entre tanto drama y bajón, se obtiene algo positivo: aprendes. Eso si no te pilla gilipollas del todo.

    Esta expresión está fuertemente relacionada con el concepto de πάθει μάθος, [páthei máthos], «aprender a través del sufrimiento»—literalmente «aprender sufriendo», uno de los temas centrales de Esquilo. 

    Para terminar con Agamenón, os dejo un regalito lingüístico, una curiosidad. Investigando en la IA otras combinaciones de palabras con significado intrincado, apareció φρενοβλαβής [phrenoblabēs], algo que destroza la mente, un colapso mental y moral, no sólo emocional.

    No lograba encontrarla en mi texto de referencia, así que pregunté, y resulta que hay varios manuscritos para la misma obra, con algunas diferencias, algunos más populares que otros. En uno de los dos más habituales, aparece [phrenoblabēs] y en el otro, para la misma línea, φρενῶν κεκομμένος [phrenōn kekommenos], del texto que yo seguía. En este término se incide en el hecho de un asalto violento, algo así como un golpe, pero por lo demás, comparten lo fundamental: la mente que está dañada, de manera que ha perdido la habilidad para razonar.

    Veamos la expresión del verso 479 en su contexto (Esquilo, Agamenón, vv. 475-487). Clitemnestra está feliz y segura de que la ciudad de Troya ha caído —Agamenón ha ganado la guerra— por unos mensajes transmitidos a través del fuego de antorcha en antorcha hasta Argos. El Coro reprende esta actitud. 

    ¿Quién es tan infantil o tiene una mente tan trastornada
    que se enardece por estos nuevos mensajes de la antorcha,
    solo para llevarse un golpe cuando la historia es al final otra?

    Tras este descubrimiento, se me ocurrió algo…

    Efectivamente, phrenōn kekommenos y flipar tienen una gran similitud semántica: el hecho de ser golpeado o sorprendido por un shock, cierta información, algo que procede del exterior y que es nuevo para quien está flipando; alguien cuya capacidad de razonamiento parece inútil, no sabe cómo reaccionar ni cómo gestionar la información. 

    Tampoco flipemos con la antorchita…
    Que luego no es lo que habíamos pensado y nos da el bajón.

    .

    Segunda parte
    Las Coéforas

    ἐφυμνῆσαι γένοιτό μοι πυκά-
    εντ᾽ ὀλολυγμὸν ἀνδρὸς
    θεινομένου, γυναικός τ᾽
    ὀλλυμένας: τί γὰρ κεύθω φρενὸς οἷον ἔμπας
    ποτᾶται; πάροιθεν δὲ πρῴρας
    δριμὺς ἄηται κραδίας
    θυμὸς ἔγκοτον στύγος.

    Esquilo, Las Coéforas (vv. 386-393)

    Dejadme alzar un grito de júbilo por un hombre, mientras es apuñalado, y por una mujer, mientras perece.
    ¿Y por qué debería ocultar lo que deseo en realidad?
    En la proa de mi corazón
    un agudo espíritu de ira
    —un odio arraigado en lo más profundo—,
    sopla ferozmente. 

    Impresionante.

    Para empezar, veamos quiénes son las coéforas. Son un grupo de mujeres esclavas encargadas de llevar libaciones a la tumba de Agamenón, acompañadas por Electra. Las libaciones son ofrendas líquidas, como vino —normalmente mezclado con agua—, miel, leche… 

    Son las que representan al Coro en esta segunda obra, que al mismo tiempo transmiten los pensamientos y los sentimientos del héroe. Compartían con Orestes, el protagonista de la trilogía, el odio a la corrupta Casa de Argos.

    ¡¡RECAP!! Quería comentar que Agamenón había sacrificado a Ifigenia, es decir, a su hija —¡hermana de Orestes!—, para que tuviera suerte en la guerra de Troya. Como era de esperar este hecho a la Clitem no le sentó nada bien, y fue uno de los motivos por los que mató a su marido; puede que otro fuese que mientras estaba en la guerra le puso los cuernos con Egisto, que por cierto, era sobrino de su primer marido, Tántalo. 

    Este detallito de Ifigenia no se menciona en Las Coéforas, aunque sí en Agamenón. Lo fuerte es que ni siquiera lo recuerdan sus propios hermanos, Orestes y Electra, que se limitan a rabiar por la muerte de su padre y la caída en desgracia de la casa de los Atridas. 

