«Un comienzo titubeante, seguido de un desarrollo serio, con aparente tempo, que sorprende con inquietantes e intermitentes notas, acompañándote a un final que, a pesar de su contundencia, te invita a beber otra copa. El regusto a madera y metal merece una mención especial».
– Con rima y aliteración incluidas (!) ¿Qué ha sido esta vez?
– Había que cruzar fronteras.
– Es bueno explorar otras opciones.
– Ahora toca un reserva.
– Brindaré a tu salud.
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¿Dónde han estado las palabras que pasan por mi boca?
. . .¿Hasta qué punto lo que digo es propio o prestado?
Si solo puedo definir mi mundo con las palabras que conozco, ¿me estaré perdiendo algo importante? Algo para lo que no tengo palabras aún.
¿En qué medida las palabras de otros me definen?
¿Qué voy a ser sin esas palabras? ¿Qué no seré?
Cómo hacerlo a partir de ahora sin nadie que me diga esa boca es mía… -
Buscando quién era un tal Andrew Lyndon, a quien Truman Capote dedicó uno de los mejores cuentos que hay en la antología Cuentos Completos, «Niños en sus cumpleaños», llegué a esta historia del sureño publicada en Esquire en 1975: «La Côte Basque». Pretendía ser la antesala a su esperada obra «Plegarias atendidas», y se desarrollaba íntegramente en un restaurante del mismo nombre. Bueno, ¿quién era Andrew Lyndon? Su amante, hubo cuernos, y ya ni me acuerdo por parte de quién; el caso es que teniendo en cuenta el cariz y el final del cuento de 1948, escrito por Capote con tan solo 24 años, no logré adivinar las intenciones de esa dedicatoria.
Pero ya había encontrado «La Côte Basque», y como necesitaba material del lectura, me puse con ella. Averigüé que como resultado de su publicación, Capote se convertiría en un paria social. Es mordaz, obscena, y no deja títere con cabeza criticando a la socialité de la época. Me cabreé porque habiendo leído otros trabajos suyos, me apenó ver cómo desperdiciaba su talento con este tipo de escritos. Y no es que esté mal escrito, au contraire, pero el genio está al servicio de lo escatológico, lo grosero, e incluso lo macabro.
Exactly. Lovely face. Divine photographed from the bazooms up. But the legs are strictly redwood forest. Absolute tree trunks. Anyway, we met her at the Widmarks’ and she was moving her eyes around and making all these little noises for Walter’s benefit, and I stood it as long as I could, but when I heard Walter say, ‘How old are you, Karen?’ I said: ‘For God’s sake, Walter, why don’t you chop off her legs and read the rings?’
…[…] and while he lay there listening to her dress he reached down to finger (sic) himself, and it felt … it felt … he jumped up and snapped on the light. His whole paraphernalia had felt sticky and strange. As though it were covered with blood. As it was.
Tardé un par de horas largas en leérmela repartidas en dos ratos, con un mueca de desagrado que se me borraba de vez en cuando con alguna carcajada o un gritito callado.
Durante la primera media hora de lectura se me pasó algo por la cabeza: «¿Qué autora había estado investigando yo hace unos años, que me quedé colgando con ella?» No me vino el nombre. Imposible… La única conexión con el texto de Capote era que también la había estado leyendo en su lengua original.
Aprovecho para mencionar que, precisamente en el cuento «Niños en sus cumpleaños», ya encontramos ese tono soez que provocaba un carraspeo en otros personajes:
—Nací en China y me crie en Japón, aléjate de mi lata si no te gusta el melocotón, ¡o-jo, o-jo!
En fin, había dejado aparcado el asunto, seguía leyendo y… cuál es mi sorpresa cuando el narrador en primera persona menciona los tres libros preferidos de una de las protagonistas:
I remember once picking up a copy of what was, after the Bible and The Murder of Roger Ackroyd, Ina’s favorite book, Isak Dinesen’s Out of Africa; from between the pages fell a Polaroid picture of a swimmer standing at water’s edge, a wiry well-constructed man with a hairy chest and a twinkle-grinning tough-Jew face.
¡Isak Dinesen! Inmediatamente, me puse a buscar información. También publicó como Karen Blixen. Ella era ella. Lo que me llamó tantísimo la atención en su día fue Seven Gothic Tales. Y, por supuesto, había mucho material sobre Out of Africa/Memorias de África, novela en la que se basó la famosa película, y pensé al ver algún fotograma qué guapo era Robert Redford. Esto ocurrió la madrugada del lunes al martes.
