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Allí estaba. Como si no hubiera pasado el tiempo, como si le hubiera visto ayer, aunque con otros ojos. Él se percató de su presencia, y tras fruncir momentáneamente el ceño, su mirada reveló una enorme alegría al verla de nuevo, de forma tan inesperada. Sin embargo, cambió el gesto inmediatamente y sintió que se ajustaba de nuevo a su ser, uno que desconocía. Avanzó hacia ella entre los grupitos de artistas, críticos y gente que simplemente tenía mucho dinero y no sabía cómo gastarlo.
—¡Hola! ¿Qué haces aquí?
—Eso me pregunto yo también.
—Me alegro de verte. ¿Has venido sola?
—Con un amigo. —(Pero podría dejarle aquí mismo si tú me pidieras que saliéramos ahora)— ¿Y tú?
En ese momento, apareció una chica atlética y enérgica, guapa, esquiva, con un vestido de cóctel que parecía valer veinte dólares, aunque en realidad costase veinte veces más. Una espectro verde paralizó a Sebas. Au revoir, ravie de t’avoir vu… Y en otra aparición, como sintiéndose retado, Finn vino volando, de un indeterminado lugar, rodeó por la cintura a Dela y espetó:
—Salut! —Y dirigiéndose a Dela, pero solo de palabra, pues sus ojos recorrían de arriba a abajo a aquel hombre sin nombre— ¿Es que no vas a presentarnos?
—No creo que sean necesarias las presentaciones, nosotros ya nos íbamos —dijo aquella presencia verdosa que contaminaba el aire.
—Vaya, vaya, veo que aún estás amaestrándolo. Deberías atarle más en corto.
Dela fulminó a Finn con la mirada, casi por costumbre.
—Siempre he pensando que a estos eventos se venía para comprar, vender (¿o era venderse?). En cualquier caso, hay piezas de la colección privada que nos encanta sacar a pasear de vez en cuando, ¿verdad? ¡Buenas noches!
Sintiéndose molesta por algo, aunque sin saber muy bien por qué, la dueña de Sebas se enderezó en una pose que remarcaba sus músculos, imagen que no aportaba mucha feminidad al conjunto. Él, inmóvil, logró esbozar una sonrisa, y junto con su mirada, pretendió enviar un mensaje: «Lo siento muchísimo. Ojalá nos volvamos a ver, pronto, muy pronto». Volvieron sobre sus talones en un movimiento que bien podría haber sido entrenado, sujetó a Sebas con el otro brazo y se dirigieron a la salida con paso firme, mientras se despedían discretamente de algunos grupos.—Si no me gustaran tanto los rabos, me casaría contigo —e hizo el ademán de hincar la rodilla en el suelo, elevando el vaso como si le ofreciera un anillo de compromiso.
—Me temo que a ti te gustan los rabos por los dos. —Era inevitable que se sintiera retada a diario ante algún comentario soez por parte de su amigo. Aun así, en su fuero interno sabía que era lo más tierno que presenciaría esa noche.
—Casi, querida, casi… —dijo con una obscena mueca en los labios buscando con la mirada el trasero de Sebas que se perdía entre la gente con dirección a la puerta, del brazo de su ama, aún sin el chip puesto.De repente, Dela sintió una necesidad irrefrenable de salir de allí. Puede que necesitara aire fresco, o simplemente volver al mundo real. Lo que sí sabía es que si escuchaba la palabra «Harvard» una vez más, empezaría a gritar como una loca. También sabía que aquel encuentro se convertiría en otro episodio que la acompañaría, que tendría que superar y olvidar. Lo sucedido no podría des-suceder.
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No puedo evitar mirar.

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Podría parecer de cualquier época, pero ese logo de I❤️NY lo delata…
Más sobre los flysch – Y, aquí mismo, en el blog. -
Creo que la astrología es sólo otra forma de explicar esto que estamos haciendo aquí, que no deja de ser una manera de estar entretenido; como se suele decir, choose your poison: religión, astrología, política, deportes… (Este argumento tan bien explicadito me hubiera venido bien hace un año, para no parecer alguien que tiene cosas que ocultar, y no buenas precisamente)
Lilith es un «punto entre la Tierra y el punto más alejado de la órbita lunar alrededor de la misma». El signo en el que cae Lilith en tu carta natal, así como la casa, aportan algo más, y te ayudan a desenvolverte según esta forma de ver la vida. Según la corriente o los atrólogos que sigas, van a adoptar una postura más feminista o sicológica o de otro tipo…
Lilith no tiene un regente oficial, aunque muchos astrólogos sugieren a Escorpio como su reina, dada su asociación con el sexo, la muerte y otros tabúes. Aquí se siente en casa, bendiciéndote con amplificados poderes de seducción, vista para los negocios y conexión psíquica. (Original)
Podría hablar del primer poder… pero mejor no. Del segundo, matizaría que no es vista para los negocios; es más bien estar pendiente de un montón de cosas, de ver los fallos, y saber elegir, pero de negocios, nanay. Y lo último, sí, es cierto, y desarrollándose cada vez más.