    Orestes regresa a Micenas. Vuelve de la guerra después de muchos años dado por muerto. ¿Qué se encuentra? Su madre ha matado a su padre, la casa está en manos de un random que está liado con su madre… Menudo panorama. Orestes es todo ira. 

    ¿Qué es lo que pretende hacer? Matar a su propia madre, Clitemnestra, y también a su amante Egisto, ambos artífices del asesinato de su padre, Agamenón. 

    Puede que por una parte se justifique la acción del héroe por los designios divinos —Apolo le ha instado en sueños a que vengue a su padre, aunque no necesita un gran empujón de Loxias para cargarse a su madre, precisamente… 

    Se alude constantemente a la Justicia, y que estas muertes deben llevarse a cabo en su nombre—una justicia que Esquilo pretende poner a examen con esta trilogía ante la sociedad griega: ¿Esto del ojo por ojo nos sale a cuenta? ¿No habría que darle una vuelta? #unpoquitodeporfavor En la tercera parte, Las Euménides, hay monólogos que parecen breves pero precisos tratados de filosofía de la justicia. ¡Y todo esto es una obra de teatro!

    Mucho ha llovido desde entonces hasta estos días, días en los que David Mamet sostiene que el drama no está para dar lecciones de moralidad ni para enseñar nada… En casi 2500 años la sociedad ha cambiado un poquito, así que probablemente tenga razón; aunque dudo que aprendas más en Tinder que en el teatro —yo he aprendido mucho en Tinder, pero es que yo aprendo mucho en cualquier sitio [Mi nombre es Bob Esponja y estoy aquí custodiando El Crustáceo Crujiente – VÉASE entrada respecto a los auto-ejercicios de recuperación de la fricativa apicoalveolar sorda [s̺] ]

    Sin embargo, a pesar de la rabia y las ganas de venganza, en lo más hondo de su ser hay algo que le frena. Está sufriendo una tormenta emocional. Ese barco lleno de ira no navega con viento a favor: es una lucha contra lo que Orestes presiente, o más bien, sabe: que sus acciones traerán consecuencias nefastas para él —de nuevo el exilio, y algo peor: demencia. 

    Este dilema es uno de los ejes centrales de la trilogía. 

    Al final de la obra se habla de una tormenta simbólica que desciende sobre la casa. La mente de Orestes empieza a sufrir los efectos de las Furias, y su phrēn (otra vez esa raíz) gira como un torbellino (mente, espíritu, corazón, intelecto ¡Oh! ¿«Frenopatía» no era «enfermedad mental»!? Bien sûr). 

    .

    Tercera parte
    Las Euménides

    Seguramente Esquilo no inventó el positive thinking, pero fue de los primeros en ponerlo en un escenario. 

    Antes de continuar, me gustaría comentar brevemente que el título de esta parte es un guiño, una ironía, ya que a las Furias o Erinias se las llamaba Euménides (Las benévolas), por temor a sus castigos. El coro protagonista en esta parte son precisamente ellas, las Erinias, deidades persecutoras del matricidio, un grupito de lo más encantador. Es espeluznante y magistral cómo las describe (Esquilo, Las Euménides, vv. 46-59).

    Ha sido una gozada leer esta última parte. Como no estoy para comentar en general la obra, aunque mucho se podría decir de ella, y no quiero destriparla demasiado, directamente os dejo un par de versos cercanos en el texto que guardan relación y los comento.


    καὶ μὴ πρόκαμνε τόνδε βουκολούμενος πόνον:
    μολὼν δὲ Παλλάδος ποτὶ πτόλιν […]

    (Esquilo, Las Euménides, vv. 78-79)

    No te canses dándole vueltas a este pesar.

    Esquilo utiliza βουκολούμενος [boukoloumenos], el participio del verbo βουκολεῖν [boukolein]), que significa pastorear, cuidar de un rebaño. Sin embargo, aquí lo que se pastorea no son animales, sino el drama, la paranoia mental, el problema, el agobio… Ese que a veces nos negamos a soltar, a dejar ir, a que se escape… como si fuera una ovejita a la que hay que cuidar, proteger y tener bien vigilada.

    En la traducción de David García Pérez (UNAM, 2021) lo he visto como rumiar, muy acertado, ya que aúna el concepto metafórico y el literal. De hecho, el verso completo lo traduce como «Y no te agobies rumiando este pesar». ¡Cómo no disfrutar de un clásico con traducciones así!

    Unos versos más adelante nos encontramos con más coaching por parte de Apolo a Orestes.

    μέμνησο, μὴ φόβος σε νικάτω φρένας.