El martes al medio día ya había terminado, con la conclusión de que lo que se hablaba en La Côte Basque flambearía cualquier plato. Después estuve buscando dónde podría volver a ver la película (Memorias…) online.
Y unas horas más tarde, salta la noticia del fallecimiento del actor Robert Redford. Que descanse en paz. No voy a detenerme en el asunto, no se trata de una entrada dedicada a él —sí, su labor fue encomiable, de eso no hay duda.
No sé por qué tuvo que pasárseme por la cabeza aquel vaguísimo recuerdo sobre unos cuentos que había estado leyendo por encima y que prometían, pero que dejé aparcados. Puede que la figura de esta autora, su idea, estuviera presente en un plano invisible, aproximándose, anticipándose a que su nombre estuviese en boca de muchos en este plano más visible, gracias a su novela. Podría decir que lo atrapé antes de que realmente estuviera ahí.
Después de haber relatado toda la historia, no me parece tan espectacular. ¿Podría considerarse uncanny? Por mi parte, espero que mi próxima pesca en las dimensiones exteriores no acabe en necrológica.
NOTAS AL PIE
Si queremos rizar el rizo, parece ser que el propio Truman Capote comentó sobre la novela: «Es uno de los libros más bellos de todo el siglo XX»». (pág. 23)EXTRAS (foto Costa Vasca) (de flysch a flysch y tiro porque me toca)
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Desde arriba, casi siempre, aunque a veces al mismo nivel de la masa que flota, ella domina su movimiento, ella dirige sus cuerpos y su estado de ánimo.
Las palabras son prácticamente innecesarias — recurre a sonidos divinos, los que solo pueden ser escuchados si son invocados y revelados en sus manos.
Hechiza el espacio y el tiempo, y los manipula a su antojo. La masa vibra, haciéndose eco del único discurso que ella, como representante, proclama.
El espíritu se eleva: almas renacidas, redescubiertas, liberadas, mas prisioneras de la música que ella teje, atrapadas en un trance, en un sueño inducido por ondas sonoras.
Es una médium de aquéllos. Pero aquí, en el mundo de los mortales, es lo más parecido a un líder.
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Ya lo dije en los comentarios. Qué bonito cuando inspiras a alguien en positivo. Creo que eso es de lo mejorcito que te puede pasar en este momentito que es la vida, que puede parecer eterno o efímero, depende a quien preguntes y cuando lo preguntes.
Esto también pasará. -
No éramos Joel y Idabel.
No bastaba con ir llorados de casa, no; ni siquiera podíamos decir que a veces lloramos (pero no se lo digas a nadie). Aunque lo hice, a base de bien, y sin derecho a réplica —a darte un tortazo porque habías visto que era exactamente lo que parecía ser*.
Ya no puedo recordar mi peso sostenido por ti, cuando descendíamos hacía el arroyo, y es como si nunca hubiera ocurrido.
No sé si quiero dejarlo todo atrás; me resisto a abandonar el jardín, porque allí podrías encontrarme, mientras yo me pierdo.
En un sendero nunca transitado, se pueden empezar las cosas de nuevo.
Pero no somos Joel y Idabel.Quiero ser la persona que no necesita ser otra persona para que a ti te interese, para que tú la quieras.
Puede que ya lo sea, aunque no pueda verlo.
Quiero ser la persona que no necesita otra oportunidad, porque la oportunidad se la da ella misma.
Porque me lo merezco.
(*) Si alguien pilla esta referencia, le doy un Sugus (no va a ser todo literatura americana fina).
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La historia termina cuando, mirándose a los ojos, se dicen en silencio: «Te he querido, te he querido y te he deseado. Gracias por haberme habitado. Ahora, ni nos necesitamos ni nos apetecemos. Lo sabemos y lo aceptamos. El árbol más grande nace de una semilla bajo la tierra, pero nuestro origen clandestino brotó del aire, de la cara oculta de la rutina, de lo que pudo ser y fue —durante un suspiro. Nada permanece, hasta el más fuerte de los árboles cae. Adiós, sé feliz. Haré lo posible por olvidarte, y mi castigo será la certeza de que tú harás lo mismo».