Respecto a las implicaciones de tenerla en casa 11, me resuenan sólo algunas cosas, como siempre: gran dificultad para encajar dentro de los grupos sociales —sí, soy peculiar. Y no me valoro lo suficiente, por tanto vibro de tal manera que atraigo situaciones que demuestran que no lo soy. Lo que puede aportar un enfoque más psicológico de la astrología son afirmaciones que una persona con la Luna Negra en casa 11 podría repetirse para ayudarla efectivamente en el día a día, en su vida real, y no quedarse en una lectura de cómo eres (¡ya sabemos cómo somos! Aunque a veces que te lo digan puede ser útil).
Aunque sea diferente, soy suficiente, y tan valiosa como los demás.
En mis relaciones, permanezco fiel a mí misma y promuevo la autenticidad en los otros. Mis conexiones sociales se basan en la confianza, honestidad y respeto mutuo.
Atraigo a personas que aprecian mi genuina naturaleza y que, a cambio, muestran su verdadero ser. (Original)
Quién no querría tener en todo lo alto a alguien como la Lilith de la canción de Mastodonte, saber que te habita, que te fortalece, que eres capaz de todo, y que encima puedes inspirar a los demás. Lilith – Mastodonte

Ese texto es de nov. ’24. No tendría que haberlo compartido entonces. Malos entendidos. O estaba haciendo experimentos y poniendo a prueba. O simplemente me estaba reafirmando, coño. Ahora lo recupero sintiéndome más fuerte, añadiendo la firmante.
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Gotham. Mansión Wayne. Las 00:20. Alfred en la puerta de la cueva, con el cepillo, la fregona, el Cillit Bang, algunas bayetas y plumeros, y un montón de cepillos con unas formas rarísimas.
— Señor Wayne. No puedo retrasarlo más. No debemos retrasarlo más.
— ¡Pero es que estoy en medio de una partida! ¡Les estoy crujiendo! ¿No podemos dejarlo para mañana?
— Insisto señor; es absolutamente necesario. Mañana me lo agradecerá.
— Y ahora, ¿qué hago?
— Le sugiero que se dé una vuelta en el Lamborghini, señor. Una rodada de vez en cuando…
— Ya… Bueno, me iré al 24/7 (o al restaurante del hotel que compré antes de ayer) a pillarme helado de After Eight.
— ¿Menta y chocolate, señor? Pensaba en algo más umami…
— ¿Umami? Pero, ¿a ti qué te pasa, Alfred?
Bruce deja la mansión atrás, y por el retrovisor observa una bandada de murciélagos abandonando su guarida.
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Porque hay algo dentro de mí que no quiere morirse, que quiere experimentar, salir ahí fuera, manifestarse; algo que me grita, que me empuja, que no me deja en paz; algo que siente que tiene pleno derecho de existencia a pesar de haberse sentido abrumado y perseguido y puteado.
Ni la vida ni el mundo es blanco o negro, todo es gris con algunas pinceladas (o explosiones, aunque de esas no he visto muchas) de color. A mí me gustan las cosas bonitas, pero lo que más me gusta son las cosas de verdad. -
Llevo ya casi un mes sin ver la TV (i.e.: películas o series, que es lo que veía). En la mayoría de los servicios de streaming apenas termina una película ya te están sugiriendo que empieces otra, sin darte unos segundos —ya no digo minutos, para que aprehendas lo que acababas de ver. Eso me molesta. Nos lo meten todo con calzador, sin hacer la digestión, sin reflexión. De hecho, en la última con la que me pasó, una clave importante de la historia aparecía en los últimos segundos, y estaba tapada por los banners con las otras películas sugeridas (era Una obra maestra, está en Prime Video).
Está en cierta manera relacionado con lo que leía en este post de La Frikitiva. El “YA, YA, YA” que nos está rodeando, y por el que algunos ya gritan “AY, AY, AY”.
Porque cada chat es una promesa o una expectativa que no se cumple. Y si se cumple, igual tampoco era para tanto.