    (Esquilo, Las Euménides, vv. 88)

    Recuerda, que el miedo no venza a tu mente.

    Otra vez he ido a dar con la palabrita phrenes… Prometo que no ha sido a posta… Por suerte, he vuelto a descubrir algo interesante.

    En el sigo V a.C., los griegos no creían que el cerebro fuera el único centro del pensamiento. Phrenes se refiere al área del diafragma, pulmones, o el «corazón» del pecho. Esta zona tiene una función psicológica. Debido a que esta parte del cuerpo reacciona a emociones intensas —tu respiración varía si tienes miedo sientes angustia—, los griegos pensaba que era el verdadero hogar de la razón, el espíritu y la emoción.

    Así que, cuando Apolo literalmente le dice «no dejes que el miedo conquiste a tu phrenes», se refiere al estado interno de Orestes —sus pensamientos racionales y su coraje emocional— que los griegos consideraban que estaba en el pecho más que en la cabeza.

    En definitiva, Apolo intenta quitarle las paranoias mentales a Orestes, que deje darle vueltas al dolor, al peso emocional, al calvario que está experimentando, así como darle coraje para afrontar lo que viene por delante. En otras palabras:

    Recuerda, no te dejes vencer por el miedo… Y no te rayes.

    …

  • COMUNIDAD

    12/01/2026

    Ver otro continente desde el bus para ir a uno de mis sitios favoritos es algo que se sale de lo habitual, en términos generales. No he podido evitar que lo sea —un sitio especial— a pesar de que para mí estos viajes tienen un regustillo a peregrinación, o de visita al cementerio… Podría ir en coche, es un trayecto asombroso que he llegado a disfrutar —hay demasiado puto coche.

    Me hace pensar en mi posición actual de persona en el mundo, pequeña, con sus cosas… Me doy cuenta de que ahí enfrente, la Directiva Máquinas, el ideal griego o mi forma de desenvolverme en el mundo son papel mojado. Realmente, no hace falta irse a otro continente. Solo con mirar a la ventana de enfrente, a las parejas de los áticos por encima y por debajo, doblando las sábanas después de diez días de lluvia, pero rápido que nos toca cerveza, y soltar algún «Qué pena de terraza, ¡cómo la tienen!» ocasional. Es un fastidio vivir en comunidad, sobre todo si te gusta que las cosas estén de una determinada manera. A todo el mundo le gustan las cosas de una determinada manera, y hace lo posible para que eso no cambie… Siempre ha sido así.

    …

    Manteniendo el statu quo *.

    Algo que me pone de muy mala hostia es esa frasecita
    que cada vez es más habitual en los muros de las ciudades:
    «Los muralistas no pintamos grafiti».
    ¿No se dan cuenta que si no fuera por el malvado grafiti,
    ellos seguramente no estarían dejando su impronta subvencionada?

    * Statu quo se pronuncia [estátu-kuó] 🤯

    …

    La globalización es una mentira que nos hemos contado, que nos viene bien. No negaré que ver a una chica de Tanzania observando el interior del frigorífico esperando una revelación del Oráculo de Delfos me recuerda lo que nos une, pero hay otros mundos, y justo en el sitio donde resido conviven a diario.

    …

    Todos a una, a la fuerza.

    —¿Dónde quedamos?
    —En los globos.

    .

    Es probable que para la supervivencia en estos tiempos de mierda sea más importante conocer qué les pasa a los venezolanos que saber por qué un sobaco huele más fuerte que el otro. Aprovecho para compartir mi teoría no validada por ningún ente artificial ni humano: las diferentes actividades de los órganos y glándulas producen diversos productos de desecho y toxinas en el organismo, y tendemos a usar un hemisferio cerebral más que el otro (a veces, ni eso). Seguramente sea la axila contraria.

    …

    …

    A mí eso de la supervivencia ya me viene de fábrica, es algo más atávico que social. Así me va. Prefiero curiosear cómo somos, cómo funcionan las cosas, de qué somos capaces para lograr alquimia, hacer magia, y que algo ahí fuera cambie. Y eso también podría ser comunidad. Pero qué difícil…

    …

  • He…

    21/12/2025
    Sugerencia de escritura del día
    ¿En qué momentos eres más feliz?
    Ver todas las respuestas
  • «Moño» is coming

    21/12/2025

    Si te fijas en los detalles, puede que te eches unas risas leyendo esto.