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Hoy me ha sonado en la reproducción aleatoria la canción Welcome to the DCC, de Nothing But Thieves, unas siete veces. Eso me da que pensar. ¿Qué dice esta canción que debería atender? Repasando la letra, y aunque sea en efecto una canción sobre un lugar distópico, y sean precisamente esas mensaje lo que el régimen de turno quiera implantar a los habitantes de ese mundo de mierda, en definitiva, se trata de que puedes hacer que algo pase si crees en ello. Y esa teoría, o enfoque astrológico, es lo que justo acabo de descubrir en una web de mano de una chica que me ha fascinado (la chica, y la web). Sólo hace un par de días que di con ella, pero ese cambio de pensamiento, esa práctica mental, parece que, mágicamente, ha atraído a su vez un refuerzo de la propia teoría en forma de letra de canción, aunque, repito, en la canción sea una crítica de un posible lugar distópico (bueno, posible lugar distópico, más bien probable lugar conocido ya) en el que publicitan un lugar mejor a ese, un lugar al alcance de la mano, o más bien, de la mente. (Deconstruyendo porque me sale de ahí).




Ya que podemos pensar lo que nos dé la gana… Mientras intentamos salir de esta lo mejor que podemos, ¿qué hay de malo en pensar en que nos gustaría algo mejor y darle un poco de forma?
Me niego a pensar que esto sólo es un paseo por un río infesto en el que las únicas palabras que lo abarcan todo sean «The horror, the horror».
Más sobre el soñar y crear, en esta entrada anterior.
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Recupero esto de la memoria, ya que lo borré todo hace meses, porque me parecía una bazofia, y no sabía dónde ponerlo (y aún así, en mal lugar lo puse…). Recupero la idea y algunas palabras. Ahora no me parece una bazofia (aunque puede que lo sea) y ahora sí tengo sitio donde meterlo. En cualquier caso, creo que lo he mejorado: estoy mucho más satisfecha con el resultado.
Tres personajes atrapados de forma muy diferente.
Uno
Una vista imponente acompañaba sus desayunos cada mañana. Ella parecía ser parte del bufet —más bien de la decoración. Quería agradarle. Estaba allí para ello. Aun así, cualquier muestra de atención o cuidado eran recibidos con desprecio o desinterés. ¿Por qué la había traído hasta allí?
El Malenka la había dejado en esa isla tres meses atrás, con la promesa de una vida mejor. Durante la travesía, no paraba de repetirse lo afortunada que era: le habían ofrecido renunciar a su broma de vida atrás y empezar una de verdad, una que mereciera la pena. Sin embargo, ese barco era el último sitio en el que se había sentido feliz. Cada vez que tenía la oportunidad, se escapaba al embarcadero y paseaba por la cubierta mientras el mozo se encargaba del mantenimiento. ¿Cuándo podría volver a sentir la brisa su piel, allí donde no se veía, en medio del mar? Y quizás, así, podría volver a soñar con otra vida, y volver a empezar…(flojete)
Dos
—Hoy tengo lío en la oficina. Resérvame a partir de la una —le dijo apoyándose en el quicio de la puerta con los tacones en la mano.
Mientras se alejaba, se replegó contra el cabecero, y se preguntó cómo podría haber sucumbido a esa mujer, precisamente él, que se ganaba la vida visitando camas ajenas como un espíritu carnal al que habían invocado moviendo la yema de los dedos, en una pantalla de móvil. Estrictamente negocios. Se tapó la cara con la almohada para ahogar un inaudible bufido de rabia y deleite… Pero, ¿¡qué hora era!? Debía ir duchándose si no quería encontrarse una vez más con Velma en la cocina, juzgándole en silencio; aunque hacía un café que despertaba a los muertos —negro, con cuerpo, dulzón—, y lo necesitaba.
Y también necesitaba volver esa noche.(se deja leer)
Tres
No sabíamos si se acercaba la mañana o el anochecer, tal era la luz en el cielo. Y la playa nos acogía con su arena húmeda y fría.
—Es curioso, siempre se me olvida si llegamos a ir a ese sitio. ¿Cómo se llamaba?
—Yo tampoco recuerdo si al final lo visitamos. Se llamaba… Estaba en costa este. Vayamos mañana.
—Volvamos mañana…
—Y todo volverá a ser como antes.
—Hace frío. No recordaba este lugar tan…
Las olas, con su efecto sedante, borraba todo recuerdo, bueno y malo, dejando exclusivamente ese preciso momento, para vivirlo allí y entonces.
—¡Buenos días, Arturo! ¡Uy! Esta habitación está helada. ¿Y esta ventana? ¡¿Pero quién ha dejado esto abierto?! ¡Mercedes! La del turno de noche, que está todo el día con el móvil… ¡Me va a oír!(ñoño, pero con sorpresa)


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