Añado otra cita de su último post, más acorde:
Cada notificación, cada vibración fantasma en el bolsillo, cada “solo un capítulo más” en Netflix está diseñado para tenerte enganchado.
En mi caso, no tengo ese problema, pero reconozco que si vives en esta dimensión, estás expuesto en mayor o menor medida.
Y hablando de títulos de crédito, con la lectura de Acción de gracias, es inevitable pensar en la muerte. Bueno, llevo mucho tiempo pensando en ella. Forman parte inalienable de mi personalidad explorar, saber, investigar, observar… Y pensaba que cuando me muera, en el momento en que deje de tener conciencia en este plano, no voy a estar ahí para mirar qué le pasará a mi cuerpo. No voy a poder acompañar ese proceso, la bata de científica se la tendrán que colgar otros. Y en ese momento, recuperé una idea que ya había considerado, pero que no sé por qué no llegó a cristalizar (y si lo hizo, no me acuerdo) —supongo que no estaba preparada para palmarla. En cuanto esté establecida administrativamente de nuevo, me pondré en contacto con la Universidad para donar mi cuerpo. Si yo no voy a poder enterarme de nada más, que al menos sirva de guía o de ayuda para que alguien investigue y aprenda.
Me gustaría hacer un par de cosas antes, todo sea dicho…
(Imagen destacada: Un cuadro del despacho de Pearl Foster en La Maison [appleTV])
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A girl and a boy caught unawares, excitedly imagining what might happen — becoming adults—, waiting for him to unravel what was in the dark.
…
With a silent summoning to the depths of her soul and maturity, inadvertently, effortlessly, he slowly pulled out the woman and the man in her. Was it deliberate, though? It was painful, for sure. And, suddently, it was all her issue, a single parent of sorts.
…
Now both play hide-and-seek in her gaze, either of whom he’s willing to look at.
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Recuerdo la emoción que sentí la primera vez que salí de ese supermercado al anochecer, al ver el cielo cubierto de rosa y tenues rastros amarillos. Hay pocas imágenes capaces de reconfortarme de esa manera. Ésta suele apoyarse en una sensación ambiental específica, una que te indica que el calor del día se ha doblegado, es un anuncio de «alto el fuego» —de duración indeterminada—, tras el que se establecerán los términos de la tregua, y se dará permiso a que llegue la noche. Observarlo un año después en otro establecimiento de la misma cadena —en otras coordenadas; el detallito del paraguas a lo Mary Poppins no es casual… Continuará—me recordó que, con más o menos matices, todo se repite.
Estoy leyendo Acción de Gracias por segunda vez, justo un año después. Y no a propósito; de hecho, ese libro pensaba regalarlo porque, para qué leerlo otra vez. Ni siquiera tenía claro cuándo había sido, tuve que mirar la fecha de compra de Amazon —días convulsos aquellos, no me extraña que me lo leyera como por encima, aunque de algunas cosas me acuerdo. Esta segunda lectura está siendo más concienzuda que aquella; en cualquier caso, siempre somos otros quienes volvemos a leer los mismos libros. Después de leer un par de bolsillo de novela negra española (apenas me duraron 48 horas cada uno; llevo tres semanas sin ver la TV, otro de los cambios recientes) necesitaba algo más contundente, y Richard Ford es bastante contundente. Me está entreteniendo y me está haciendo pensar, más de lo que me gustaría, pero aun así…
— ¿Qué has aprendido siendo agente inmobiliario?
— Tiendo a no fiarme de la gente, en cualquier cosa. Y con eso hago que la gente se comporte con total libertad. Si se confía de manera innecesaria en la gente, todo el mundo incurre en cierta obligación. No juzgar es mucho más fácil. Cuando no pensaba que aquel tío fuera a volver [uno que le había prometido volver con un cheque como señal para la compra de una casa], no es que no creyera en la verdad de sus palabras. Sencillamente me niego a hacer que la gente cargue con una responsabilidad añadida porque esté poco segura de sus intenciones. Necesitar que le crean a uno es una carga demasiado grande.Ya tengo el rabillo del ojo puesto en el debut de Capote, que no es que empezara muy light, precisamente…
Edit: Resulta que a Acción de Gracias ya lo había paseado por estas latitud y longitud (φ y λ), durante mi primera lectura. Ni me acordaba. Ha sido al llegar a una parte específica del libro, ya en el último tercio, cuando me he recordado deteniéndome el en los mismos párrafos que hoy. El recuerdo es algo extraño.

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