    Voy a cambiar ciertos hábitos. Supongo que estoy cansada de hacer siempre lo mismo, aunque sean cosas aparentemente «buenas», como darse un paseo todos los días. Estoy hasta los cojones de darme paseítos por esta ciudad. Ahora estoy a gusto en el sitio donde vivo — obviando el hecho de que no me puedo duchar sin montar un numerito como si estuviera en un camping, o similar, y sin follar en barcos (referencia la película Animales Heridos: prescindible, en mi opinión), por lo que puedo echar horas aquí sin que me pese (estoy muy entretenida) y sin tener la necesidad de salir a la calle a despejarme —entendiendo despejarse como «hartarse de llorar día sí y día no», entre otras paranoias que me suceden, como pensar que me ha visto cierta persona mientras yo, casualmente, y por un movimiento absolutamente involuntario de mis músculos faciales, concretamente el labio inferior, tengo esta puta cara.

    Así que considero que quedarme en casa, o desde luego reducir mis salidas a una cuarta parte, me va a sentar bien. Sólo han pasado tres días, pero me apetece mucho establecer una nueva rutina que me distancie de la persona que he sido durante el último año y medio.

    También voy a dejar de lado los casos, el Amazon Music, etc.: todas las canciones me las sé de memoria, ya no me sorprenden, y no tengo ganas de escuchar nada nuevo, porque es lo mismo de siempre: todas me llevan al mismo lugar; con todas acabo en el mismo estado mental.

    He recuperado la ambición artística del film noir. Es buena señal, porque significa que estoy más tranquila. Ahora puedo volver a apreciar ese género que hace años fue importante para mí y me conectaba con… ¿con algo afín a mí? No sé si mi situación es mejor que entonces. Quizá tenía ilusión. Sin embargo, en aquella época ya empezaba a notar que las cosas no iban demasiado bien: por ejemplo, cuando decidí no ir a ver a Darren Hayes a Londres en Fin de Año y desperdiciar una entrada de ~100€ (¡del 2007!). Realmente nunca me he arrepentido del todo de no haber ido, porque al cabo de los años he descubierto que, a pesar de ser un gran artista, creo que es un poquito gili… (Entre otras cosas, ¿esa tontería de no tener su colección en Amazon Music a qué se debe?) En cualquier caso, años más tarde volví a Londres, esta vez para ver a Cillian Murphy en Misterman (y, como que intercambiamos unas palabras en los pasillos antes de la representación, pero es que me olvido de las cosas). Total, ya nunca hago nada especial por Navidad.

    Ahora no tengo ilusión, y no me refiero a la Navidad. Como ya he mencionado antes, estoy más contenta conmigo misma, aunque no he conseguido absolutamente nada: solo seguir aquí. (Y no voy a entrar en cuestiones ontológicas).

    Volver a dejarme el pelo largo (recogido) es otro ejemplo de cambio, aunque no se pueda considerar un hábito de comportamiento, pero sí una elección de cómo me presento físicamente, que difiere del aspecto que he tenido durante esta particular odisea. Echaba de menos tener la nuca descubierta. Supongo que eso me define mucho más.

    Puede que el moño ya haya llegado porque esta entrada es muy de estar hasta el moño.

  • 4-0

    16/12/2025

    ¡¡Gracias!! Creo que yo también tengo algo de ese efecto 😂 ¿Te cuento mi secreto? Vivir muy poco a poco, alguna buena crema facial (como no tengo vida social, el dinero de las cervezas me lo gasto en Lancôme), comer casi de nada, y… no sé si lo de follar poco influirá… Se supone que eso iría a la contra, pero a mí me sienta bien 😅

    Ah, sí, y mi dosis de vino tinto diaria.

    Voy a hacer spoiler de algo que quería comentar en mi blog (que al final acabará de esta manera con un copia y pega): Últimamente me ha venido una afirmación o pensamiento… Me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo.

    Creo que, según tu post, te está sucediendo lo mismo.

    Así que…, sí, aguante, esperanza, y agarrarse a las cosas buenas.

    ¡Un gran abrazo de vuelta!

    Jimena
    Solo un pedal
  • Escrito sobre el viento

    12/12/2025

    ¿Os acordáis del vacileo cósmico y de que pasaría algo que traería su espectro de vuelta a mí?

    Pues ahora salgo a la terraza y tengo la calle de nuestra última conversación debajo, «la calle del viento». Cuando me dijeron la dirección del piso que iba a ver, no sabía la localización exacta —sólo pensaba en salir de la otra casa urgentemente; no tenía más opciones y además, me gustó.

    Quizá si tiro unas rosas negras… Necesito unos chutes de Southern Gothic: Written on the wind (1956), para empezar…

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